sábado, 30 de noviembre de 2013

Al rico no lo deja dormir la abundancia

SIMPLE








Dios mío: mi corazón está lleno de alabanza. Eres mi Señor y mi Rey. Mi escudo y mi fortaleza. Gracias Señor, porque en Ti, puedo estar confiado...














LEA:  Salmo 3
[Pulsar]

¡Oh Señor, cómo se han multiplicado mis adversarios!Salmo
3

Biblia en un año: 
Ezequiel
37-39
2 Pedro 2




Quien Pudiera Dormir !

Aportacion de : Rv. A.M.
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"¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios! Muchos son los que se levantan contra mí. Muchos son los que dicen de mí: No hay para él salvación en Dios. Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mi; mi gloria, y el que levanta mi cabeza... Yo me acosté y dormí y desperté, porque Jehová me sustentaba". Salmo 3:1-3, 5

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Una de las ventajas más fabulosas de la vida comercial moderna, es la de los sedantes para dormir. Si se pusieran una tras otra las pildoritas que cada año se venden en todas las farmacias del mundo para proporcionar un poco de dulce sueño a los hombres y mujeres atribulados, podría formarse una cadena que llegase hasta la luna. Si se amontonasen una sobre otra, como granitos de arena, formarían una montaña grande como el Everest o el Aconcagua. Millones de personas, tomando millones de sedantes, y perdiendo al mismo tiempo millones de horas del sueño dulce y reparador.

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TBM - Missions ❤ Alabanzas

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Pareciera que el hombre moderno, a causa de sus muchos errores y desaciertos, estuviera asesinando su propio sueño. Un vaso de agua en la noche; tres, o cuatro, cinco o más pastillas para dormir; una cabeza caliente que se recuesta en la almohada... y una vigilia que empieza y un sueño que no llega. Esta parece ser la historia diaria y nocturna de millones. ¿Por qué no llega el sueño? La Biblia nos habla del sueño. En Eclesiastés dice:

"Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, o coma poco;

pero al rico no lo deja dormir la abundancia".

Y en el Salmo 3 encontramos también referencias al dormir, al sueño dulce y reparador que es el "sueño" de millones.

El Salmo comienza con una exclamación: "¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios!" Una exclamación del rey David, que vivió mil años antes de Cristo, pero que puede hacer cualquier gobernante, cualquier hombre de negocios de nuestro tiempo, dos mil años después de Cristo. "¡Cuánto se han multiplicado mis adversarios!" Adversarios políticos, comerciales, artísticos, adversarios de toda clase, crueles e implacables, que están atentos al menor traspié, al menor resbalón que demos o error que cometamos para derribarnos y quedarse con nuestro puesto.


Pero sigamos leyendo, el salmista encuentra la solución a sus angustias. Dice más abajo como expresión de fe: "Más tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza". El salmista comienza a confiar en Dios. Lo acepta como el escudo fiel que lo defiende. Se entrega a Dios; lo llama y ruega por su ayuda. Entonces Dios le responde. Dios le da Su mano desde el cielo y lo socorre. ¡Lo libra de sus enemigos! Y el salmista testifica inmediatamente: "Yo me acosté y dormí, y desperté, porque Jehová me sustentaba".

Amigo o amiga, la bendición de un sueño dulce y una completa vida de paz es para usted,

clame a Cristo de todo corazón.

«Jesús es el héroe sobre nuestros pecados».

El perdón de Dios es la puerta a un nuevo comienzo.










Bendiciones
para
el Pueblo de la Iglesia
de Dios !


Aportacion de: Ben Ayala :   email
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jueves, 28 de noviembre de 2013

Tres grandes principios respecto al dinero y a las posesiones!


1. Dios es el dueño de todas las cosas.

2. Todas las cosas vienen de Dios.

3. Todo le pertenece a Dios.

La Biblia dice que somos los “administradores” de Dios. Un administrador es uno que maneja el dinero o las propiedades que pertenecen a otra persona. Como administradores de Dios somos responsables ante Él por la forma en que manejamos lo que Él nos ha encomendado.

En esta enseñanza aprenderemos cómo podemos ser buenos administradores, especialmente en el asunto de ofrendar. Aprenderemos como podemos usar el dinero para hacer “amistades eternas”.

