miércoles, 31 de julio de 2013

HECHOS DE LOS APÓSTOLES, Estudio Biblico.

INTRODUCCIÓN
Autor y propósito final del libro
La única obra que en todo el NT se presenta como continuación de otra son los Hechos de los Apóstoles (=Hch). El autor, identificado tradicionalmente con Lucas (véase Introducción a este evangelio), no quiso dar por concluido con su primer libro el relato «de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas» (Lc 1.1), sino que, en un segundo volumen, recopiló la información que tuvo a su alcance sobre los inicios de la propagación del cristianismo.
Prácticamente, Hechos comienza en el punto en que termina el tercer evangelio. Después de una introducción temática (1.1-3) que incluye la dedicatoria a Teófilo (cf. Lc 1.3), el autor sitúa la narración en el escenario de Betania (Lc 24.50-51), donde Jesús, «viéndolo [sus discípulos] fue alzado, y lo recibió una nube que lo ocultó de sus ojos» (Hch 1.9).
Contenido
El acontecimiento de la ascensión aparece marcado para Lucas por la afirmación de Jesús «me seréis testigos» (1.8). Bajo el signo de estas palabras va a desarrollarse la historia entera de la iglesia naciente. La ascensión señala el comienzo de la actividad del Espíritu Santo en la iglesia, a la que convoca primero sobre el fundamento de la fe en Cristo, para guiarla en adelante hacia su plenitud gloriosa del nuevo pueblo de Dios.
El título Hechos de los Apóstoles, que no fue impuesto al texto por su propio autor sino por la iglesia del s. II, no responde en todos sus aspectos al contenido de la narración. En efecto, el libro solo ocasionalmente se ocupa del grupo de los Doce (contado ya Matías, de acuerdo con 1.26). Su atención no se dirige a los apóstoles en general, sino en particular a determinados personajes, especialmente al apóstol Pedro y, sobre todo, a Pablo.
Los trabajos y discursos de Pedro y de Pablo son los principales centros de interés de Lucas. Su propósito es documentar los primeros pasos de la difusión del evangelio de Jesucristo y el modo en que el Espíritu de Dios impulsaba en aquel entonces el crecimiento de la iglesia «en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra» (1.8).
Jerusalén es el lugar donde comienza la historia de la actividad apostólica. Allí es donde se congrega y organiza la iglesia madre; allí se dan las primeras manifestaciones del Espíritu Santo; allí muere Esteban, protomártir de la fe cristiana; allí se escuchan los primeros mensajes evangélicos, y de allí parten los primeros enviados a anunciar fuera de los límites palestinos el mensaje de la salvación. A estos acontecimientos y al desarrollo de la comunidad de Jerusalén aparece estrechamente vinculada la persona de Pedro.
Pero más interesado aún se muestra Lucas en la figura de Pablo, el misionero, el hombre que fue capaz de renunciar a sus antiguos esquemas mentales y religiosos para, de todo corazón, proclamar a Jesucristo ante cuantos quisieran escucharlo (Hch 13.46; véase Ro 1.16; 1 Co 9.20; Gl 2.7-10). La fe y la vitalidad de Pablo representan para Lucas la energía interna del evangelio, que muy pronto e irresistiblemente habría de alcanzar el corazón del imperio romano. La llegada de Pablo a Roma (28.11-31) pone punto final a Hechos de los Apóstoles, un drama velozmente desarrollado que arranca de la Jerusalén de pocos años antes.
División del libro
El contenido del libro admite diversos análisis, basados en los movimientos de sus personajes más importantes. Desde esta perspectiva histórico-geográfica puede dividirse el relato en tres etapas diferentes:
Primera etapa: Jerusalén (2.1--8.3) Después de la resurrección y de la ascensión de Jesús al cielo (1.4-11); Jerusalén es escenario de la formación del núcleo cristiano más antiguo de la historia (1.12-26); allí vino sobre los discípulos el Espíritu Santo el día de Pentecostés (2.40), y allí se dieron los primeros pasos para la organización de la iglesia (2.41--8.3).
Segunda etapa: Judea y Samaria (8.4--9.43) La persecución contra los cristianos desencadenada tras el martirio de Esteban (6.8--7.60) obligó a muchos de ellos a salir de Jerusalén y dispersarse «por las tierras de Judea y de Samaria» (8.1). Este hecho vino a favorecer la propagación del evangelio, que ya por entonces había alcanzado diversos puntos de Siria y Palestina (8.4-6,25,26,40; 9.19,30-32,35-36,38,42-43).
Tercera etapa: «hasta lo último de la tierra» (10.1--28.31
(a) Dios, en el camino de Damasco, había llamado a Saulo de Tarso (7.58; 8.1,3; 9.1-30; 22.6-16; 26.12-18), para hacer de él «instrumento escogido para llevar» el nombre de Jesús a los gentiles (9.15). Por otro lado, los creyentes «que habían sido esparcidos a causa de la persecución... pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía» (11.19), y de este modo se abrieron las puertas al evangelio en lugares hasta entonces totalmente paganos.
(b) Pablo emprende su actividad misionera. En el transcurso de tres viajes recorre territorios del sur y el oeste de Asia Menor, penetra en Europa por Macedonia y llega hasta Acaya (13.1--14.28; 15.36--18.22; 18.23--20.38). Su paso está marcado por el nacimiento de nuevas iglesias, de las que él es, primero, fundador, y luego, mentor y consejero, y con las que mantiene una cordial relación, sea en persona o por escrito.
(c) Al término de su tercer recorrido apostólico regresa a Jerusalén (21.1-15), en cuyo templo es apresado (21.27-36). Los últimos capítulos de Hechos describen con especial detalle los incidentes del viaje de Pablo a Roma, adonde lo conducen para ser juzgado ante el tribunal imperial, al que él había apelado haciendo uso del derecho que le otorgaba su ciudadanía romana (22.25-29; 23.27; 25.10-12). El libro concluye con la llegada del apóstol a Roma y el inicio de su actividad en aquella ciudad (28.14-31).
El autor de Hechos se manifiesta en ocasiones como testigo presencial de lo que está relatando. La narración utiliza entonces la primera persona plural: «nosotros» (16.10-17; 20.5--21.18; 27.1--28.16), de modo que el escritor se incluye a sí mismo entre las personas que acompañan al apóstol en su trabajo.
Estilo literario
El estilo de Hechos es elegante y rico en vocabulario. Lucas posee un notable dominio de la gramática y de los recursos lingüísticos del griego de su tiempo (koiné), e incluso del clásico (ático). Quizás el conjunto de su obra sea representativo de los primeros esfuerzos realizados para proponer la fe cristiana a los niveles más cultos de la sociedad romana.
Lugar y fecha de composición
No se han conservado datos que permitan precisar la fecha ni el lugar de composición de este libro. Muchos piensan que fue publicado unos veinticinco o treinta años después de la muerte de Pablo, aproximadamente durante la década de los ochenta.

