viernes, 26 de febrero de 2016

MINISTERIO DE JESÚS EN DIVERSAS REGIONES (14.1--20.34) Estudio Biblíco

MATEO

Muerte de Juan el Bautista
(Mc 6.14-29; Lc 9.7-9)

14 1 En aquel tiempo Herodes,a el tetrarca, oyó la fama de Jesús, 2 y dijo a sus criados: «Este es Juan el Bautista; ha resucitado de los muertos y por eso actúan en él estos poderes».3 Herodes había prendido a Juan, lo había encadenado y metido en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de su hermano Felipe,b 4 porque Juan le decía: «No te está permitido tenerla».c,d 5 Y Herodes quería matarlo, pero temía al pueblo, porque tenían a Juan por profeta. 

6 Pero cuando se celebraba el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medioe y agradó a Herodes, 7 por lo cual este le prometió con juramento darle todo lo que pidiera. 8 Ella, instruida primero por su madre, dijo: «Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista».9 Entonces el rey se entristeció, pero a causa del juramento y de los que estaban con él a la mesa, mandó que se la dieran, 10 y ordenó decapitar a Juan en la cárcel. 11 Trajeron su cabeza en un plato, se la dieron a la muchacha y ella se la entregó a su madre. 12 Entonces llegaron sus discípulos, tomaron el cuerpo, lo enterraron y fueron a dar la noticia a Jesús. 

Alimentación de los cinco mil (Mc 6.30-44; Lc 9.10-17; Jn 6.1-14)

13 Al oírlo Jesús, se apartó de allí, él solo, en una barca a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió a pie desde las ciudades. 14 Al salir Jesús, vio una gran multitud, tuvo compasión de ellos y sanó a los que de ellos estaban enfermos. 15 Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo:

--El lugar es desierto y la hora ya avanzada. Despide a la multitud para que vayan por las aldeas y compren algo de comer. 

16 Jesús les dijo: --No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer.

17 Ellos dijeron: --No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces. 

18 Él les dijo: --Traédmelos acá.

19 Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo,g y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud. 20 Comieron todos y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas.h 21 Los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Jesús anda sobre el mar (Mc 6.45-52; Jn 6.16-21)

22 En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera,i entre tanto que él despedía a la multitud. 23 Después de despedir a la multitud, subió al monte a orar aparte;j y cuando llegó la noche, estaba allí solo. 24 Ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas, porque el viento era contrario. 25 Pero a la cuarta vigiliakde la noche, Jesús fue a ellos andando sobre el mar. 26 Los discípulos, viéndolo andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: --¡Un fantasma!

Y gritaron de miedo. 27 Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: --¡Tened ánimo! Soy yo, no temáis.

28 Entonces le respondió Pedro, y dijo: --Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.

29 Y él dijo: --Ven.

Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. 30 Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: --¡Señor, sálvame!

31 Al momento Jesús, extendiendo la mano, lo sostuvo y le dijo: --¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

32 En cuanto ellos subieron a la barca, se calmó el viento. 33 Entonces los que estaban en la barca se acercaron y lo adoraron, diciendo: --Verdaderamente eres Hijo de Dios.

Jesús sana a los enfermos en Genesaret (Mc 6.53-56)

34 Terminada la travesía, llegaron a tierra de Genesaret.l 35 Cuando lo reconocieron los hombres de aquel lugar, enviaron noticia por toda aquella tierra alrededor, y trajeron a él todos los enfermos; 36 y le rogaban que los dejara tocar solamente el borde de su manto. Y todos los que lo tocaron, quedaron sanos.

Lo que contamina al hombre (Mc 7.1-23)

15 1 Entonces se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo: 2 --¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos?, pues no se lavan las manos cuando comen pan.a

3 Respondiendo él, les dijo: --¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? 4 Dios mandó diciendo: “Honra a tu padre y a tu madre”,b y “El que maldiga al padre o a la madre, sea condenado a muerte”,c 5 pero vosotros decís: “Cualquiera que diga a su padre o a su madre: ‘Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte’, 6 ya no ha de honrar a su padre o a su madre”. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición.d 7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo:

8 »“Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí,

9 pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres”.e

10 Y llamando a sí a la multitud, les dijo: --Oíd, y entended:f 11 No lo que entra por la boca contamina al hombre;g pero lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.

12 Entonces, acercándose sus discípulos, le dijeron: --¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra?

13 Pero respondiendo él, dijo: --Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada. 14 Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guía al ciego, ambos caerán en el hoyo.h

15 Respondiendo Pedro, le dijo: --Explícanos esta parábola.

16 Jesús dijo: --¿También vosotros estáis faltos de entendimiento? 17 ¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina? 18 Pero lo que sale de la boca, del corazón sale;i y esto contamina al hombre, 19 porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.j 20 Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre. 


