miércoles, 30 de octubre de 2013

"¿Qué quiere decir la Biblia cuando leemos: "Dice el necio en su corazón: 'No hay Dios'"?"

Respuesta: Tanto en el Salmo 14:1 como el Salmo 53:1 leemos, "Dice el necio en su corazón: No hay Dios." Algunos citan estos versículos para indicar que los ateos son faltos de inteligencia. Sin embargo, este no es el significado de la palabra hebrea traducida como "necio."

En el texto, la palabra hebrea es 'nabal,' y se refiere más a una "necedad moral," por ej. una persona sin moralidad. El significado del texto no es que "la gente sin inteligencia no cree en Dios." Más bien, el sentido del texto es "la gente inmoral no cree en Dios."

Muchos ateos son muy inteligentes. No es su inteligencia, o la falta de ella, la que lleva a la persona a rehusar a creer en Dios. Es la falta de moralidad lo que conduce a una persona a rechazar el creer en Dios. 

La gente no rechaza la idea de que hay un Ser Creador. Más bien, la gente rechaza la idea de que sea un Ser Creador que demande moralidad de su creación. 

Así que para descargar sus conciencias y aliviar su propia culpa, la gente rechaza la idea de Dios como la única fuente de moralidad absoluta. El hacerlo, permite a los ateos vivir de la manera que les plazca – tan moral o inmoralmente como ellos deseen – sin sentimientos de culpa por su negativa a rendir cuentas a Dios.

Muchos prominentes ateos han admitido esto. Cuando se le preguntó a un famoso ateo, que era lo que esperaba lograr con el ateísmo, declaró que él quería "tomar mucho alcohol y tener sexo con tantas mujeres como fuera posible." 

Creer en un Ser divino conlleva un sentimiento de rendición de cuentas y responsabilidad hacia ese Ser. Así que, para escapar de la condenación de la conciencia, la cual fue creada por Dios, uno debe negar la existencia de Dios, con el fin de negar la influencia moral de la consciencia.

Esto no es decir que todos los ateos sean gente inmoral. Muchos ateos viven una vida relativamente moral. El punto del "dice el necio en su corazón 'No hay Dios.'" Es que una falta de evidencia de su existencia no es la verdadera razón por la que la gente rechaza creer en Dios. 

La gente rechaza la creencia en Dios, debido a un deseo de vivir libres de restricciones morales que Él requiere, y escapar de la culpa que acompaña la violación de esos estatutos. 

"La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad, porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto,… de modo que no tienen excusa. … se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. 

Profesando ser sabios, se hicieron necios,… Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira,…" (Romanos 1:18-25).

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lunes, 28 de octubre de 2013

"¿Qué es el Día de los Muertos?"


Respuesta: El Día de los Muertos es una fiesta celebrada en México y por los latinoamericanos que viven en los Estados Unidos y Canadá.
Esta fiesta existe en conexión con las fiestas católicas que caen en el 1 y 2 de noviembre, el Día de Todos los Santos y el Día de los Difuntos. 

En el Día de los Muertos, más exactamente llamado el "culto a los muertos,” los amigos y familiares de los fallecidos se reúnen para orar por ellos y llevar a la tumba del difunto comidas favoritas, a menudo incluyendo las tradicionales “calaveras de azúcar " y el "pan de la muerte." 

Se crean altares privados en honor de los difuntos y se dan homenaje a ellos. Los orígenes de esta fiesta han sido trazados hace miles de años a un festival azteca dedicada a una diosa llamada Mictecacihuatl.

Aunque muchos de los que celebran el Día de los Muertos se llaman cristianos, no hay nada cristiano en tales prácticas. La celebración del Día de los Muertos por los paganos es una cosa, pero para los cristianos participar en o tolerarla no es bíblica, por decir lo menos. 

Ofrecemos esta respuesta en un espíritu de mansedumbre y respeto, orando que pueda advertir a los demás y equipar a los cristianos, para que puedan ser capaces de responder a aquellos sin esperanza y sin Cristo en el mundo (Efesios 2:12), cuando ellos nos piden dar una razón de la esperanza que está en nosotros (1 Pedro 3:15).