Esquema del contenido [las subdivisiones que aparecen en el texto se han agrupado en unidades mayores]:

Prólogo (1.1-26)
1. Predicación del evangelio en Jerusalén (2.1--8.3)
El primer Pentecostés cristiano (2.1-42)
La vida de los primeros cristianos (2.43--5.16)
Las primeras persecuciones (5.17--8.3)
2. Predicación del evangelio en Samaria y Judea (8.4-9.43)
3. Predicación del evangelio a los gentiles (10.1--28.31)
Actividad de Pedro (10.1--12.25)
Primer viaje misionero de Pablo (13.1--14.28)
La Asamblea de Jerusalén (15.1-35)
Segundo viaje misionero de Pablo (15.36--18.22)
Tercer viaje misionero de Pablo (18.23--20.38)
Prisión de pablo y viaje a Roma (21.1--28.31)

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martes, 30 de julio de 2013

El Amar a Dios sobre toda las cosas, JESÚS Y PEDRO (Juan 21:15-19.)

Jn 21:15 Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos.

Jn. 21:16 Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.

Jn 21:17 Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.

Jn 21:18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.

Jn 21:19 Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.

1- “Cuando hubieron comido...”

Jesús elige el momento adecuado.

Esta conversación que Jesús iba atener con Pedro no iba a ser una conversación cualquiera, era importante.

Después de saciar nuestra hambre viene la sobremesa, es cuando los comensales estan relajados, se toma té, café... El corazón esta mas contento con el estomago lleno.

Antes de comer Pedro tenia hambre, Jesús quería tener a Pedro al 100% de su atención.

Dios actúa así con nosotros: Nos habla en el momento adecuado. Y el elige el tiempo, y requiere toda nuestra atención.

Leer la Palabra distraído, orar pensando en otra cosa, tener la mente fuera en la alabanza... Todo esto no “ayuda” a que el Señor nos hable.

Y como cristianos podemos pasar mucho tiempo sin tener tiempo para Dios. El Señor quizá entonces para hablarnos tenga que meternos en algún “lio” en el que tengamos que clamarle a El.

Pregunta: ¿Estas en algún aprieto en el que no encuentras salida y antes no tenias tiempo para Dios? Porque si es así quizá sea Dios mismo el que está en este asunto...

2- “Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás”

Una de las cosas mas increíbles que uno encuentra el la Biblia es como Dios siendo Dios, y yo siendo nada, conozca mi nombre y se ocupe de mi.


En el Antiguo Testamento Dios llamaba por nombre a sus siervos. Dos ejemplos:

A Moisés al acercase a zarza que ardía y no se apagaba le dijo “¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. Y dijo:

No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es”. (Ex 3:4-5)

A Abram le dijo: “No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande”. (Gn 15:1)

En los evangelios tenemos a ese Dios poderoso hecho hombre en Jesús (“Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Jn 1:14 )

Y en este pasaje que estamos comentando tenemos a Pedro frente al mismo Dios, hablándole cara a cara, llamándole por su nombre, comiendo pescado en la playa!!

A veces se nos olvida que Jesús es Dios.