La fe de la mujer cananea (Mc 7.24-30)
21 Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. 22 Entonces una mujer cananeak que había salido de aquella región comenzó a gritar y a decirle: --¡Señor, Hijo de David,l ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.

23 Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces, acercándose sus discípulos, le rogaron diciendo: --Despídela,m pues viene gritando detrás de nosotros.
24 Él, respondiendo, dijo: --No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.n

25 Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: --¡Señor, socórreme!

26 Respondiendo él, dijo: --No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perros.ñ

27 Ella dijo: --Sí, Señor; pero aun los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.

28 Entonces, respondiendo Jesús, dijo: --¡Mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como quieres.

Y su hija fue sanada desde aquella hora.


Jesús sana a muchos

29 Pasó Jesús de allí y fue junto al Mar de Galilea; subió al monte y se sentó allí. 30 Se le acercó mucha gente que traía consigo cojos, ciegos, mudos, mancos y otros muchos enfermos. Los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó; 31 de manera que la multitud se maravillaba al ver que los mudos hablaban, los mancos quedaban sanos, los cojos andaban y los ciegos veían. Y glorificaban al Dios de Israel.


Alimentación de los cuatro mil (Mc 8.1-10)

32 Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: --Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer; y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino. 

33 Entonces sus discípulos le dijeron: --¿De dónde sacaremos nosotros tantos panes en el desierto para saciar a una multitud tan grande?

34 Jesús les preguntó: --¿Cuántos panes tenéis? 

Y ellos dijeron: --Siete y unos pocos peces.

35 Entonces mandó a la multitud que se recostara en tierra. 36 Tomó los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud. 37 Comieron todos y se saciaron; y de los pedazos que sobraron recogieron siete canastas llenas. 38 Los que comieron eran como cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. 39 Entonces, después de despedir a la gente, entró en la barca y fue a la región de Magdala.


La demanda de una señal (Mc 8.11-13; Lc 12.54-56)

16 1 Llegaron los fariseos y los saduceos para tentarlo, y le pidieron que les mostrara una señal del cielo.a 2 Pero él, respondiendo, les dijo: «Cuando anochece, decís: “Hará buen tiempo, porque el cielo está rojo”. 3 Y por la mañana: “Hoy habrá tempestad, porque el cielo está rojo y nublado”. ¡Hipócritas, que sabéis distinguir el aspecto del cielo, pero las señales de los tiempos no podéis distinguir!b 4 La generación mala y adúltera demanda una señal, pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás».


Y dejándolos, se fue. 

La levadura de los fariseos (Mc 8.14-21)

5 Los discípulos llegaron al otro lado,d pero olvidaron llevar pan. 6 Jesús les dijo: --Mirad, guardaos de la levadura de los fariseose y de los saduceos.

7 Ellos discutían entre sí, diciendo: --Esto dice porque no trajimos pan.

8 Dándose cuenta Jesús, les dijo: --¿Por qué discutís entre vosotros, hombres de poca fe, que no tenéis pan? 9 ¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántas cestas recogisteis?f 10 ¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis?g 11 ¿Cómo no entendéis que no fue por el pan que os dije que os guardéis de la levadura de los fariseos y de los saduceos? 12 Entonces entendieron que no les había dicho que se guardaran de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.


Pedro declara que Jesús es el Cristo (Mc 8.27-30; Lc 9.18-21)

13 Al llegar Jesús a la región de Cesarea de Filipo,h preguntó a sus discípulos, diciendo:

--¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?i

14 Ellos dijeron: --Unos, Juan el Bautista; otros, Elías;j y otros, Jeremías o alguno de los profetas.k

15 Él les preguntó: --Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: --Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

17 Entonces le respondió Jesús: --Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18 Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta rocam edificaré mi iglesia,n y las puertas del Hadesñ no la dominarán. 19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos: todo lo que ates en la tierra será atado en los cielos, y todo lo que desates en la tierra será desatado en los cielos.o 20 Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijeranp que él era Jesús, el Cristo.

Jesús anuncia su muerte (Mc 8.31--9.1; Lc 9.22-27

21 Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho a manos de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitarq al tercer día. 22 Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirlo, diciendo: 

--Señor, ten compasión de ti mismo. ¡En ninguna manera esto te acontezca!

23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: --¡Quítate de delante de mí, Satanás!r Me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: --Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruzs y sígame, 25 porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. 26 ¿De qué le servirá al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma? ¿O qué dará el hombre a cambio de su alma?,t 27 porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, con sus ángeles,u y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.v 28 De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte hasta que hayan visto al Hijo del hombre viniendo en su Reino.