La fuerza que impulsa a la gente a participar en este evento impío es la falsa idea de que por medio de sus rituales y prácticas, ellos pueden comunicarse con sus familiares queridos difuntos, que ellos creen que participan en estas ceremonias. 

Esto simplemente no es verdad. Bíblicamente, hay un sólo “día” más que los muertos no arrepentidos pueden estar seguros de anticipar: el día en que se presentarán delante de Dios para el juicio final (Apocalipsis 20:11-15). 

Cuando un alma pasa a la eternidad, o bien entra en la bendita presencia del Señor, o sigue a la espera del juicio final antes de ser echado al infierno eterno. La Biblia dice que "está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio" (Hebreos 9:27). 

Esto simple y claramente quiere decir que cuando una persona muere, el cuerpo se desintegra al polvo, pero el alma permanece consciente en el estado en que se habitará por toda la eternidad, ya sea la condenación en el infierno o la gloria eterna con Dios.

En el evangelio de Lucas, Jesús enseñó que Dios ha establecido un abismo infranqueable entre los que están en el cielo y los que están en tormento (Lucas 16:26). La palabra griega traducida "puesta" significa establecer o hacer firme. 

Cada alma que muere sin Cristo ha perdido toda esperanza. Los muertos no arrepentidos enfrentan una eternidad de sufrimiento indescriptible, la destrucción eterna, lejos de la presencia del Dios y la gloria de su poder. Jesús mismo dijo: "E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna" (Mateo 25:46). 

Antes de morir, los no arrepentidos disfrutan de la "gracia común" que Dios concede a todas las personas, el mal y el bien. Experimentan los olores, sabores y sonidos de la vida; ellos pueden caer en el amor y experimentar otras alegrías que forman parte de la vida. Pero el momento en que mueren sin Cristo, están aislados de tales bendiciones comunes para siempre. 

Tal como el pasaje citado más arriba enseña, después de la muerte viene el juicio. Además de la descomposición del cuerpo que sigue a la muerte (el cuerpo físico vuelve a sus elementos físicos constitutivos - "porque tú eres polvo y al polvo volverás" [Génesis 3:19]), cualquier otra empresa terrenal termina, y no puede haber más participación en las cosas de la vida (Eclesiastés 9:10). Los muertos no tienen sabiduría que ofrecer a quienes se les consultarán en el Día de los Muertos, ni son capaces de escuchar o responder a las oraciones que se les ofrece.

En el Día de los Muertos, cada celebrante que invoca las almas de los difuntos se involucra en un pecado abominable y sin sentido por completo (Deuteronomio 18:10-12). Sólo Uno es digno y lo suficientemente poderoso como para llamar a los muertos; Él llamará a estos a la resurrección de condenación (Juan 5: 28-29). 

Los que han muerto en Cristo, no están realmente muertos, ya que pasan inmediatamente a la presencia del Señor; la Biblia dice que "duermen." La muerte es sin duda gravosa a los que no tienen esperanza, que están sin Cristo (1 Tesalonicenses 4:13). 

No obstante, al que conoce al Señor se siente alentado por el conocimiento que así como Jesús murió y resucitó, así también, a través de Jesús, también traerá Dios con Jesús a los que duermen. 

Porque el mismo Señor Jesús “descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. "(1 Tesalonicenses 4:16-18). ¡Esta es la verdad real!

La Palabra de Dios nos advierte que no consultemos a espíritus y adivinos en Isaías 8:19: "¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?" Deuteronomio 18:10-11 nos dice que aquellos que consultan a los muertos son "abominables" delante del Señor. 

El hecho de que la UNESCO ha declarado el día de la Fiesta del Indio Muerto una “obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad" no altera el hecho de que, de acuerdo con las normas bíblicas, los cristianos no deben tener nada que ver con esos mitos (1 Timoteo 4:7, cf. 1:4). 

Según la UNESCO, las diversas manifestaciones del Día de los Muertos son "representaciones importantes del patrimonio vivo de América y el mundo"; sin embargo, con todo respeto debemos declarar las razones bíblicas por qué esta celebración tradicional es espiritualmente dañina y ofensiva. 

Cuando cualquier tradición o costumbre es contraria a la voluntad de Dios expresada en su Palabra, no puede haber ninguna justificación para honrar y preservar la misma. De hecho, aquellos que lo hacen son tontamente provocando la ira de Dios (2 Crónicas 33:6). 