Jesús les dijo en una ocasión a los discípulos que era mejor que el se fuera para que pudiera venir el Espíritu Santo (leer Jn 16:7)

Les estaba diciendo que era mejor que el Espíritu Santo estuviera EN nosotros, después de realizada su misión, a que Jesús estuviera CON nosotros.

Ese mismo Dios poderoso del AT, que tronaba en el Sinaí y que los israelitas se tapaban los oídos porque no podían soportar la voz directa de Dios, y le decían a Moisés que no nos hable El... (leer Ex 19) hablaba con Pedro, y esta EN nosotros!! GRATITUD, SANTIDAD y REVERENCIA AL SEÑOR!


3- LA CONVERSACIÓN

Jn 21:15 ...Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos.

Jn 21:16 Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.

Jn 21:17 Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.

Esta es una conversación que tu y yo podemos leer ahora, y resto de discípulos pudieron oír, pero seguro que solo Pedro y Jesús entendían en su totalidad su trasfondo, todo lo que implicaba esa conversación, y toda su importancia.

Esa conversación era fruto de una vivencia en común, de personas que han pasado juntas situaciones difíciles.

¿No te ha pasado que estás en una conversación entre dos personas, y entiendes lo que dicen pero intuyes que detrás de esas palabras hay algo mas, y dices “me estoy perdiendo algo”?

Eso es lo que nos puede pasar leyendo este pasaje.

Vamos a tratar de entender el pasaje mejor, y para ello vamos recopilar las vivencias entre Jesús y Pedro, y luego volvemos a leer el texto a ver si lo entendemos de otra manera...

Además esto nos va a servir para conocer mas cómo era Pedro.

3.1 RECOPILACIÓN DE LAS VIVIENCIAS DE PEDRO CON JESÚS

Son 15 puntos:

1. Pedro es presentado a Jesús por su hermano Andrés. El Señor le ve y le dice: “Tu eres Simón, hijo de Jonás, tu serás llamado Cefas que quiere decir Pedro” (Jn 1:42)

Aquí Pedro conoce a Jesús pero no se va con El. Sigue con su trabajo.

2. Pedro y Andrés estaban pescando y Jesús les llama desde la orilla: “Venid en pos de mi y os haré pescadores de hombres” (Mt 4:19)

Aquí Andrés y Pedro siguen al Señor.

Pasa unos tres años con Jesús: Recibe enseñanzas, ver milagros, convive con Jesús...

3. Jesús en una ocasión acompañado con Jacobo, Juan y Pedro a un monte. Y allí se transfigura y conversa con Moisés y Elías. Fue ahí cuando Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. (Mc 9:5)

4. Ve a Jesús andar sobre el mar, y le dice: “Señor si eres tu manda que yo vaya a ti sobre las aguas” (Mt 14:28)

Estaban los doce en la barca y fue Pedro quien se arriesgó.

¿Vamos comprendiendo mejor acerca de Pedro?

5. Una vez Jesús preguntó a los discípulos: “¿Quién decís que soy yo?”Pedro enseguida se lanzó a contestar: “Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente” (Mt 16:15)

6. Al poco tiempo Jesús reprende a Pedro y le dice: “Quítate delante de mi Satanás, me eres tropiezo porque no pones la mira en las cosas de Dios sino en las de los hombres” (Mt 16:23)

7. Pedro fue el que preguntó a Jesús:”¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que pecare contra mi?¿Hasta siete? Jesús le contesto: No te digo siete sino hasta setenta veces siete” (Mt 18:21)

8. Jesús eligió a Pedro y a Juan para preparar un suceso tan importante como la Pascua, la última cena. (Mc 9:2)

9. Pedro se negó en un principio a que Jesús le lavara los pies: “¿Tu me vas a lavar los pies? No me lavaras los pies jamás!” A lo que el Señor le contestó: “Si no te lavare los pies no tendrás parte conmigo”. Pedro dijo entonces: “Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza” (Jn 13:6-7)

Estamos entendiendo las vivencias de Pedro con Jesús...

10. Pedro aseguró Jesús que nunca le negaría: “Aunque me sea necesario morir contigo no te negaré”(Mt 26:35)

“Aunque todos se escandalizaren de ti, yo nunca me escandalizaré” (Mt 26:33)

11. el Huerto de los Olivos, Jesús escogió a Pedro, Jacobo y Juan para que le acompañaran mientras oraba. Y se quedaron dormidos. (Mt 26:37)
12. Cuando Jesús es arrestado, Pedro saca una espada y le corta la oreja a un siervo del Sumo Sacerdote. Jesús le dijo:“Vuelve la espada a su lugar, porque todos los que tomen espada a espada morirán” (Mt 26:52)

Jesús muere en la cruz, es guardado en el sepulcro, y resucita...

