viernes, 9 de octubre de 2015

CUANDO LA GRACIA DE DIOS SE CONVIERTE EN LIBERTINAJE.


Introducción

Judas nos advierte de que es posible convertir la gracia de Dios en libertinaje. Nos dice también que esa falsa enseñanza vendrá por mano de hombres con apariencia de piedad, pero que niegan la eficacia de esa piedad (2 Ti. 3: 1-5).

“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. 4 Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Judas 3, 4).

UN GRAN FRENO A LA VERDADERA MADUREZ ESPIRITUAL DEL CREYENTE, ES EL NO SABER ENTENDER ACERCA DE LA GRACIA DE DIOS.

Por lo tanto, aprendamos primeramente acerca de la gracia de Dios:

1, ¿Qué es la verdadera gracia de Dios? Dice la Palabra de Dios que cuando “abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Ro. 5: 20)

La gracia de Dios es la provisión de Dios para vencer el pecado y vivir en victoria.

MUCHAS VECES NO OBTENEMOS SUFICIENTE VICTORIA SOBRE EL PECADO, PORQUE NO SABEMOS ENTENDER Y APROVECHARNOS DE LA GRACIA QUE DIOS NOS DA PARA ELLO.
Dice Pablo: “así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro” (Romanos 5: 21)

LA GRACIA DE DIOS ES EL PODER DE LA SANGRE DE CRISTO PUESTO EN ACCIÓN, PARA PERDONAR EL PECADO CONFESADO.

Y ES UN REGALO DE DIOS QUE SE OBTIENE POR LA FE.

El que así vive, aprende a madurar espiritualmente en todas las áreas de su vida, tanto en el contexto individual, familiar, laboral y de iglesia local.

El apóstol Juan dice “…si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado…Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1: 7, 9)
La gracia de Dios actúa poderosamente para madurez y santidad para aquel que cree la Palabra y ¡la vive!

La gracia de Dios; el poder del Espíritu Santo 

La gracia de Dios es también el poder del Espíritu Santo, para vivir una vida santa y luchar contra la impiedad. Dice Pablo a Tito: (Tito 2: 11-13) “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, 12 enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, 13 aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”

Esta es la verdadera gracia de Dios. Esta actúa poderosamente a favor del creyente quebrantado de corazón, que se arrepiente genuinamente de su pecado ante Dios.

ESA MANERA DE VIVIR PRODUCE VERDADERA MADUREZ ESPIRITUAL, Y POR TANTO, VERDADERO CRECIMIENTO EN DIOS.

Dos características o frutos de la gracia de Dios en nuestras vidas.

Leemos de nuevo Tito 2: 11-13;

“11 Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, 12 enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, 13 aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”
Vemos a la luz de esta escritura un mínimo de dos características que la gracia de Dios siempre produce en la vida de un verdadero creyente:

1) Nos enseña a vivir en este mundo de forma legítima ante los ojos de Dios, al renunciar a todo lo malo y a los deseos mundanos.

2) Hace que esperemos anhelantes la venida de Jesucristo.


Es sintomático cuando el cristiano no anhela de veras, ni espera la venida de Cristo para llevarse a su amada, la Iglesia, ya que nuestro corazón no debe estar en las cosas de este mundo, sino en las cosas de arriba (Colosenses 3: 2)

EL CREYENTE QUE ESTÁ PENDIENTE DE LAS COSAS DE ESTE MUNDO, EN DETRIMENTO DE LAS COSAS DE ARRIBA, ES COMO POCO, UN INMADURO ESPIRITUAL.

DIFÍCILMENTE ALGUIEN ASÍ PRODUCIRÁ ALGÚN BUEN FRUTO, NI EN LA IGLESIA LOCAL, NI EN SU PROPIA VIDA.


2. Cuando se malentiende la gracia de Dios
Ahora bien, como hemos visto en Judas, se puede convertir la gracia de Dios, en un libertinaje: “…que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios…”:

La palabra griega “aselgueian” que se traduce al español como libertinaje, también significa: insolencia, desenfreno, impudicia.

¿Cómo es posible que la gracia de Dios pueda ser convertida en esas cosas?
Cuando se malentiende la gracia de Dios, sacándola de su verdadero sentido, se pervierte hasta convertirla en ese libertinaje aludido. 