Como ya hemos visto, la Biblia nos advierte no consultar (o dar audiencia) a los muertos, como ocurre a menudo en el Día de los Muertos. En pocas palabras, el pueblo de Dios debe separarse de tales prácticas pecaminosas, como se hace en el Día de los Muertos, y así evitar la ira que vendrá sobre aquellos que las hacen (Apocalipsis 18:4).

La misión principal de la iglesia es alcanzar a cada grupo étnico y cultura, y hacer discípulos, bautizándolos y enseñándoles a guardar todo lo que Cristo mandó (Mateo 28:19-20), hasta que cada miembro del cuerpo de Cristo se ha conformado a la imagen del Señor Jesús (Gálatas 4:19). 

Y mientras que haríamos bien en seguir el ejemplo del apóstol, convirtiéndose en todo para todo el pueblo, para que por todos los medios podamos salvar a algunos, esto no quiere decir que cambiemos el mensaje (el evangelio). Más bien, nos humillamos y confiamos en que Dios va a usar su Palabra no diluida para que la bendición de la salvación alcance a aquellos fuera de la fe (1 Corintios 9:22-23). 

Nosotros no nos permitimos una alteración creativa del evangelio para eliminar sus aspectos de confrontación, pero lo presentamos en su pureza, aunque sabemos que esto invariablemente ofenderá a algunos, y estos pueden acusar al evangelista veraz de ser intolerante. Esto no es sorprendente porque el Evangelio ha sido siempre una piedra de tropiezo para muchos.

El Día de los Muertos está en contraste con el evangelio de verdad que se encuentra en las Escrituras. Como tal, se lo debe evitar como una manifestación más de las mentiras de Satanás, que ronda “como león rugiente, buscando a quien devorar" (1 Pedro 5:8).

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viernes, 25 de octubre de 2013

"Católicos contra Protestantes - ¿por qué hay tanta animosidad, oposición o antipatía?"

Respuesta: Esta es una pregunta simple con una complicada respuesta, porque hay varios grados de, y razones para, la animosidad entre cualquier par de grupos religiosos.

Esta batalla en particular tiene sus raíces en la historia. 

Hay grados de reacción que han ido desde un desacuerdo amistoso (como lo reflejado en los numerosos diálogos ecuménicos producidos entre dos grupos), hasta la persecución y el asesinato de protestantes a manos de Roma. 

Las enseñanzas de la Reforma que identificaban al Papa como la Bestia de Apocalipsis y al Catolicismo Romano como el Misterio de Babilonia, son aún comunes entre los protestantes. Desde luego, cualquiera con esta opinión no va a acercarse como amigo a Roma en un futuro próximo.

Para la mayor parte, al menos en la actualidad, mucha de la animosidad viene de la naturaleza humana básica cuando trata con un desacuerdo fundamental sobre verdades eternas.

Las pasiones se disparan en la mayoría de los asuntos importantes de la vida, y la fe de uno está (o al menos debería estar) en la cima del montón. 

Muchos protestantes piensan que los católicos enseñan un evangelio de obras que no puede salvar; mientras que los católicos romanos piensan que los protestantes enseñan una creencia fácil que no requiere más que provocar una explosión emocional por medio de una predicación manipuladora.

Los protestantes culpan a los católicos de adorar a María y los católicos piensan que los protestantes son aparentemente demasiado torpes para entender las distinciones que Roma ha hecho a este respecto. Estas caricaturas son con frecuencia difíciles de superar.

Detrás de los particulares desacuerdos sobre el papel de la fe y las obras, los sacramentos, el canon de la Escritura, el papel del sacerdocio, las oraciones a los santos, y todas las discusiones que rodean a María y el Papa, etc., está la mayor grieta entre el Catolicismo Romano y el Protestantismo - el desacuerdo de la autoridad. 

La manera en que uno responda a la pregunta sobre la autoridad, generalmente resolverá todas las demás. Cuando se trata de decidir un desacuerdo teológico acerca de la definición del dogma católico, no hay mucho que discutir en el lado católico, porque una vez que Roma habla, queda establecido.

Esto es un problema cuando se trata de rebatir a un católico romano – la razón y la Escritura no son una autoridad final para los católicos. Ellos siempre pueden retraerse a la “zona segura” de la autoridad Católica Romana.