13. Pedro es avisado por las mujeres de que no esta Jesús en el sepulcro. Y va corriendo con Juan a comprobarlo. Y ve la tumba vacía. (Lc24:12)

14. Pedro ve a Jesús resucitado el primer día. La Biblia no da mas detalles. (Lc24:34)

15.Pedro vuelve a ver a Jesús resucitado dos veces mas cuando están los discípulos reunidos (Jn 20:19 y 26)

16. Esta es la tercera vez que ve a Jesús resucitado.

Aparte están todas las vivencias que tuvo Pedro con el Señor y que no están escritas, y pertenecen a la privacidad de los dos.

Según lo que hemos leído, podríamos hacer un perfil rápido de la personalidad de Pedro:
-Impetuoso

-Temperamental

-Valiente

-Inconstante

-Autosuficiente

-etc...

Leamos de nuevo Jn 21:15-17

Jn 21:15 ...Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos.

Jn 21:16 Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.

Jn 21:17 Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.

3.2 LA PRIMERA PREGUNTA

Es algo diferente a las otras: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? “

La respuesta de Pedro: “Sí, Señor; tú sabes que te amo.”

¿No se ve aquí un cambio de actitud de Pedro? En otro tiempo hubiera dicho: Sí Señor te amo mas que estos.
Ahora simplemente dice: Sí, Señor; tú sabes que te amo.

Recordemos lo que dijo en Mt26:33 “Aunque todos se escandalizaren de ti, yo nunca me escandalizaré”.

Pero vemos ahora que Pedro ya no se cree que puede mas que los demás y que su confianza en sí mismo se había caído.

Esto es bueno, porque ahora el Señor podía empezar a edificar. Dios tiene que derribar toda autosuficiencia en nuestra vida.

Si leemos el Salmo 119, vemos que en cada una de sus partes el salmista repite una y otra vez lo mismo:

Enséñame tus estatutos.

Susténtame con tu Palabra.

Hazme entender tu camino.

Dame entendimiento.

Esa dependencia continua del Señor es lo que quería el Señor para Pedro y quiere para nosotros.

Y vemos ahora a Pedro mas en esa línea: Mas reflexivo, mas asentado, menos autosuficiente, mas humilde.

Esto es lo que Dios hace en nuestras vidas en cada uno de nosotros en nuestro caminar con El.

3.3 ¿ME AMAS? X 3

Aquí, después de que Pedro le negara tres veces, Jesús le pregunta otras tres si le amaba.

El Señor estaba dando a Pedro la oportunidad de volverle a decir con su boca que le amaba y que el Señor después de esta confesión pudiera decirle que apacentara mis ovejas, en definitiva, le estaba diciendo a Pedro: Pedro, me eres útil!!

Una de las cosas que le pueden pasar a un cristiano cuando cae en mayor o menor grado es que se siente: Alejado de Dios, abandonado por Dios, inútil para Dios, condenado...

Y Satanás y sus demonios se encargan de hacerte sentir así y que así te quedes. Si no puede arrancarte la fe, por lo menos que esa fe no se ponga en movimiento. Y así hay cristianos inutilizados.

Pero esos cristianos quieren en su corazón al Señor; están derribados pero no destruidos.

Así se podía sentir Pedro después de haber negado al Señor tres veces.

Y esto está escrito porque Dios sabía que al igual que Pedro iba a ver muchos cristianos paralizados. Al igual que el Señor le habilitó a Pedro dándole un encargo, el Señor les dice: ME ERES ÚTIL!!

Levántate , ponte en marcha!!

Porque el justo cae siete veces y siete se levanta (Pr 24:16)

4- EN TODO SU CAMINAR CON EL SEÑOR PEDRO NUNCA PERDIÓ LA FE

Leemos:

Lc 22:31 Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo;

Luc 22:32 pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.

Aquí el Señor le esta dando a Pedro un anticipo de lo que va a pasar:
Satanás te va a zarandear
Vas a caer
Te vas a levantar
Vas a pastorear

Pero entonces Pedro no se enteraba de nada. Ahora en esta conversación con Jesús tenia para él todo el sentido.
Hay cosas que el Señor nos hace pasar que no tiene sentido para nosotros, y preguntamos: ¿Porqué?


Pasan los años, echamos la vista atrás y entendemos. Y en todo este tiempo, era el Señor el que nos sostenía.

Muchas veces no sabemos dónde estamos, ni dónde nos quiere llevar el Señor; no sabemos nada.

Y mientras dura este proceso ¿que es lo que debemos tener? Fe.

Porque debemos recordar el principio básico de que: TODO LO QUE NOS PASA ES PORQUE DIOS QUIERE.

Dios nos ha dado fe, pero es responsabilidad nuestra mantenerla, cuidarla (“Cuidad en vuestra salvación con temor y temblor” Fil 2:12)

Jesús oro por Pedro para que su fe no faltara.

Y nosotros podemos leer en Romanos 8:34: “...Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.”

Vemos que al igual que Pedro tuvo el respaldo de Jesús para su fe, nosotros tenemos el respaldo de Jesús para nuestra fe. Nada ha cambiado.

Y sabemos que no siempre es fácil mantenernos en fe, por eso el Señor en su Palabra nos ha dado mucha munición:

Toda la segunda parte del capitulo 8 de Romanos es un alegato de Pablo para que tengamos ánimo y mantengamos nuestra fe:

Rom 8:27 Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.

