jueves, 13 de agosto de 2015

El camino de victoria!

Desde el momento en que usted recibió al Señor Jesús como su Salvador, ha estado en el camino angosto que lleva al cielo. En este camino, usted y yo encontraremos a muchos otros cristianos que también van camino al cielo.

Es maravilloso tener a Jesús como nuestro Salvador, pero también debemos reconocer que el camino al cielo no siempre es fácil. ¿Por qué? Porque tenemos muchos enemigos.


La Biblia nos dice de tres grandes enemigos del cristiano—(1) el mundo, (2) la carne y (3) el diablo.

¿Qué hacen estos enemigos? Intentan hacernos pecar. Pero Dios ha hecho posible la victoria. En esta lección vamos a aprender cómo podemos vencer a estos tres enemigos.

La Biblia usa la palabra “mundo” de varias maneras. Algunas veces se refiere a la tierra que Dios ha creado. Otras veces se refiere a la gente que está en el mundo, como en Juan 3:16 donde la Biblia dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo”.

Un tercer significado se encuentra en 1 Juan 2:15 donde la Biblia dice: “No améis al mundo”. ¿A qué se refiere aquí la palabra “mundo”? Se refiere a las cosas atractivas del mundo que Satanás utiliza para alejarnos de Dios.

Dios desea que le amemos con todo nuestro corazón. Satanás no quiere que amemos a Dios, así que utiliza las cosas atractivas del mundo para alejarnos de Dios y de Su voluntad.

¿Cuáles son algunas de las cosas que utiliza Satanás para alejarnos de Dios? Puede utilizar la televisión, algunas películas, cierta clase de música o alguna otra cosa que nos agrada.

Algunas de estas cosas quizás no sean malas en sí mismas, pero si empiezan a tomar el primer lugar en nuestra vida, llegan a ser pecado para nosotros. Si nos hacen pasar menos tiempo en oración y en la lectura de la Palabra de Dios, o por causa de ellas no asistimos a la iglesia el día domingo, entonces son pecado para nosotros. La Biblia dice:

“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” (1 Juan 2:15).

La Biblia dice en Gálatas 1:4 que Cristo “se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo”. Dios desea que venzamos al mundo y sus atracciones pecaminosas.

¿Cómo podemos vencer “al mundo”? Vencemos al mundo al amar al Señor Jesús con todo nuestro corazón. El mundo tiene muchas cosas atractivas y placeres pecaminosos, pero realmente no satisfacen nuestros corazones. Sólo Cristo puede hacer eso.

¿Desea usted amar más a Cristo? Entonces piense en Su gran amor por usted. Al pensar en cuánto Él le ama y cómo sufrió y murió por sus pecados, usted le amará más y más. Y si verdaderamente ama al Señor Jesús, amará las cosas de Dios y no las cosas del mundo. La Biblia dice:

“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:2).

El segundo gran enemigo del cristiano es la carne. ¿Qué es la carne? La carne es nuestra naturaleza humana pecaminosa. Otro nombre para la carne es el “Yo”. El “Yo” es lo que somos.

Para saber cómo somos en realidad, veamos cómo es el “Yo”.

El “Yo” es muy orgulloso. También el “Yo” cree que es la persona más importante del mundo. Al “Yo” le agrada que todos lo respeten.

El “Yo” es completamente egoísta. El “Yo” vive para agradarse a sí mismo. Siempre desea que las cosas salgan a su manera—no le gusta obedecer a nadie.

El “Yo” nunca quiere reconocer que está equivocado. Siempre trata de echarle la culpa a otros.

El “Yo” se ofende fácilmente. No le gusta perdonar a otros, sino guardar rencor. Dios nos dice que debemos perdonar a otros, pero el “Yo” nunca quiere obedecer a Dios.

Quizás no le guste reconocerlo, pero ésta es la manera en que usted y yo somos en realidad. El “Yo” ha estado en el trono de nuestro corazón.

Cuando recibimos a Jesús, Él viene a vivir en nuestro corazón. Esto es hermoso, pero aún hay un problema. ¡El problema es que el “Yo” no se fue! El “Yo” sigue viviendo en nuestro corazón. Quizás usted ya haya notado que, aunque tiene a Cristo en su corazón, sigue haciendo cosas que no debe hacer. La razón es que el “Yo” sigue en el trono de su corazón.