La Enseñanza del Antiguo Testamento Respecto a Ofrendar
Cuando Dios sacó a Su pueblo de la esclavitud de Egipto y lo trajo a Canaán, les dio una tierra rica y fértil. De todo lo que cosechaban en esta buena tierra, Dios pedía que le dieran la primera décima parte. Esto se llamaba “el diezmo”. La palabra diezmo significa “la décima parte”.

El propósito del diezmo era recordar a la gente que todas las cosas son propiedad de Dios y enseñarles a poner a Dios primero en sus vidas. Dios es sumamente generoso. Les permitió quedarse con nueve décimos de todo lo que cosechaban, pero el diezmo, la primera décima parte, pertenecía a Él. La Biblia dice:

Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová (Levítico 27:30).

Además de sus diezmos, el pueblo de Dios daba ofrendas voluntarias. Los diezmos y las ofrendas se entregaban a los sacerdotes de Dios. Este fue su modo de ganar la vida, ya que no tenían tierra propia. Dios dijo a Su pueblo que trajeran sus diezmos y ofrendas cuando vinieran a adorarle. Dios dijo:

Y ninguno se presentará delante de Jehová con las manos vacías; cada uno con la ofrenda de su mano, conforme a la bendición que Jehová tu Dios te hubiere dado (Deuteronomio 16:16–17).

Dios estaba enseñando a Su pueblo a ofrendar. Cuando ellos daban libremente a Dios, Dios les daba cosechas abundantes. La Biblia dice:

Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos; Y serán llenos tus graneros con abundancia (Proverbios 3:9–10).

¿Fue el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento siempre fiel para entregar sus diezmos y ofrendas a Él? No, no lo fue. Dios dijo: ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas (Malaquías 3:8).

¿Qué sucedió cuando robaron a Dios? Quedaron bajo la mano castigadora de Él. Dios dijo: Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado (Malaquías 3:9).

Cuando el pueblo de Dios se arrepintió de su desobediencia y empezó una vez más a obedecerle respecto a los diezmos y a las ofrendas, Dios derramó Sus bendiciones sobre ellos. Dios dijo: Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probad-me ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde (Malaquías 3:10).
La Enseñanza del Nuevo Testamento Respecto a Ofrendar
Un gran principio en la Biblia respecto a ofrendar, es éste: cuando nosotros damos a Dios, Dios nos da a nosotros. El Señor Jesucristo dijo: Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo (Lucas 6:38).

Cuando Dios da, El da abundantemente. Es muy generoso. En la era de Cristo, la gente compraba a bulto su grano. Muchos vendedores vaciaban el grano en una medida, sin permitir que el comprador lo remeciera para asentarlo bien. No es así con el Señor. Él da “medida buena, apretada, remecida y rebosando”.

Él ofrendar facilita a que Dios nos dé. Mientras más damos, más nos da Dios a nosotros; mientras menos damos, menos nos da Dios. Jesús dijo: Porque con la misma medida con que medís (dan), os volverán a medir (a dar) (Lucas 6:38b). 

Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento establecen la misma enseñanza: Cuando nosotros damos a Dios, Dios nos da a nosotros. Dios no es pobre; tampoco es tacaño. Le gusta darle a Sus hijos, pero debemos cumplir Sus condiciones: “Dad y se os dará”.

Dios no pide que le ofrendemos porque Él esté en necesidad de lo que tenemos. Él dice: Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; Porque mío es el mundo y su plenitud (Salmo 50:12).

Dios quiere que le ofrendemos porque Él desea que Sus hijos sean como Él. Dios es generoso y desea que nosotros seamos generosos. Otra razón por qué Dios nos pide ofrendar es para que podamos “hacernos tesoros en el cielo”. No podemos enviar al Cielo nuestro dinero, pero podemos ofrendarlo para ganar a otros para Cristo. Esto es hacerse tesoros en el Cielo.
 
Principios Sobre el Ofrendar
La Palabra de Dios nos presenta varios principios respecto al ofrendar: 

Primeramente, entrégate a ti mismo a Dios.

La primera ofrenda que Dios quiere de nosotros somos nosotros mismos. Él orden es: primero, entrégate a Dios y en seguida, da una porción de lo que recibes de Dios. Los cristianos de Macedonia hicieron justamente eso y el Apóstol Pablo los alabó por ello. 

Pablo escribió: A sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios (2 Corintios 8:5). Da como Dios te haya prosperado a ti.

En el Antiguo Testamento, Dios mandó a Su pueblo que le entregaran la décima parte de todo lo que ganaban. En el Nuevo Testamento, Dios no estableció una regla sobre cuanto debemos ofrendar. En vez de eso, la Palabra de Dios dice: Cada uno de vosotros ponga aparte algo, según (Dios le) haya prosperado (1 Corintios 16:2).