Rom 8:28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
Rom 8:29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
Rom 8:30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

Rom 8:31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?

Rom 8:32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

Rom 8:33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.

Rom 8:34 ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

Rom 8:35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

Rom 8:36 Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero.

Rom 8:37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
Rom 8:38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,

Rom 8:39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

5- EL ENCARGO DEL SEÑOR

Tres veces le dijo: Pastorea mis ovejas. El Señor quería a Pedro como Pastor. El Señor quería a Felipe como Evangelista. A Pablo como Maestro y Apóstol Etc...

En la Iglesia hay trabajo para todos. Dios te va a poner a servirle en cuanto te dispongas a servirle. Pero aquí el punto no es tanto dónde nos pone sino: “¿Me amas?” Porque si amas al Señor Dios te va a usar para servirle.

El servicio es fruto del amor por el Señor. Yo creo que una oración que todos los cristianos debemos hacer constantemente es: Señor, pon en mi mas amor por ti.

6- Jesús, una vez arreglado el pasado (el asunto espinoso de la negación), le encarga el presente (en seguida Pedro iba a pastorear la iglesia de Jerusalén), y le muestra el futuro.

Seguimos leyendo:

Jn 21:18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.

Jn 21:19 Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.

“...Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías”: El Señor reconoce aquí el cambio que ha habido en

Pedro. Antes hacia lo que quería, iba a donde le apetecía sin contar con el Señor. Ahora ya no. ¿Y nosotros? ¿Contamos con el Señor? Porque ya no somos solo nosotros, eso éramos antes de convertirnos, cuando creíamos que éramos libres.

Ahora todo debe ser en Cristo, ante era sin Cristo. Ahora sí somos libres. La libertad no consiste en hacer lo que queremos sino lo que quiere el Señor.

“...mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.”

Aquí el Señor le revela a Pedro:
Que va a ser hecho prisionero
Que va morir crucificado
Que esto sucederá cuando sea viejo

Conclucion:

Entiendo que esto no sucede mucho en la Biblia, que es una excepción, solo aplicable a Pedro. Dios no nos suele decir nuestro futuro y mucho menos cuando y cómo moriremos... No nos convendría. Pero una cosa es segura, será cuando El quiera. El es soberano. El es el dueño de la vida. El nos la dio, El nos la quitará. Y nada trajimos al venir a este mundo y nada nos llevaremos. Mientras, vivamos una vida consagrada a El.
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lunes, 29 de julio de 2013

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN, Estudio Biblico.