Esto es cuando la gracia de Dios se convierte en una simple excusa para pecar y seguir pecando: “Con que Dios siempre me va a perdonar (esa es su gracia), así pues, seguiré pecando”.

En ese momento, la verdadera gracia de Dios, sólo está en la imaginación del sujeto.

Dice David Wilkerson: “El diablo probablemente no tenga interés en engancharte a las cosas sucias. Quizás él sepa que tu no puedes ser tentado a cometer pecados vulgares. Sin embargo, si él puede pervertir tu concepto de la gracia –si él puede lograr que tu veas la gracia como una excusa para la permisividad—entonces puede llevarte camino a la esclavitud. Pronto estarás haciendo cosas que nunca hubieras concebido. Y lo peor, te habrá vendido la mentira de que no hay problema en complacer a tu codicia”

Y justamente esa es la cuestión: CONVERTIR LA GRACIA DE DIOS EN LA EXCUSA PARA LA PERMISIVIDAD.

Esa PERMISIVIDAD es el permitirse licencias que nunca uno se permitiría si el temor de Dios rigiera su vida.

Cuando vemos a creyentes que llevan años y años en el Señor, y nunca avanzan espiritualmente, y es constante la inmadurez espiritual en ellos, eso es señal inequívoca de que en alguna forma, la gracia del Señor no les alcanza.

A. Como el diablo ha pervertido el concepto de gracia

Veamos más de cerca el engaño del diablo acerca de esa falsa gracia de Dios:
El diablo quiere hacerle creer a usted que el Señor, conque es bueno y misericordioso, pues entonces no es severo frente al pecado.

Satanás quiere que usted piense que no hay ira en el Señor, que Su gracia lo cubre todo…

El engaño del diablo es muy sutil. No utiliza siempre la mentira absoluta para engañar. Veamos un ejemplo:

El enemigo dice algo como esto: “Dios sabe separar el pecado del pecador, por lo tanto, no te preocupes por tu pecado oculto, hay abundante misericordia y perdón en el Señor”:
¡Esto suena tan cercano a la verdad! En efecto, Dios sabe separar el pecado del pecador; no hay límites para el perdón de Dios para aquellos que se acercan con un corazón verdaderamente arrepentido.

De modo que esta declaración es verdadero evangelio en un 95 por ciento. Sin embargo, el otro cinco por ciento es veneno puro que eventualmente destruirá el alma.

El “cinco por ciento” de mentira de Satanás sobre la gracia es la levadura demoníaca que arruina toda la masa.

Ese cinco por ciento en este caso es: “No te preocupes por tu pecado oculto”.

¡Por supuesto que nos hemos de preocupar por el pecado. Esa fue la razón por la cual Jesús tuvo que ir a la Cruz!

Ese “cinco por ciento”, es lo que dijo el apóstol Pablo: «Un poco de levadura fermenta toda la masa» (1 Corintios 5: 9), es decir, indica el gran mal que puede causar algo aparentemente inofensivo.

Dice Pablo: (1 Corintios 5: 8) “Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad”

Si entendemos bien, la manera de combatir el engaño de Satanás, es con la SINCERIDAD Y LA VERDAD.

ESO IMPLICA UNA HONESTIDAD PUESTA EN MARCHA POR NUESTRA PARTE.

¡¡SÍ QUE HAY ABUNDANTE MISERICORDIA Y PERDÓN EN EL SEÑOR POR TU PECADO, PERO SIEMPRE QUE TE ARREPIENTAS (ES DECIR, QUE CAMBIES Y VAYAS EN LA DIRECCIÓN OPUESTA A LA QUE IBAS), SIEMPRE QUE TE APARTES DE TODO CORAZÓN DE ESE PECADO!! 

La propuesta del diablo es la siguiente: “Dios te perdona todos tus pecados, aunque sigas pecando”, lo cual es absolutamente falso.

NO PODEMOS TRANSFORMAR LA GRACIA DE DIOS EN SIMPLE LIBERTINAJE, EN LA PERFECTA EXCUSA PARA PECAR. 
Solamente el que vive conforme a esa norma de santidad, podrá experimentar una verdadera madurez espiritual, y no una religiosidad que a nadie engaña.