Muchos de los argumentos entre protestantes y católicos girarán alrededor de la “interpretación privada” de uno sobre la Escritura, en contra de las “enseñanzas oficiales de la Iglesia Católica Romana.” 

Los católicos afirman evadir con éxito los legítimos problemas de la interpretación privada, por su confianza en su tradición. Pero esto solo empuja la pregunta un paso hacia atrás. 

La verdad es que ambos, católicos romanos y protestantes, deben, al final, basarse en sus habilidades de razonamiento (para elegir su autoridad) y sus habilidades interpretativas (para entender lo que esa autoridad enseña), a fin de determinar en lo que creerán. Los protestantes están simplemente más dispuestos a admitir que este es el caso.

Ambos lados también pueden ser ferozmente leales a su fe familiar o la iglesia donde crecieron sin pensar mucho en los argumentos doctrinales. 

Obviamente hay muchas posibles razones, y mientras que no debemos dividirnos por desacuerdos secundarios, ambos lados acuerdan que sí debemos dividirnos cuando se trata de desacuerdos primarios. 

Más allá de eso, podemos acordar el diferir y adorar donde nos encontremos más de acuerdo. Cuando se trata del Catolicismo Romano y el Protestantismo, las diferencias son demasiado grandes para ignorarlas. 

Sin embargo, eso no nos da licencia para hacer caricaturas o juicios ignorantes – ambos lados necesitan ser honestos en sus argumentos y tratar de no ir más allá de lo que Dios ha revelado.

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jueves, 24 de octubre de 2013

"¿Cuál es el papel del esposo y la esposa en una familia?"

Respuesta: Aunque el hombre y la mujer son iguales en relación a Cristo, las Escrituras asignan papeles específicos para cada uno dentro del matrimonio.

El esposo debe asumir el liderazgo en la casa (1 Corintios 11:3; Efesios 5:23). Este liderazgo no debe ser dictatorial, condescendiente, o de superioridad hacia la esposa, sino debe ser de acuerdo con el ejemplo de Cristo como cabeza de la iglesia.

“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a Sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra.” (Efesios 5:25-26). 

Cristo amó a la iglesia (su pueblo) con compasión, misericordia, perdón, respeto y sin egoísmo; de la misma manera, los esposos deben amar a sus esposas.

Las esposas deben estar sujetas a la autoridad de sus esposos. “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es Su cuerpo y Él es su Salvador. 

Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.” (Efesios 5:22-24). El sometimiento no es solo responsabilidad de las mujeres que tienen esposos cristianos. 

Jamás debemos someternos a nuestros esposos si ello requiere desobedecer a Dios; la relación que tenemos con el Señor es la más importante (Deuteronomio 6:5). Pero el predicarles, insistirles, quejarse, y rehusarse a servirles, sólo alejará al marido incrédulo aún más de Dios. 

En cambio, al mostrar a su esposo el amor de Cristo, a través de un comportamiento piadoso al servirle y amarle, le dará un excelente ejemplo de cómo Cristo sirvió y amó a la iglesia. Si una mujer cristiana tiene un esposo incrédulo, no debe dejarlo si él consiente en quedarse con ella. 

Y si un esposo cristiano tiene una esposa no creyente, él no debe abandonarla si ella quiere permanecer con él. Pero si el incrédulo se separa, está bien dejar que se vaya. (1 Corintios 7:2-15).

Aunque las mujeres deben sujetarse a sus esposos, la Biblia también les dice a los hombres varias veces, cómo deben tratar a sus esposas. El esposo no debe asumir el papel de dictador, sino mostrar respeto por su esposa así como por sus opiniones. “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. 

El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida,...” (Efesios 5:28-29). “Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.” (Efesios 5:33). “Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. 

Maridos, amad a vuestras mujeres y no seáis ásperos con ellas.” (Colosenses 3:18-19). “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.” (1 Pedro 3:7). 

De acuerdo a estos versos, podemos ver que el amor y el respeto caracterizan los papeles tanto de esposos como de esposas. Si están presentes la autoridad, el liderazgo, el amor y la sujeción, no habrá problema para ninguno de los dos.