INTRODUCCIÓN
Propósito
Juan, el autor del cuarto evangelio, manifiesta con admirable concisión el propósito que lo mueve a escribirlo. Como dialogando figuradamente con sus futuros lectores, les explica que las señales milagrosas hechas por Jesús y recogidas «en este libro... se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre» (20.30-31). 
Esa es, en resumen, la intención que guía al evangelista a recopilar también el conjunto de enseñanzas y discursos reveladores de la naturaleza y razón de ser de la actividad desarrollada por Jesús, el Mesías, el Hijo unigénito (1.14), enviado por el Padre para «quitar el pecado del mundo» (1.29) y para dar vida eterna a «todo aquel que en él cree» (3.13-17).
El autor del evangelio de Juan (=Jn) se presenta a sí mismo, al igual que a Juan el Bautista, como un testigo vivo de la revelación de Dios. Nadie ha visto a Dios jamás (1.18), pero ahora se ha dado a conocer por medio de su Hijo (19.35; 21.24. Cf. 1.6-8,15). Encarnado en la realidad humana, el Cristo preexistente y eterno viene a conferir a nuestra historia un nuevo sentido, una categoría que excede a toda nuestra capacidad de comprensión y razonamiento. De ello, Juan el Bautista rindió un testimonio precursor al comienzo del ministerio público de Jesús. Ahora lo hace Juan el evangelista desde la perspectiva del Cristo que vive a pesar de la muerte, del Señor que con su muerte ha vencido al mundo (16.33) y que es vida para todo el que le acepta por la fe (11.25-26).
El recuerdo del Resucitado está siempre presente en el corazón del autor de este evangelio, como sin duda lo estuvo en el de cada uno de los discípulos que acompañaron al Señor durante los días de su existencia terrenal (Cf. 2.17,22; 12.16; 14.26; 15.20; 16.4). Y el acontecimiento de la resurrección es como una línea luminosa que corre de principio a fin del libro de Juan y permite contemplar la figura única e irrepetible del Mesías salvador.
Más que ofrecer una biografía de Jesús en el sentido estricto que hoy damos a la palabra, lo que Juan pretende es introducir al lector en una profunda reflexión acerca de la persona del Hijo de Dios y del misterio de la redención que en él nos ha sido revelado. En Cristo se ha manifestado el amor de Dios, y por medio de él, el creyente tiene acceso a las moradas eternas (14.2,23); es decir, a una vida de comunión con el Padre.
Particularidades del Evangelio
El punto de partida del cuarto evangelista para su consideración del Mesías no es el mismo que el de Mateo, Marcos y Lucas. Juan busca otros enfoques, de manera que a menudo se refiere a situaciones y eventos, o incluye palabras, enseñanzas y discursos de Jesús no atestiguados por los sinópticos. Esto permite suponer que probablemente Juan, contando con alguna fuente de información propia, pudo ampliar determinados datos conocidos y transmitidos por aquellos; sobre todo teniendo presente que, de acuerdo con el criterio más ampliamente aceptado, la redacción del cuarto evangelio tuvo lugar después de la aparición de los otros tres, en fechas próximas ya al final del s. I.
Un aspecto singular de este evangelio es el interés que muestra por dejar constancia de la localización de los acontecimientos. Y curiosamente, en tanto que Mateo, Marcos y Lucas prestan mayor atención a la actividad desarrollada por Jesús en Galilea, Juan se fija de modo especial en los hechos que tienen lugar en Jerusalén (pero cf. Jn 2.12; 4.43-54; 6.1--7.9). Al propio tiempo pone de relieve que determinadas fiestas del calendario judío parecen marcar los momentos escogidos por el Señor para entrar en la ciudad: la Pascua (2.23; 11.55), los Tabernáculos (7.2), la Dedicación del Templo (10.22) e incluso una fiesta no precisada (5.1).
Esta relación simultánea de Jesús con Jerusalén y con las festividades judías es uno de los elementos de composición que contribuyen a dar al texto de este evangelio su peculiar colorido. Pero no es el único, pues existen otros rasgos igualmente característicos que es menester tener presentes. Destacan entre ellos:
(a) el lenguaje simbólico (ej.: el Verbo 1.1; el agua 7.37; el pan, 6.35; la luz, 8.12)
(b) las imágenes tomadas del AT (ej.: el pastor y las ovejas: 10.1-18, cf. Sal 23; la vid y los pámpanos 15.1-6, cf. Is 5.1-7)
(c) las referencias culturales o a la naturaleza humana (ej.: la boda en Caná, la personalidad de Nicodemo, la mujer samaritana, el ciego de nacimiento).
Autor
Detalles como los indicados caracterizan al autor como un auténtico judío, profundamente religioso y buen conocedor de las tradiciones y las expectativas de su pueblo; pero un judío que ha encontrado en Jesús de Nazaret al Mesías esperado, al Salvador y Señor «de quien escribieron Moisés, en la Ley, y también los Profetas» (1.45; 12.32-34,38; 15.25). Sin embargo, no contamos con mucha más información acerca de la persona de este evangelista. Diríase, más bien, que él mismo desea ocultar su identidad tras un anonimato apenas quebrantado cuando se refiere a aquel discípulo «al cual Jesús amaba» (13.23; 19.26; 20.2; 21.20), del que en 21.24 se dice que fue quien «escribió estas cosas». La tradición que atribuye el evangelio al hijo de Zebedeo, a «Juan, hermano de Jacobo» (Mc.3.17), se remonta al s. II.
Contenido
A lo largo de los años se han hecho diversos esfuerzos por establecer de algún modo la cronología de los sucesos referidos en el cuarto evangelio, o por agrupar lógicamente sus elementos literarios. Como es evidente que el propósito de Juan no fue redactar una crónica, sino crear una atmósfera de reflexión que conduzca al lector a la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios, la composición del libro también debe considerarse desde este punto de vista.
De otra parte, lo que sí resulta claro en una primera aproximación al texto es su división en dos grandes secciones. De ellas, la una llega hasta el final del capítulo 12 y está centrada en el ministerio público de Jesús; la otra, que comprende los capítulos 13 a 21, narra lo acaecido en Jerusalén durante la última semana de la vida terrenal de Jesús, incluyendo su pasión y muerte, y su resurrección.
El bloque de capítulos que forma la primera sección del libro se abre con un Prólogo (1.1-18) que, con resonancias de Gn 1.1, exalta la encarnación de la Palabra de Dios, eterna y creadora, en la persona de Jesús, el Cristo. Junto a otros asuntos, el evangelio refiere aquí un total de siete milagros o señales realizadas por el Señor para manifestar su gloria y para que sus discípulos creyeran en él (2.11; 4.48; 5.18; 6.14; 9.35-38; 11.15,40). Son las siguientes:
1. La conversión del agua en vino (2.1-11)
2. La curación del hijo de un oficial del rey (4.46-54)
3. La curación de un paralítico (5.1-18)
4. La alimentación de una multitud (6.1-14)
5. Jesús camina sobre las aguas (6.16-21)
6. La curación de un ciego de nacimiento (9.1-12)
7. La resurrección de Lázaro (11.1-45).

Respecto de estos actos milagrosos es importante subrayar lo que también se percibe en primer lugar en la intención del evangelista; a saber, su propósito de destacar el sentido profundo de esos milagros como manifestaciones de la actividad mesiánica de Jesús. A dar realce a este enfoque contribuyen los diálogos y discursos que en diversas ocasiones acompañan al relato de las señales (así en 5.17-47; 6.25-70; 9.35--10.42; 11.7-16,21-27).

