domingo, 30 de junio de 2013

¿Qué es la Ética Cristiana?

Respuesta: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene” (Colosenses 3:1-6).
Aunque mucho más que una lista de mandatos positivos y negativos, la Biblia nos da instrucciones detalladas sobre cómo vivir como debería el cristiano. La Biblia es todo lo que necesitamos para saber cómo vivir la vida cristiana. Sin embargo, la Biblia no trata explícitamente cada situación que podamos enfrentar en nuestras vidas. ¿Cómo, entonces, es suficiente? Esto es el por qué de la ética cristiana. 

La ciencia define la ética como, “una colección de principios morales, el estudio de la moralidad.” Por lo tanto, la Ética Cristiana consiste de los principios, derivados de la fe cristiana, por los cuales actuamos. Mientras la Palabra de Dios no trata cada situación que podamos enfrentar a través de nuestras vidas, sus principios nos dan un estándar por el cual debiéramos conducirnos en tales situaciones donde no hay instrucciones explícitas. Por ejemplo, la Biblia no dice nada explícitamente del uso de las drogas ilegales, pero basado en principios que aprendemos a través de las Escrituras, podemos saber que esto es malo.

Por un lado, la Biblia nos dice que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo y que debiéramos honrar a Dios a través de ello (1 Corintios 6:19-20). Sabiendo lo que estas drogas hacen a nuestros cuerpos - el daño que causan a varios órganos - sabemos que al usarlos estaríamos destruyendo el templo del Espíritu Santo. Esto seguramente no honra a Dios. La Biblia dice también que debiéramos someternos a las autoridades que Dios Mismo ha puesto sobre nosotros (Romanos 13:1). Ya que estas drogas son ilegales, al usarlas, no estamos sometiéndonos a las autoridades, sino rebelándonos contra ellos. ¿Significa esto que si estas drogas ilegales fuesen legalizadas entonces estaría bien usarlas? No sin violar el primer principio.

Por usar los principios que encontramos en las Escrituras, los cristianos pueden determinar el camino que debieran seguir en cada situación. En algunos casos será fácil, como los reglamentos para la vida cristiana que encontramos en Colosenses, el capítulo 3. En otros casos, sin embargo, necesitaremos estudiar la situación con más profundidad. La manera absolutamente mejor para hacer esto es el orar sobre lo que dice la Palabra de Dios. El Espíritu Santo mora en cada creyente, y uno de Sus papeles es enseñarnos cómo vivir: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26). “Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él” (1 Juan 2:27). Entonces cuando oramos sobre las Escrituras, el Espíritu nos guía y nos enseña. Él nos indicará el principio sobre el cual necesitamos basar nuestra decisión en cada situación dada.

Mientras la Palabra de Dios no trata toda situación que podamos enfrentar en nuestras vidas, es suficiente para llevar una vida cristiana. En la mayoría de los casos, podemos ver lo que dice la Biblia y seguir el camino apropiado basado en ello. En los casos donde la Escritura no nos da instrucciones explícitas para una situación dada, necesitamos encontrar el principio tras de ella. Otra vez, en algunos casos, será fácil. La mayoría de los principios que usan los cristianos son suficientes para la mayoría de los casos. En el caso raro donde no hay ni una Escritura explícita como tampoco un principio aparentemente claro, necesitamos confiar en Dios. Debemos orar sobre Su Palabra y abrirnos a Su Espíritu. El Espíritu nos enseñará y nos guiará a través de la Biblia para encontrar el principio sobre el cual necesitamos afirmarnos para poder andar y vivir tal como lo debería hacer un cristiano.