La transfiguración 17 (Mc 9.2-13; Lc 9.28-36

1 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte alto. 2 Allí se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.b 3 Y se les aparecieron Moisés y Elías,c que hablaban con él. 4 Entonces Pedro dijo a Jesús: «Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, haremos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
5 Mientras él aún hablaba, una nube de luzd los cubrió y se oyó una voz desde la nube, que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia;e a él oíd». 6 Al oir esto, los discípulos se postraron sobre sus rostros y sintieron gran temor. 7 Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: «Levantaos y no temáis».

8 Cuando ellos alzaron los ojos, no vieron a nadie, sino a Jesús solo.
9 Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: --No digáis a nadief la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos.

10 Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: --¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? 

11 Respondiendo Jesús, les dijo: --A la verdad, Elías viene primero y restaurará todas las cosas. 12 Pero os digo que Elías ya vino, y no lo conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del hombre padecerá a manos de ellos. 

13 Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista. 



Jesús sana a un muchacho lunático (Mc 9.14-29; Lc 9.37-43)

14 Cuando llegaron adonde estaba la gente, se le acercó un hombre que se arrodilló delante de él, diciendo: 15 --Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunáticoi y sufre muchísimo, porque muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. 16 Lo he traído a tus discípulos, pero no lo han podido sanar. 

17 Respondiendo Jesús, dijo: --¡Generación incrédula y perversa!j ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá.

18 Entonces reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y este quedó sano desde aquella hora. 19 Se acercaron entonces los discípulos a Jesús y le preguntaron aparte: --¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?

20 Jesús les dijo: --Por vuestra poca fe. De cierto os digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: “Pásate de aquí allá”, y se pasará;k y nada os será imposible. 21 Pero este género no sale sino con oración y ayuno.


Jesús anuncia por segunda vez su muerte (Mc 9.30-32; Lc 9.43-45)

22 Estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: «El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres 23 y lo matarán, pero al tercer día resucitará». Ellos se entristecieron mucho.


Pago del impuesto para el Templo

24 Cuando llegaron a Capernaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban las dos dracmasn y le preguntaron: --¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?

25 Él dijo: --Sí.

Al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo:
--¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijosñ o de los extraños?

26 Pedro le respondió: --De los extraños.


Jesús le dijo: --Luego los hijos están exentos. 27 Sin embargo, para no ofenderlos, ve al mar, echa el anzuelo y toma el primer pez que saques, ábrele la boca y hallarás una moneda. Tómala y dásela por mí y por ti.

18 ¿Quién es el mayor? (Mc 9.33-37; Lc 9.46-48)

1 En aquel tiempo los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: --¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?

2 Llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos 3 y dijo: --De cierto os digo que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.c 4 Así que cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos. 5 Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.


Ocasiones de caer (Mc 9.42-48; Lc 17.1-2)

6 »A cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeñosd que creen en mí, mejor le fuera que se le colgara al cuello una piedra de molino de asno y que se le hundiera en lo profundo del mar. 7 ¡Ay del mundo por los tropiezos!e Es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! 8 Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti: mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser arrojado en el fuego eterno. 9 Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti: mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego.


Parábola de la oveja perdida (Lc 15.3-7)

10 »Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos,g 11 porque el Hijo del hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.

12 »¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se ha descarriado?i 13 Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquella que por las noventa y nueve que no se descarriaron. 14 De igual modo, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos que se pierda uno de estos pequeños.


Cómo se debe perdonar

15 »Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo estando tú y él solos; si te oye, has ganado a tu hermano.k 16 Pero si no te oye, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.l 17 Si no los oye a ellos, dilo a la iglesia;m y si no oye a la iglesia, tenlo por gentil y publicano. 18 De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo.n 19 Otra vez os digo que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidan, les será hecho por mi Padre que está en los cielos,ñ 20 porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.


21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: --Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?

22 Jesús le dijo: --No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.o


Parábola del siervo que no quiso perdonar

23 »Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. 24 Cuando comenzó a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos.q 25 A este, como no pudo pagar, ordenó su señor venderlo, junto con su mujer e hijos y todo lo que tenía, para que se le pagara la deuda. 26 Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba diciendo: “Señor, ten paciencia conmigo y yo te lo pagaré todo”. 27 El señor de aquel siervo, movido a misericordia, lo soltó y le perdonó la deuda.

28 »Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos que le debía cien denarios;r y agarrándolo, lo ahogaba, diciendo: “Págame lo que me debes”. 29 Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y yo te lo pagaré todo”. 30 Pero él no quiso, sino que fue y lo echó en la cárcel hasta que pagara la deuda. 31 Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. 32 Entonces, llamándolo su señor, le dijo: “Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. 33 ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?”. 34 Entonces su señor, enojado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara todo lo que le debía.s 35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.


Jesús enseña sobre el divorcio (Mc 10.1-12; Lc 16.18)

19 1 Aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras,a se alejó de Galilea y fue a las regiones de Judea, al otro lado del Jordán. 2 Lo siguieron grandes multitudes, y los sanó allí.