La segunda parte del libro muestra a Jesús en su enfrentamiento con los poderes públicos, representados particularmente por las autoridades religiosas judías. Encabeza la sección el lavamiento de los pies de los discípulos y la predicción de la traición de Judas (13.1-30); viene luego un largo discurso dirigido a los discípulos (14.1--16.33), que concluye con una oración conocida como «sacerdotal» (17.1-26). Los capítulos 18 y 19 contienen el relato del arresto, juicio, muerte y sepultura de Jesús; y los capítulos 20 y 21 son el testimonio que Juan rinde de la resurrección de Jesús y de las diversas apariciones del Resucitado.

Esquema del Evangelio [las subdivisiones que aparecen en el texto se han agrupado en unidades mayores]:

Prólogo (1.1-18)
1. Ministerio público de Jesús, el Cristo (1.19--12.50)
a. Juan el Bautista (1.19-34)
b. Jesús comienza su ministerio (1.35--3.36)
c. Revelación de Jesús como el Cristo y enfrentamiento con las autoridades judías (4.1--6.71)
d. Revelación de Jesús como la luz y la vida para el mundo (7.1--12.50)
2. Pasión, muerte y resurrección (13.1--21.23)
a. La última cena (13.1--17.26)
La cena. El nuevo mandamiento. Discursos de despedida (13.1--16.33)
La oración sacerdotal (17.1-26)
b. Arresto, juicio, muerte y sepultura (18.1--19.42)
c.
La resurrección (20.1--21.23)
El sepulcro vacío (20.1-10)
Jesús se aparece a María Magdalena (20.11-18)
Jesús se aparece a los discípulos (20.19--21.23)
Epílogo (21.24-25)

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viernes, 26 de julio de 2013

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS, Estudio Biblico.

INTRODUCCIÓN
Autor y objeto del evangelio
Lucas es, de los cuatro evangelistas, el que más se aproxima a nuestro concepto actual de historiador. Cuidadoso en su trabajo, es probable que al comenzar a prepararlo tuviera ya prevista la publicación de una obra compuesta de dos volúmenes. El primero es el evangelio que lleva su nombre; el segundo, Hechos de los Apóstoles.

Con la publicación de estos libros, el autor quiso transmitir un mensaje de valor universal: que Jesús, el «Hijo del Altísimo» (1.32), representa el último capítulo del desarrollo de la humanidad; y que su existencia terrenal, manifiesta bajo la denominación de «Hijo del hombre» (6.22), significa que Dios ha venido a establecer su Reino entre nosotros, y que nos invita a participar de esta realidad nueva y definitiva (17.20-21).

Desde el mismo prólogo del evangelio (1.1-4), Lucas revela una gran preocupación por referir con detalle «la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas» (1.1). Y aun cuando él no había vivido personalmente el acontecimiento de Cristo, trata de proclamarlo tal y como «nos las enseñaron los que desde el principio las vieron» (1.2). Con ese objeto se había entregado de antemano a investigar «con diligencia todas las cosas desde su origen» (1.3).

Igual como haría tiempo después al componer el libro de los Hechos de los Apóstoles, también ahora dedica Lucas su «primer tratado» (Hch 1.1) a un personaje de relieve llamado Teófilo, acerca de quien no ha llegado hasta nosotros mayor información. Solo le conocemos por esas dedicatorias que, en el marco de sus respectivos prólogos (Lc 1.1-4Hch 1.1-5), corresponden a las formas literarias usuales entre los escritores griegos de entonces.

Lucas, ciertamente, se preocupó por narrar de manera inteligente y ordenada cuanto sabía acerca de la persona y el ministerio de Jesús; sin embargo, no es menos cierto que, en sentido estricto, nunca pretendió escribir una biografía, sino un evangelio. Su intención no estuvo simplemente orientada a dar a conocer la vida y las características personales y la actividad de Jesús en medio de la multiplicidad de situaciones religiosas, políticas y sociales en que se desarrolla el drama humano. Lucas, el evangelista, escribe desde la fe y para la fe, rindiendo con ello un personal testimonio de que Jesús es el Mesías que ha venido a dar cumplimiento perfecto al plan salvador dispuesto por Dios antes de todos los tiempos.
Características teológicas y literarias
El Evangelio según san Lucas (=Lc) se ajusta, en términos generales, a los esquemas de Mateo y de Marcos. Ahora bien, se advierte en seguida que Lucas trabajó y pulió su texto con especial esmero. Desde el punto de vista literario, gran parte de los materiales redaccionales comunes a los tres evangelios sinópticos los encontramos más depurados en el tercero de ellos que en los otros dos. Esto es posible merced al dominio que Lucas posee del idioma y a la riqueza del vocabulario que maneja. La amplitud de sus recursos estilísticos se manifiesta incluso cuando, a fin de reproducir con fidelidad determinadas formas del habla popular aramea (sobre todo en discursos de Jesús), introduce conscientemente semitismos o palabras griegas que se alejan del nivel culto habitual en él.