Cuando el “Yo” está en el trono, cometemos muchos pecados. Somos orgullosos, somos egoístas. Somos desobedientes. Peleamos y nos enojamos. No nos gusta perdonar a otros. Estos pecados lastiman el corazón del Señor Jesús. Dios desea que tengamos victoria sobre el “Yo”.

¿Cuál es el secreto de la victoria sobre el “Yo”? El secreto es tener a Cristo como el Rey de nuestra vida. Debemos quitar al “Yo” del trono y poner a Cristo.

El Señor Jesús realmente tiene el derecho de ser el Rey de nuestra vida. ¿Por qué? Porque le pertenecemos a Él. La Biblia dice:

“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo…y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio” (1 Corintios 6:19-20).

¿Cuál fue el precio que el Señor Jesús pagó por nosotros? Ese precio fue Su propia sangre. Él dio Su vida para redimirnos.

Ahora ¿a quién le pertenecemos? Le pertenecemos a Cristo. Él tiene el derechode ser Rey de nuestro corazón. Pero aun cuando Cristo tiene el derecho de ser nuestro Rey, Él desea que le digamos quedeseamos que Él sea el Rey en nuestra vida.

Cuando Cristo esté en el trono de nuestro corazón, tendremos Su amor, Su gozo y Su paz. No cometeremos los pecados del “Yo”.

Usted debe escoger entre el “Yo” y Cristo. Debe decidir quién va a estar en el trono de su corazón. Si escoge a Cristo como el Rey de su vida, entonces debe obedecerlo.

¿Desea que Cristo sea Rey de su vida? ¿Por qué no se detiene ahora mismo para decirle a Él que de verdad lo quiere como su Rey? Aquí hay una oración que usted puede repetir:

“Señor Jesús, Te doy las gracias por amarme tanto y por morir por mí. Ahora soy Tuyo y quiero que Tú estés en el trono de mi corazón y que seas el Rey de mi vida. Quiero obedecerte y hacer Tu voluntad”.

Recuerde, si Cristo es su Rey, debe vivir para agradarle a Él y no al “Yo”.

El enemigo más poderoso del cristiano es el diablo. También se le llama Satanás. La Biblia dice:

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar” (1 Pedro 5:8).

Cuando usted recibió a Cristo como su Salvador, tomó un paso que no le gustó a Satanás. Usted lo dejó a él y se unió a los que confían en el Señor Jesús. Satanás sabe que no puede impedir que usted llegue al cielo, pero hará todo lo posible para tentarlo y hacerlo pecar.

¿Cómo nos tienta Satanás? Nos tienta poniendo malos pensamientos en nuestras mentes. Lo puede hacer él mismo, o puede usar cosas como películas, la televisión o revistas y libros sucios.

Satanás le tentará con la inmoralidad y con los pecados sexuales. Quizás le tentará con drogas o alcohol. Sabe que estas cosas destruirán su cuerpo y su mente.

Satanás tiene otros métodos para atacarlo. Cuando usted peque, Satanás intentará hacerlo pensar que Dios está enojado con usted y que no le perdonará. Satanás intentará hacerlo dudar de su salvación.

Satanás intentará desanimarlo y hacerlo sentirse temeroso.¡Satanás es un enemigo terrible!

¿Podemos derrotar a Satanás con nuestras propias fuerzas? No, no podemos. Él es demasiado poderoso para nosotros. Pero hay buenas noticias, ¡Cristo ya ha derrotado a Satanás!

Cuando Cristo murió en la cruz, Satanás pensó que había ganado una gran victoria. Pero Cristo no quedó en la tumba—¡Él resucitó de la muerte! El Señor Jesucristo fue victorioso sobre Satanás y todos los poderes de la oscuridad.

Puesto que Cristo es nuestro Salvador y nosotros le pertenecemos a Él, compartimos Su victoria sobre Satanás. La victoria de Cristo es nuestra victoria. El Señor Jesús nos ha librado del poder de Satanás.

No hay por qué tenerle miedo a Satanás. ¿Por qué? Porque Cristo vive en nosotros, y es más poderoso que Satanás. La Biblia dice:

“Mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4).