Respecto a la división de responsabilidades en el hogar, la Biblia instruye a los esposos a proveer para sus familias. Esto significa que él trabaje y gane el suficiente dinero para cubrir todas las necesidades de vida de su esposa e hijos. 

El fracasar en ello, definitivamente tiene consecuencias espirituales. “Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.” (1 Timoteo 5:8). Un incrédulo es alguien que no es creyente. 

Así que un hombre que no se esfuerza por proveer para su familia, no puede llamarse un cristiano. Esto no significa que la mujer no pueda ayudarle al mantenimiento de la familia – Proverbios 31 demuestra que una esposa piadosa seguramente puede hacerlo. 

Pero proveer para la familia no es su responsabilidad primaria como esposa – es de su esposo - mientras que un esposo debe ayudar con los hijos y con los quehaceres de la casa (cumpliendo así su deber de amar a su esposa). Proverbios 31 también deja en claro que el hogar debe ser la responsabilidad y el área de influencia más importante de la mujer. 

Nótese que la administración de sus bienes, no la exime de preparar la comida y hacer ropa para su familia (vv. 13-24). Aún si ella tenga que acostarse tarde, y levantarse temprano, su familia deberá estar bien atendida. 

Este no es un estilo de vida fácil para muchas mujeres – especialmente en los prósperos países occidentales – y demasiadas mujeres viven estresadas y presionadas hasta su límite, por tratar de hacerlo todo. 

Cuando esto ocurre, el esposo y la esposa deben reordenar piadosamente sus prioridades y seguir las instrucciones bíblicas sobre sus obligaciones.

Los conflictos respecto a la división de trabajos en un matrimonio son fáciles de surgir, pero si ambas partes se someten a Cristo, estos conflictos serán mínimos. 

Si una pareja encuentra que sus discusiones sobre este punto son frecuentes y con rencor, o parecen caracterizar su matrimonio, el problema es de índole espiritual, y como pareja deben re-comprometerse entre ellos mismos a orar y sujetarse primeramente a Cristo, luego uno al otro en actitud de amor y respeto.

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miércoles, 23 de octubre de 2013

"¿Qué dice la Biblia acerca del crecimiento de la iglesia?"

Respuesta: Aunque la Biblia no se refiere específicamente al crecimiento de la iglesia, el principio del crecimiento de la iglesia es el entendimiento de lo que dijo Jesús “…y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” (Mateo 16:18).

Pablo confirmó que la iglesia tiene su fundamento en Jesucristo (1 Corintios 3:11). Jesucristo es también la cabeza de la iglesia (Efesios 1:18-23) y la vida de la iglesia (Juan 10:10). 

Habiendo dicho esto, debe ser recordado que el “crecimiento” puede ser un término relativo. Hay diferentes clases de crecimiento, algunas de las cuales no tienen nada que ver con números.

Una iglesia puede estar viva y creciendo, aún cuando el número de sus miembros o congregantes no cambie. 

Si aquellos que están en la iglesia están creciendo en la gracia y el conocimiento del Señor Jesús, sujetando sus vidas a Su voluntad, tanto individual como colectivamente, esa es una iglesia que está experimentando un verdadero crecimiento. 

Al mismo tiempo, una iglesia puede estar aumentando su membrecía semanalmente, llegando a contar con grandes números, y aún así estar muerta espiritualmente.

El crecimiento de cualquier tipo sigue un patrón típico. Al igual que un organismo, la iglesia local tiene a aquellos que plantan la semilla (evangelistas), aquellos que riegan la semilla (pastores/maestros), y otros que usan sus dones espirituales para el crecimiento espiritual de los que están en la iglesia local. 

Pero nótese que es Dios quien da el crecimiento (1 Corintios 3:7). Aquellos que plantan y aquellos que riegan recibirán cada uno su propia recompensa, de acuerdo a su labor (1 Corintios 3:8).

Debe haber un balance entre quienes plantan y quienes riegan para el crecimiento de la iglesia local, lo que significa que en una iglesia sana, cada persona debe saber cuál es su don espiritual, para que pueda funcionar plenamente dentro del Cuerpo de Cristo. 

Si el plantar y el regar están fuera de balance, la iglesia no prospera conforme al propósito de Dios. Desde luego, debe haber obediencia y una dependencia diaria del Espíritu Santo, para que Su poder pueda ser derramado en aquellos que plantan y riegan, para que venga el crecimiento por parte de Dios.