A partir del prólogo, el texto de Lucas puede distribuirse en cinco secciones:

La primera sección (1.5--2.52), sin paralelo en Mateo y Marcos, contiene los relatos entrelazados del nacimiento de Juan el Bautista y de Jesús. Concurren aquí algunas circunstancias que los asemejan: la aportación de datos históricos (1.5 y 2.1-5); la aparición del ángel Gabriel a Zacarías y a María (1.19 y 1.26); los respectivos mensajes de que el ángel es portador (1.11-20 y 1.26-38); los cantos de María y Zacarías en alabanza al Señor (1.46-55 y 1.67-79); el nacimiento de Juan y el de Jesús, y la circuncisión de ambos en cumplimiento de lo establecido por la Ley mosaica (1.57-59 y 2.6-21).

Comienza la segunda sección (3.2--4.13) situando históricamente (3.1-2) un conjunto de hechos: la predicación y el encarcelamiento de Juan el Bautista (3.1-20), el bautismo de Jesús (3.21-22) y la tentación en el desierto (4.1-13). Lucas, lo mismo que Mateo (Mt 1.1-17), inserta una genealogía; pero en lugar de limitarla a la ascendencia hebrea de Jesús, la hace remontar hasta Adán (3.23-38), para dar énfasis al carácter universal de la obra del Señor.

La tercera sección del evangelio (4.14--9.50) comprende el ministerio público de Jesús en Galilea, donde enseñó, predicó, reunió a sus discípulos, sanó a enfermos y posesos, hizo milagros y anunció que había de sufrir, morir y resucitar. Hay aquí textos muy importantes: la parábola del sembrador (8.4-15), la resurrección de la hija de Jairo (8.40-56), la confesión de Pedro (9.18-20) y la transfiguración del Señor (9.28-36). También tenemos aquí relatos que Mateo y Marcos no recogen, como la resurrección del hijo de la viuda de Naín (7.11-17) y la visita del Señor a casa de Simón el fariseo (7.36-50).

En la cuarta sección (9.50--19.27) se agrupan numerosos pasajes exclusivos de este tercer evangelio. Entre otros, una serie de parábolas muy conocidas: el buen samaritano (10.25-37), la higuera estéril (13.6-9), la gran cena (14.15-24), el hijo pródigo (15.11-32), el rico y Lázaro (16.19-31), la viuda y el juez injusto (18.1-8), el fariseo y el publicano (18.9-14) y las diez minas (19.11-27).

La quinta sección (19.28--24.53) narra los acontecimientos finales de la vida terrena de Jesús. Son sus últimos días, que tienen por escenario único a Jerusalén. Todos los hechos ocurren en esta ciudad, desde el día en que las gentes reciben en triunfo al Señor (19.28-38) hasta que es arrestado, procesado, crucificado, muerto y sepultado.

Los sufrimientos, la muerte y la resurrección del Señor (22.47--24.49) constituyen el punto culminante del relato de los cuatro evangelios, cada uno de los cuales aporta en exclusiva alguna información que no se encuentra en los demás. En el caso de Lucas, destaca como noticia propia la presentación de Jesús resucitado a los discípulos en el camino de Emaús (24.13-35).
Lectores, lugar y fecha de composición

El presente evangelio fue escrito para cristianos de procedencia gentil. Desde la antigüedad se ha mantenido con criterio prácticamente unánime la identificación de su autor con Lucas, el compañero de Pablo (2 Ti 4.11; Flm 24), a quien este se refiere en Col 4.14 como «el médico amado». Pero ningún otro dato en relación con nuestro evangelista ha quedado consignado en el NT. Así, se ignora en qué sitio y en qué tiempo fue redactado el evangelio. Solamente a título de hipótesis se han apuntado lugares tan diversos como Corinto, Éfeso y Roma, y fechas que van desde el año 60 hasta el 95.

Esquema del contenido [las subdivisiones que aparecen en el texto se han agrupado en unidades mayores]:

Prólogo (1.1-4)
1. Infancia de Juan el Bautista y de Jesús (1.5--2.52)
Los anuncios del ángel (1.5-38)
Nacimiento de Juan y de Jesús (1.39--2.20)
Infancia de Jesús (2.21-52)
2. Preparación del ministerio de Jesús (3.1--4.13)
3. Ministerio de Jesús en Galilea (4.14--9.50)
Actividades de Jesús (4.14--7.17)
Jesús y Juan el Bautista (7.18-35)
Actividades y enseñanzas (7.36--9.20)
Jesús, el Cristo de Dios (9.21-50)
4. El viaje a Jerusalén (9.51--19.27)
5. Ministerio de Jesús en Jerusalén (19.28--21.38)
6. Semana de la pasión (22.1--24.12)
La víspera de la crucifixión (22.1-62)
Pasión, muerte y resurrección (22.63--24.12)
7. Jesús resucitado (24.13-53)

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