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sábado, 29 de junio de 2013

JESÚS EN JERUSALÉN: SEMANA DE LA PASIÓN (25.1--28.20) Parte II Estudio Biblíco 29/06/2013

Mateo
Parábola de las diez vírgenes
25 »Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que, tomando sus lámparas, salieron a recibir al novio.a Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; pero las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Como el novio tardaba, cabecearon todas y se durmieron. Y a la medianoche se oyó un clamor: “¡Aquí viene el novio, salid a recibirlo!” Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan”. Pero las prudentes respondieron diciendo: “Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden y comprad para vosotras mismas”. 10 Pero mientras ellas iban a comprar, llegó el novio; y las que estaban preparadas entraron con él a la boda,by se cerró la puerta. 11 Después llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “¡Señor, señor, ábrenos!”. 12 Pero él, respondiendo, dijo: “De cierto os digo que no os conozco”.c13 Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir.d
Parábola de los talentos
14 »El reino de los cielos es como un hombre que, yéndose lejos, llamó a sus siervose y les entregó sus bienes. 15 A uno dio cinco talentos,f a otro dos y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. 16 El que recibió cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. 17 Asimismo el que recibió dos, ganó también otros dos. 18 Pero el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
19 »Después de mucho tiempo regresó el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos. 20 Se acercó el que había recibido cinco talentos y trajo otros cinco talentos, diciendo: “Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos”. 21 Su señor le dijo: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré.g Entra en el gozo de tu señor”. 22 Se acercó también el que había recibido dos talentos y dijo: “Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos”. 23 Su señor le dijo: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor”. 24 Pero acercándose también el que había recibido un talento, dijo: “Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; 25 por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo”. 26 Respondiendo su señor, le dijo: “Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí. 27 Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros y, al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. 28 Quitadle, pues, el talento y dadlo al que tiene diez talentos, 29 porque al que tiene, le será dado y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.h 30 Y al siervo inútil echadlo en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”.i
El juicio de las naciones
31 »Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria y todos los santos ángeles con él,j entonces se sentará en su trono de gloria,k 32 y serán reunidas delante de él todas las naciones; entonces apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. 33 Y pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda.l 34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo, 35 porque tuve hambre y me disteis de comer;m tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis; 36 estuve desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y fuisteis a verme”. 37 Entonces los justos le responderán diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? 38 ¿Y cuándo te vimos forastero y te recogimos, o desnudo y te vestimos? 39 ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?”. 40 Respondiendo el Rey, les dirá: “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.n
41 »Entonces dirá también a los de la izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles,ñ 42 porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43 fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis”. 44 Entonces también ellos le responderán diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te servimos?”. 45 Entonces les responderá diciendo: “De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis”.o 46 Irán estos al castigo eterno y los justos a la vida eterna.p
El complot contra Jesús
26 Cuando acabó Jesús todas estas palabras,a dijo a sus discípulos: «Sabéis que dentro de dos días se celebra la Pascua,b y el Hijo del hombre será entregado para ser crucificado».
Entonces los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote, llamado Caifás,c y se confabularon para prender con engaño a Jesús, y matarlo. Pero decían: «No durante la fiesta, para que no se haga alboroto en el pueblo».d
Jesús es ungido en Betaniae
Estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso,f se le acercó una mujer con un vaso de alabastrog de perfume muy costoso, y lo derramó sobre la cabeza de él, que estaba sentado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se enojaron y dijeron:
--¿Para qué este desperdicio?, pues esto podía haberse vendido a buen precio y haberse dado a los pobres.
10 Al darse cuenta Jesús, les dijo:
--¿Por qué molestáis a esta mujer? Lo que ha hecho conmigo es una buena obra, 11 porque siempre tendréis pobres con vosotros,h pero a mí no siempre me tendréis, 12 pues al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura.i 13 De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que esta ha hecho, para memoria de ella.
Judas ofrece entregar a Jesús
14 Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes 15 y les dijo: «¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré?
Ellos le asignaron treinta piezas de plata».j 16 Desde entonces buscaba oportunidad para entregarlo.
La Cena del Señor
17 El primer día de la fiesta de los Panes sin levadura,k se acercaron los discípulos a Jesús, diciéndole:
--¿Dónde quieres que preparemos para que comas la Pascua?
18 Él dijo:
--Id a la ciudad, a cierto hombre, y decidle: “El Maestro dice: ‘Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la Pascua con mis discípulos’ ”.l
19 Los discípulos hicieron como Jesús les mandó y prepararon la Pascua.m
20 Cuando cayó la noche se sentó a la mesan con los doce. 21 Y mientras comían, dijo:
--De cierto os digo que uno de vosotros me va a entregar.
22 Entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a preguntarle:
--¿Soy yo, Señor?
23 Entonces él, respondiendo, dijo:
--El que mete la mano conmigo en el plato, ese me va a entregar.ñ 24 A la verdad el Hijo del hombre va, tal como está escrito de él, pero ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.
25 Entonces, respondiendo Judas, el que lo iba a entregar, dijo:
--¿Soy yo, Maestro?
Le dijo:
--Tú lo has dicho.
26 Mientras comían, tomó Jesús el pan, lo bendijo, lo partió y dio a sus discípulos, diciendo:
--Tomad, comed; esto es mi cuerpo.o
27 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo:
--Bebed de ella todos, 28 porque esto es mi sangre del nuevo pactop que por muchos es derramada para perdón de los pecados.q 29 Os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.r
Jesús anuncia la negación de Pedro
30 Después de haber cantado el himno,s salieron al Monte de los Olivos. 31 Entonces Jesús les dijo:
--Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche, pues escrito está: “Heriré al pastor y las ovejas del rebaño serán dispersadas”.t 32 Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.u
33 Respondiendo Pedro, le dijo:
--Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.
34 Jesús le dijo:
--De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante,v me negarás tres veces.
35 Pedro le dijo:
--Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.
Y todos los discípulos dijeron lo mismo.
Jesús ora en Getsemaní
36 Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní,w y dijo a sus discípulos:
--Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro.
37 Y tomando a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo,x comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. 38 Entonces Jesús les dijo:
--Mi alma está muy triste, hasta la muerte;y quedaos aquí y velad conmigo.
39 Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: «Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa;z pero no sea como yo quiero, sino como tú».
40 Volvió luego a sus discípulos y los halló durmiendo, y dijo a Pedro:
--¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? 41 Velad y orad para que no entréis en tentación;a el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.
42 Otra vez fue y oró por segunda vez, diciendo: «Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad».
43 Volvió otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. 44 Y dejándolos, se fue de nuevo y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras.45 Entonces se acercó a sus discípulos y les dijo:
--¡Dormid ya y descansad!b Ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores. 46 ¡Levantaos, vamos! Ved, se acerca el que me entrega.
Arresto de Jesús
47 Aún estaba él hablando cuando llegó Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo.48 Y el que lo entregaba les había dado señal, diciendo: «Al que yo bese, ese es; prendedlo». 49 En seguida se acercó a Jesús y dijo:
--¡Salve, Maestro!
Y lo besó.c 50 Jesús le dijo:
--Amigo, ¿a qué vienes?d
Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y lo prendieron. 51 Pero uno de los que estaban con Jesús, echando mano de su espada, hirió a un siervo del Sumo sacerdote y le quitó la oreja. 52 Entonces Jesús le dijo:
--Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. 53 ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legionese de ángeles? 54 ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?
55 En aquella hora dijo Jesús a la gente:
--¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el Templo,f y no me prendisteis. 56 Pero todo esto sucede para que se cumplan las Escrituras de los profetas.
Entonces todos los discípulos, dejándolo, huyeron.
Jesús ante el Concilio
57 Los que prendieron a Jesús lo llevaron al sumo sacerdote Caifás,g adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos. 58 Pero Pedro lo siguió de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los guardias para ver el fin. 59 Los principales sacerdotes, los ancianos y todo el Concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús para entregarlo a la muerte, 60 pero no lo hallaron, aunque se presentaron muchos testigos falsos. Pero al fin vinieron dos testigos falsos,h 61 que dijeron:
--Este dijo: “Puedo derribar el Templo de Dios y en tres días reedificarlo”.i
62 Se levantó el Sumo sacerdote y le preguntó:
--¿No respondes nada? ¿Qué testifican estos contra ti?j
63 Pero Jesús callaba.k Entonces el Sumo sacerdote le dijo:
--Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.
64 Jesús le dijo:
--Tú lo has dicho.l Y además os digo que desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios y viniendo en las nubes del cielo.m
65 Entonces el Sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:
--¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? Ahora mismo habéis oído su blasfemia. 66 ¿Qué os parece?
Y respondiendo ellos, dijeron:
--¡Es reo de muerte!n
67 Entonces lo escupieron en el rostro y le dieron puñetazos; y otros lo abofeteaban,ñ 68 diciendo:
--Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó.
Pedro niega a Jesús
69 Estando Pedro sentado fuera, en el patio, se le acercó una criada y le dijo:
--Tú también estabas con Jesús, el galileo.
70 Pero él negó delante de todos, diciendo:
--No sé lo que dices.
71 Saliendo él a la puerta, lo vio otra y dijo a los que estaban allí:
--También este estaba con Jesús, el nazareno.
72 Pero él negó otra vez con juramento:
--¡No conozco al hombre!
73 Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro:
--Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre.
74 Entonces él comenzó a maldecir y a jurar:o
--¡No conozco al hombre!
Y en seguida cantó el gallo. 75 Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: «Antes que cante el gallo, me negarás tres veces».p Y saliendo fuera, lloró amargamente.
Jesús ante Pilato
27
Cuando llegó la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo dispusieron contra Jesús un plana para entregarlo a muerte. Lo llevaron atado y lo entregaron a Poncio Pilato,b el gobernador.
Muerte de Judas
Entonces Judas, el que lo había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos,c diciendo:
--Yo he pecado entregando sangre inocente.
Pero ellos dijeron:
--¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!
Entonces, arrojando las piezas de plata en el Templo, salió, y fue y se ahorcó. Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron:
--No está permitido echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre.
Y, después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros. Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: «Campo de sangre».Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: «Tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel, 10 y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor».d
Pilato interroga a Jesús
11 Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador; y este le preguntó, diciendo:
--¿Eres tú el Rey de los judíos?
Jesús le dijo:
--Tú lo dices.e
12 Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió. 13 Pilato entonces le dijo:
--¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?
14 Pero Jesús no le respondió ni una palabra,f de tal manera que el gobernador estaba muy asombrado.
Jesús es sentenciado a muerte
15 Ahora bien, en el día de la fiestag acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisieran. 16 Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás.h17 Reunidos, pues, ellos, les preguntó Pilato:
--¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo?
18 (porque sabía que por envidia lo habían entregado). 19 Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:
--No tengas nada que ver con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por causa de él.
20 Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitudi que pidiera a Barrabás y que se diera muerte a Jesús. 21 Respondiendo el gobernador, les dijo:
--¿A cuál de los dos queréis que os suelte?
Y ellos dijeron:
--A Barrabás.
22 Pilato les preguntó:
--¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?
Todos le dijeron:
--¡Sea crucificado!
23 El gobernador les dijo:
--Pues ¿qué mal ha hecho?
Pero ellos gritaban aún más, diciendo:
--¡Sea crucificado!
24 Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manosj delante del pueblo, diciendo:
--Inocente soy yo de la sangre de este justo.k Allá vosotros.
25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo:
--Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos.
26 Entonces les soltó a Barrabás, y habiendo azotado a Jesús, lo entregó para ser crucificado.l
27 Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretoriom y reunieron alrededor de él a toda la compañía. 28 Lo desnudaron y le echaron encima un manto escarlata;n29 pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas,ñ y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, se burlaban, diciendo:
--¡Salve, rey de los judíos!
30 Le escupían, y tomando la caña lo golpeaban en la cabeza.o 31 Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos y lo llevaron para crucificarle.p
Crucifixión y muerte de Jesúsq
32 Al salir hallaron a un hombre de Cirener que se llamaba Simón; a este obligaron a que llevara la cruz. 33 Cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota,s (que significa: «Lugar de la Calavera»), 34 le dieron a beber vinagre mezclado con hiel;t pero, después de haberlo probado, no quiso beberlo.
