viernes, 1 de abril de 2016

EVANGELIO SEGÚN JUAN, Intro

INTRODUCCIÓN
El Evangelio según Juan (=Jn), comparado con los otros tres evangelios, aparece con rasgos literarios y teológicos muy definidos. Desde el principio nos presenta a Jesús como la Palabra divina, el Hijo único de Dios enviado por el Padre a dar a los hombres la luz y la vida. 

Esta revelación se va realizando paso a paso: comienza con el testimonio de Juan el Bautista, y se va perfeccionando en el encuentro personal con Jesús, en sus actos poderosos (que este evangelio llama “señales milagrosas”) realizados por encargo del Padre, y en sus palabras, pronunciadas ante diversos públicos, en las cuales él revela claramente su origen, su verdadero ser y su misión salvadora.

Confrontados los hombres con esta revelación, van acentuándose cada vez más dos actitudes opuestas: la de quienes aceptan a Jesús, el Hijo de Dios, y creen en él, y la de quienes le rechazan. A los que creen en él, Jesús les ofrece la vida eterna, dada por Dios no solo al final de los tiempos, sino aquí y ahora. Los que le rechazan atraen sobre sí mismos, también aquí y ahora, la pérdida de la vida eterna. Estos últimos aparecen personificados en los dirigentes del pueblo judío, que rechazan a Jesús como el enviado de Dios, y decretan su muerte. Pero para él, esta es la manera de llevar a término su misión y volver al Padre. Antes de su regreso, Jesús instruye especialmente a sus discípulos y les promete el envío del Espíritu Santo. Su muerte en la cruz es su exaltación suprema y su resurrección es el triunfo de la vida sobre la muerte. Jesús resucitado comunica el Espíritu a sus discípulos.

Este evangelio nos presenta la actividad pública, la pasión y la resurrección de Jesús de manera muy propia. Por ejemplo, hace mención de tres Pascuas (Jn 2.23; 6.4; 13.1), mientras que los sinópticos solo mencionan una (Mt 26.17 y paralelos). De los muchos milagros que Jesús realizó, este evangelio solo narra siete, muy significativos para el mensaje que comunica. Es notable también la diferencia que ofrecen los discursos de Jesús en el cuarto evangelio, si los comparamos con los de los sinópticos. El Evangelio según Juan, no pretende simplemente completar o precisar el contenido de los otros tres, sino que presenta al lector una imagen de Jesús y de su historia en la que aparece con toda claridad su profundo sentido, y trata de que el lector se sienta movido poderosamente a reafirmar su fe en Jesucristo.

Uno de los métodos utilizados por este evangelio para lograr el fin que se propone, es el simbolismo. Mucho más claramente que en los sinópticos, se percibe un lenguaje que, partiendo de las cosas de este mundo, lleva al lector a las realidades del ámbito divino. El vino que Jesús da en Caná (Jn 2.1-11) es símbolo de los bienes mesiánicos que él trae a la humanidad. El agua que ofrece a la samaritana (4.1-42) no es un elemento físico, sino el agua de la vida eterna, comunicada por el Espíritu. El pan que Jesús reparte (6.1-59) es mucho más que pan material; es Jesús mismo, el pan bajado del cielo, que da la vida al mundo. Si Jesús da la vista a un ciego (9.1-41), es para mostrar que él es la luz del mundo. Al resucitar a Lázaro (11.1-44), se revela como la resurrección y la vida. El ser levantado en la cruz es símbolo de su exaltación y glorificación, para salvación de todos (cf. 3.13-15; 8.28; 12.32). Este notable carácter simbólico del cuarto evangelio vertebra el conjunto de los relatos que incluye y de las propias palabras de Jesús.

En Juan pueden distinguirse dos grandes secciones:

I. Caps. 1–12: El Hijo de Dios viene al mundo para comunicar la vida eterna a los que creen; Jesús se revela con hechos y palabras. Se manifiestan dos actitudes frente a Jesús: aceptación y rechazo.

II. Caps. 13–21: Jesús da una instrucción especial a sus discípulos y regresa al Padre pasando por la muerte y la resurrección.

El cuarto evangelio menciona en varios lugares a un discípulo “al que Jesús quería mucho” (Jn 13.23; 19.26-27,35; 20.2-10; 21.20-24). En ninguna parte se dice su nombre. Desde el siglo II, dicho discípulo se ha venido identificando con el apóstol Juan, hijo de Zebedeo.

Más importante, sin embargo, que la identificación del discípulo cuyo nombre se calla de manera intencionada, es el mensaje que el evangelio comunica: una reflexión profunda y claramente centrada en la persona de Jesús y su relación con el Padre, lo mismo que en su obra salvadora. Tal reflexión plantea a toda persona la urgencia de dar una respuesta de fe a la iniciativa del amor de Dios.

Es opinión generalmente aceptada que el cuarto evangelio fue redactado después de los evangelios sinópticos, a fines del siglo I. Puede pensarse que Juan representa el resultado de una larga reflexión y transmisión del mensaje de salvación en comunidades que tuvieron que sostener duros enfrentamientos con grupos judíos.

El desarrollo del contenido de este evangelio ha sido tratado de diversas maneras. El siguiente esquema puede ayudar al lector a descubrir las principales secciones de que consta.

I. La revelación de Dios en Jesucristo (1–12)

Prólogo (1.1-18)

1. La revelación del Hijo de Dios (1.19–3.36)

2. Diversidad de actitudes frente a Jesús (4–6)

3. Jesús, rechazado por su propio pueblo (7–12)


II. Jesús regresa al Padre (13–21)

1. La última cena (13–17)

2. Pasión y muerte (18–19)

3. ¡Jesús ha resucitado! (20–21)
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