Finalmente, la descripción de una iglesia viva y creciente, se encuentra en Hechos 2:42-47, donde se declara que los creyentes “…perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.” 

Luego dice que se ayudaban unos a otros, y alcanzaban a aquellos que necesitaban conocer al Señor, por lo que el Señor “añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.” 

Cuando estas cosas están presentes, la iglesia experimentará crecimiento espiritual, ya sea que haya o no un incremento numérico.

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martes, 22 de octubre de 2013

"¿Qué dice la Biblia acerca del sexo antes del matrimonio / relaciones prematrimoniales?"

Respuesta: Junto con todos los otros tipos de inmoralidad sexual, el sexo antes del matrimonio / las relaciones prematrimoniales son condenados repetidamente en la Escritura (Hechos 15:20; Romanos 1:29; 1ª Corintios 5:1; 6:13, 18; 7:2, 10:8; 2ª Corintios 12:21; Gálatas 5:19; Efesios 5:3; Colosenses 3:5; 1ª Tesalonicenses 4:3; Judas 7).

La Biblia promueve la abstinencia antes del matrimonio. El sexo antes del matrimonio es tan malo como el adulterio y otras formas de inmoralidad sexual, porque todos ellos involucran tener sexo con alguien con quien no se está casado. El sexo entre un esposo y su esposa es la única forma de relación sexual que Dios aprueba (Hebreos 13:4).

El sexo antes del matrimonio se ha vuelto tan común por muchas razones. A menudo nos concentramos en el aspecto de “recreación” del sexo, sin reconocer el aspecto de “re-creación”. Sí, el sexo es agradable. 

Dios lo diseñó de esa manera. El quiere que los hombres y las mujeres disfruten de la actividad sexual (dentro de los límites del matrimonio). Sin embargo, el propósito primario del sexo no es el placer, sino más bien la reproducción. 

Dios no declaró ilegal el sexo fuera del matrimonio para quitarnos el placer, sino para protegernos de embarazos no deseados y de niños nacidos de padres que no los desean o no están preparados para ellos. 

Imagínense cuán mejor sería nuestro mundo si fuera seguido el patrón de Dios para el sexo: menos transmisión de enfermedades sexuales, menos madres solteras, menos embarazos no deseados, menos abortos, etc. 

La abstinencia es la única norma de conducta de Dios cuando se trata del sexo antes del matrimonio. La abstinencia salva vidas, protege a los bebés, da el valor adecuado a las relaciones sexuales, y lo más importante, honra a Dios.

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lunes, 21 de octubre de 2013

"¿Qué se le permite hacer o no hacer en el sexo a un matrimonio cristiano?"

Respuesta: La Biblia dice que “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.” (Hebreos 13:4).

La Escritura nunca dice lo que a un esposo y esposa se les permite hacer sexualmente.

Los esposos y esposas son instruidos, “No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo e mutuo consentimiento...” (1 Corintios 7:5a). Este verso quizá establezca el principio para las relaciones en el matrimonio. 

Cualquier cosa que se haga, debe ser de común acuerdo. Ninguno debe ser alentado o forzado a hacer algo con lo que no se sienta cómodo o piense que está mal. 

Si el esposo y la esposa concuerdan en que quieren tratar algo (por ej.; sexo oral, diferentes posiciones, juguetes eróticos, etc.) – entonces la Biblia no da ninguna razón por la que ellos no puedan probarlo.

Hay pocas cosas que sexualmente hablando jamás estarán permitidas en una pareja casada: Practicar el “intercambio de pareja” o el “incluir a una tercera persona”, evidentemente eso es adulterio (Gálatas 5:19; Efesios 5:3; Colosenses 3:5; 1 Tesalonicenses 4:3). 

El adulterio es un pecado, aún si tu esposo(a) lo permite, lo aprueba o aún participa en ello. La pornografía invoca a “...los deseos de la carne, los deseos de los ojos...” (1 Juan 2:16) y es por ello que es condenado por Dios. 

Aparte de estos dos puntos, no hay nada en la Escritura que específicamente prohíba hacer a un esposo y esposa entre ellos – mientras sea de mutuo consentimiento.

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