35 Cuando lo hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliera lo dicho por el profeta: «Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes».u 36 Y sentados lo custodiaban allí. 37 Pusieron sobre su cabeza su causa escrita: «Este es Jesús, el rey de los judíos».v
38 Entonces crucificaron con él a dos ladrones,w uno a la derecha y otro a la izquierda. 39 Los que pasaban lo insultaban meneando la cabezax 40 y diciendo: «Tú, el que derribas el Templo y en tres días lo reedificas,y sálvate a ti mismo. Si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz».z
41 De esta manera también los principales sacerdotes, junto con los escribas, los fariseos y los ancianos, se burlaban de él y decían: 42 «A otros salvó, pero a sí mismo no se puede salvar. Si es el Rey de Israel, que descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. 43 Confió en Dios; líbrelo ahora si le quiere,a porque ha dicho: “Soy Hijo de Dios”».b
44 Del mismo modo lo insultaban los ladrones que habían sido crucificados con él.
Muerte de Jesús
45 Desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.c 46 Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: «Elí, Elí, ¿lama sabactani?» (que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?»).d
47 Algunos de los que estaban allí decían al oírlo:
--A Elías llama este.e
48 Al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, la empapó de vinagre, la puso en una caña y le dio a beber.f
49 Pero los otros decían:
--Deja, veamos si viene Elías a librarlo.
50 Pero Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.
51 Entonces el velog del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se partieron, 52 los sepulcros se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; 53 y después que él resucitó, salieron de los sepulcros, entraron en la santa ciudad y aparecieron a muchos. 54 El centurión y los que estaban con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que habían sido hechas, llenos de miedo dijeron: «Verdaderamente este era Hijo de Dios».
55 Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndolo.h 56 Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.i
Jesús es sepultado
57 Cuando cayó la noche,j llegó un hombre rico, de Arimatea,k llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. 58 Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diera el cuerpo. 59 Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia 60 y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.l 61 Estaban allí María Magdalena y la otra María,m sentadas delante del sepulcro.
La guardia ante la tumba
62 Al día siguiente, que es después de la preparación,n se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato 63 y le dijeron:
--Señor, nos acordamos que aquel mentiroso, estando en vida, dijo: “Después de tres días resucitaré”.ñ 64 Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos de noche, lo hurten y digan al pueblo: “Resucitó de entre los muertos”. Y será el último engaño peor que el primero.
65 Pilato les dijo:
--Ahí tenéis una guardia;o id, aseguradlo como sabéis.
66 Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.
La resurrección
28
Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro.a De pronto hubo un gran terremoto, porque un ángel del Señor descendió del cielo y, acercándose, removió la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. De miedo de él, los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Pero el ángel dijo a las mujeres: «No temáis vosotras, porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo.b Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos y va delante de vosotros a Galilea;callí lo veréis. Ya os lo he dicho».
Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos,d Jesús les salió al encuentro, diciendo:
--¡Salve!
Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies y lo adoraron.
10 Entonces Jesús les dijo:
--No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos,e para que vayan a Galilea, y allí me verán.
El informe de la guardia
11 Mientras ellas iban, unos de la guardia fueron a la ciudad y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. 12 Estos se reunieron con los ancianos y, después de ponerse de acuerdo, dieron mucho dinero a los soldados, 13 diciéndoles: «Decid vosotros: “Sus discípulos llegaron de noche y lo hurtaron mientras nosotros estábamos dormidos”. 14 Y si esto lo oye el gobernador,f nosotros lo persuadiremos y os pondremos a salvo».
15 Ellos tomaron el dinero e hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.g
La gran comisión
16 Pero los once discípulos se fueron a Galilea,h al monte donde Jesús les había ordenado. 17 Cuando lo vieron, lo adoraron, aunque algunos dudaban.i 18 Jesús se acercó y les habló diciendo: «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.j 19 Por tanto, id y haced discípulosk a todas las naciones, bautizándolos en el nombre dell Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, 20 y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».
Amén.m


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