¿Qué significa este versículo? Significa que Cristo es más poderoso que Satanás. Cristo vive en nosotros para darnos victoria sobre las tentaciones de Satanás.

El secreto de la victoria sobre las tentaciones de Satanás es saber que Cristo vive en nosotros y confiar en Él para darnos la victoria.

Una niña había aprendido este secreto y dijo:

“Cuando Satanás toca a la puerta de mi corazón para tentarme a hacer cosas malas, yo sólo digo: ‘Señor Jesús, por favor abre la puerta’. Cuando Satanás ve al Señor Jesús, se agacha y dice: ‘Me equivoqué de casa’, e inmediatamente se va”.

¿Cuál fue el secreto de esta niña? Fue esto: ella reconoció que Cristo estaba viviendo en su corazón y confió en Él para darle la victoria sobre las tentaciones de Satanás. Debemos hacer lo mismo.

Satanás quizás nos tiente, pero no puede obligarnos a pecar. Podemos decir: “¡No!” a Satanás. La Biblia dice:

“Resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7).

¿Qué sucede si pecamos? ¿Qué sucede cuando pecamos? ¿Tiene un plan Dios para Sus hijos cuando pecan? Sí, y se encuentra en 1 Juan 1:9:

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

¿Qué dice este versículo? Que si confesamos nuestros pecados a Dios, Él nos perdona y nos limpia.

¿Qué debemos hacer cuándo pecamos? Primero debemos confesar ese pecado a Dios, y luego debemos creer que Dios nos perdona.

Confesar un pecado significa que reconocemos eso mismo—que es pecado. No debemos intentar justificarlo con pretextos. Si mentimos, necesitamos confesarle a Dios que hemos mentido. Si nos enojamos, debemos confesar esto a Dios. También debemos arreglar las cosas con los demás. Después de hacer esto, debemos creer que Dios nos ha perdonado.

Dios quiere que tengamos la victoria en nuestras vidas. Entre más aprendemos a confiar en el Señor Jesucristo y a obedecerlo, más podremos decir: “¡No!” al mundo, la carne y el diablo. Dios nos da la victoria a través de nuestro Señor Jesucristo. La Biblia dice:

“Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57).

Cómo ganar almas para Cristo
Después de ser salvos, Dios desea que ganemos a otros para Cristo. La Biblia dice: “El que gana almas es sabio” (Proverbios 11:30).

¿Le gustaría saber cómo ganar almas para Cristo? Aquí hay cinco pasos para ayudarle. Empiece desde abajo y lea hacia arriba. Queremos explicarle los pasos, para que usted se los pueda explicar a otros.

“Por cuánto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).

Este versículo nos dice que todos hemos pecado. Antes de que un individuo pueda ser salvo, debe reconocer que es pecador.

La Biblia dice que la paga del pecado es muerte. Esto significa estar separados de Dios para siempre en el infierno. ¡Qué terrible! Como somos pecadores y estamos condenados a muerte, necesitamos un Salvador.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Esto significa que Dios nos ama y que dio a Su Hijo para ser nuestro Salvador. ¡Qué gozo!

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

Este versículo nos dice que Cristo murió por nuestros pecados. Pagó la pena de nuestros pecados con Su muerte en la cruz. Pero Cristo no permaneció muerto. Resucitó de la tumba. ¡Es un Salvador vivo!

“Mas a todos los que lerecibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

Para llegar a ser hijo de Dios uno debe acercarse como pecador y recibir a Jesús como su Salvador. Si le gustaría recibir a Cristo como su Salvador, aquí hay una oración con la que puede recibir a Cristo:

“Señor Jesús, sé que he pecado, y me arrepiento de verdad. Gracias por amarme tanto y por morir en la cruz por mis pecados. Por favor entra a mi corazón y límpiame de mis pecados. Te recibo como mi Salvador ahora mismo”.

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36).

Cuando usted cree que Jesús murió por sus pecados, y lo recibe como su Salvador, es salvo y tiene vida eterna. ¿Cómo sabe que tiene vida eterna? Lo sabe porque Dios lo dice en Su Palabra: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36).

¡Dios lo dijo!

¡Yo lo creo!

¡Estoy seguro!

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