3 Entonces se le acercaron los fariseos, tentándolo y diciéndole: --¿Está permitido al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?

4 Él, respondiendo, les dijo: --¿No habéis leído que el que los hizo al principio, “hombre y mujer los hizo”,d 5 y dijo: “Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”? 6 Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó no lo separe el hombre.

7 Le dijeron: --¿Por qué, pues, mandó Moisés darle carta de divorcio y repudiarla?

8 Él les dijo: --Por la dureza de vuestro corazón, Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. 9 Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación,g y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.

10 Le dijeron sus discípulos: --Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse.

11 Entonces él les dijo: --No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado. 12 Hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos.i El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba.


Jesús bendice a los niños (Mc 10.13-16; Lc 18.15-17)

13 Entonces le fueron presentados unos niños para que pusiera las manos sobre ellos y orara; pero los discípulos los reprendieron. 14 Entonces Jesús dijo: «Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos». 15 Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí.


El joven rico (Mc 10.17-31; Lc 18.18-30)

16 Entonces se acercó uno y le dijo: --Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?

17 Él le dijo: --¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino uno: Dios. Pero si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.

18 Le preguntó: --¿Cuáles?

Y Jesús le contestó: --No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. 19 Honra a tu padre y a tu madre.n Y amarás a tu prójimo como a ti mismo.

20 El joven le dijo: --Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?

21 Jesús le dijo: --Si quieres ser perfecto,o anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.

22 Al oir el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

23 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: --De cierto os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.p 24 Otra vez os digo que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja,q que entrar un rico en el reino de Dios. 

25 Sus discípulos, al oir esto se asombraron mucho, y decían: --¿Quién, pues, podrá ser salvo?

26 Mirándolos Jesús, les dijo: --Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible.

27 Entonces, respondiendo Pedro, le dijo: --Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos? 28 Jesús les dijo: --De cierto os digo que en la regeneración,r cuando el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido, también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.s 29 Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer,t o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. 30 Pero muchos primeros serán últimos, y los últimos, primeros.



20 Parábola de los obreros de la viña

1 »El reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. 2 Y habiendo convenido con los obreros en un denariob al día, los envió a su viña. 3 Saliendo cerca de la hora tercerac del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados 4 y les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo”. Y ellos fueron. 5 Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena,d e hizo lo mismo. 6 Y saliendo cerca de la hora undécima,e halló a otros que estaban desocupados y les dijo: “¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados?”. 7 Le dijeron: “Porque nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo”.

8 »Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: “Llama a los obreros y págales el jornal,f comenzando desde los últimos hasta los primeros”. 9 Llegaron los que habían ido cerca de la hora undécima y recibieron cada uno un denario. 10 Al llegar también los primeros, pensaron que habían de recibir más, pero también ellos recibieron cada uno un denario. 11 Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, 12 diciendo: “Estos últimos han trabajado una sola hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día”. 13 Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No conviniste conmigo en un denario? 14 Toma lo que es tuyo y vete; pero quiero dar a este último lo mismo que a ti. 15 ¿No me está permitido hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia,g porque yo soy bueno?”. 16 Así, los primeros serán últimos y los últimos, primeros, porque muchos son llamados, pero pocos escogidos.


Jesús anuncia por tercera vez su muerte (Mc 10.32-34; Lc 18.31-34)

17 Mientras subía Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte y les dijo por el camino: 18 «Ahora subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas. Lo condenarán a muerte 19 y lo entregarán a los gentilesi para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; pero al tercer día resucitará».


Petición de Santiago y de Juan (Mc 10.35-45)

20 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos,k postrándose ante él y pidiéndole algo.

21 Él le dijo: --¿Qué quieres?

Ella le dijo: --Ordena que en tu Reino estos dos hijos míos se sienten el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.

22 Entonces Jesús, respondiendo, dijo: --No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber,m y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?

Ellos le respondieron: --Podemos.

23 Él les dijo: --A la verdad, de mi vason beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre.

24 Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos. 25 Entonces Jesús, llamándolos, dijo: --Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 26 Pero entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo;o 28 como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servirp y para dar su vida en rescateq por todos.r


Jesús sana a dos ciegos (Mc 10.46-52; Lc 18.35-43)

29 Al salir ellos de Jericó,s lo seguía una gran multitud. 30 Y dos ciegost que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: --¡Señor, Hijo de David,u ten misericordia de nosotros!

31 La gente los reprendía para que callaran, pero ellos clamaban más, diciendo: --¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!

32 Jesús, deteniéndose, los llamó y les dijo: --¿Qué queréis que os haga?

33 Ellos le dijeron: --Señor, que sean abiertos nuestros ojos.

34 Entonces Jesús, sintiendo compasión, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista y lo siguieron.

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