¿Qué pasó con esos hombres que ahora son impíos? “4 Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo”:

Esos hombres, son las personas que entraron (y entran) en la iglesia de forma encubierta, es decir, presentándose como cristianos verdaderos (son tanto maestros y ministros del Evangelio, como los llamados laicos)

Ese CONVERTIR la gracia de nuestro Dios en libertinaje, tiene el sentido de “abatir la verdad”, es decir, ponerla en el suelo y volverla pasiva. Eso es lo que hacen esas personas.

Es decir, la gracia de Dios una vez estuvo erguida y activa en la vida de esos hombres impíos, pero como no dejaron su pecado, sino que lo mantuvieron latente, esa gracia con la cual se cubrían y se justificaban, se cayó al suelo y fue pisoteada, despojándola de todo su sentido y poder. Siguen siendo “cristianos”, pero sólo de nombre.

Así como antaño, hoy igualmente ocurre en muchas partes, la gracia de Dios sirve como excusa para seguir pecando. Haciendo así, el Evangelio de la gracia pierde su significado y se vuelve estéril.

Dice Wilkerson acerca de esos hombres:

“En un tiempo, estos hombres conocieron todo el significado de la gracia. Pero, de algún modo, se volvieron adictos a una lujuria a la cual no querían renunciar. En ese punto, comenzaron a retener la verdad en la maldad. 

Tuvieron que inventar una gracia falsa para excusar su lascivia. De modo que hoy predican a un Cristo falso, por medio de un concepto pervertido de la gracia”
¿Cuál es el pecado al cual no quieren renunciar?: De todo tipo. No solamente lujuria de tipo sexual; sino todo tipo de iniquidad. Pablo a los Gálatas da la siguiente lista del fruto de la carne:

“Manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5: 19-21)

Podríamos añadir a eso: Amor al dinero, codicia, amor al posicionamiento y reconocimiento sociales, temor a perder tanto posición social, prestigio, dinero. Cualquier forma de deshonestidad, mentira, engaño, murmuración, calumnia, etc. etc. Todo pecado oculto, etc.

La lista es casi interminable, e incluye cualquier pecado o forma de vida pecaminosa a lo cual no se quiera renunciar.

¿Cómo sigue engañando el enemigo?

El diablo se esfuerza en convencer de que su mentira es la verdad. En este caso, la cosa es así: Convenciendo a los cristianos de que todavía pueden aferrarse a la gracia de Dios aunque sigan deleitándose en el pecado.

Esto lo hace esgrimiendo la misma Palabra de Dios, sacándola del contexto, y que leímos antes: “cuandoabundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Ro. 5: 20).

En este sentido, él persuade a los cristianos de que la gracia es como un río interminable de perdón. Dice así: “Puedes regresar cuando quieras al pecado, siempre que regreses al altar; ¿no dijo Jesús que debemos perdonar a los demás por lo menos 490 veces?”

Esto casi suena verdad, ¿pero lo es? 

Dios siempre perdona y olvida; siempre que la persona se arrepienta, confiese su pecado, y se aleje de él. Siempre que Dios vea un corazón quebrantado, le dará la gracia.

Pero Dios nunca dará Su gracia a un corazón que ama el pecado y se deleita en él, aunque luego vaya un millón de veces al altar.

Como dice Wilkerson con claridad: “La verdad es que si tú no deseas ser libre de la lujuria, irás corriendo con el “don de la gracia de Dios” directo al pecado”

Pablo aclara el engaño que hay en este pensamiento: “¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera”(Romanos 6:1-2).
No se puede presentar la gracia de Dios como excusa para seguir pecando.

Conclusión

La conclusión es sencilla: ¿Amaremos a Dios más que al pecado? Dice Hebreos 11: 24-26 “ Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, 25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, 26 teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón”

El resultado del pecado es muerte eterna. El resultado de seguir a Cristo es vida eterna.

Como dijo Elías al pueblo de Dios: “¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos?”
La gracia de Dios está disponible para todos aquellos que queremos vivir de espaldas al pecado. Y esa es la verdadera madurez espiritual.

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