¿Qué porcentaje de nuestras entradas debemos dar? Podemos tomar el diezmo (el diez por ciento) como el mínimo de lo que debemos ofrendar, pero podríamos dar mucho más que eso. Esto depende de cuán agradecidos estemos por las bendiciones de Dios y cuán fuerte sea nuestro deseo de “hacernos tesoros en el cielo”.
El hombre de negocios cristiano, R.G. LeTourneau, acostumbraba a entregar el noventa por ciento de sus ganacias a Dios. Un día alguien le preguntó: “Señor LeTourneau, ¿es cierto que usted da el noventa por ciento de sus entradas al Señor?”

Él contestó: “No, yo no le doy nada a Dios. Todo le pertenece a Él. Yo sólo retengo el diez por ciento”.
Da sistemáticamente.

El ofrendar es un acto de adoración y no debe ser un proyecto casual. Debemos ofrendar sistemáticamente “cada primer día de la semana”, que es el día cuando vamos a la iglesia. La Biblia dice: Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado . . . (1 Corintios 16:2).

Nadie queda excluído. Ancianos y jóvenes, pobres y ricos; todos debemos participar en diezmar y ofrendar. La Biblia dice: “Cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado”. Da alegremente y con liberalidad.

Sea lo que fuere nuestra ofrenda, El Señor desea que se la demos voluntariamente y de todo corazón. Dios no quiere que ofrendemos con tristeza. La Biblia dice: Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre (2 Corintios 9:7). Da con sabiduría.

El Señor Jesús dijo que teníamos que ser“buenos y sabios administradores”. Algunos cristianos ofrendan con liberalidad, pero no son sabios al ofrendar. El dar a una iglesia u organización que NO esté predicando fielmente la Palabra de Dios, no es ofrendar con sabiduría. 

Debemos tener tanto cuidado al invertir nuestro dinero para Dios, como lo tenemos al invertir en un negocio. Debemos poner el dinero donde produzca los mayores intereses espirituales.  

Como Mide Dios Nuestro Ofrendar
No tienes que poseer grandes sumas de dinero para ser un gran dador a los ojos de Dios. Dios no mide nuestro dar por el tamaño de nuestras ofrendas. Él lo mide por la cantidad que damos en relación a lo que tenemos. Dios mira cuánto sacrificamos cuando ofrendamos. Según este modo de medir nuestro ofrendar, una persona pobre puede dar igual o aun más que una persona rica.

Nuestro ofrendar debe costarnos algo. En una ocasión el Señor Jesús se sentó en el templo mirando a la gente presentar sus dádivas. Algunos eran ricos y daban mucho. Entonces vino una viuda pobre y echó dos pequeñas monedas de cobre. Estas monedas tenían muy poco valor monetario; sin embargo, a los ojos de Dios, esta mujer había dado mucho más que todos los que habían ofrendado aquel día. ¿Por qué? Porque ella había dado todo lo que tenía, todo su sustento. Jesús dijo:

De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su sustento (Marcos 12:43–44).

¿A Quien Debemos Ofrendar? En Su Palabra, Dios nos dice a quién debemos ofrendar: Debemos ofrendar a nuestra iglesia local.

Por lo común, la mayor parte de nuestras dádivas debemos dar a nuestra iglesia local si es una iglesia donde se enseña fielmente la Biblia y donde Cristo es exaltado. Dios ha ordenado que Su iglesia y Sus ministros vivan de las dádivas de Su pueblo. La Biblia dice: Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio (1 Corintios 9:14). 

Debemos ofrendar a aquellos que nos han ayudado espiritualmente. 
En la Palabra de Dios se nos dan instrucciones de compartir nuestro dinero con aquellos que nos han enseñado la Palabra de Dios y nos han ayudado espiritualmente. 

La Biblia dice: El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye (Gálatas 6:6).
Debemos dar a los necesitados.
Debemos dar a los necesitados, especialmente a los que son creyentes. Ésta es una forma con la cual podemos demostrar que tenemos el amor de Dios en nuestro corazón. La Biblia dice: Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? (1 Juan 3:17).

Por regla general, nuestro ofrendar para los necesitados debe ser a través de la iglesia local. Toda ofrenda debe ser con sencillez y sin atraer ninguna atención a nosotros mismos. La Biblia nos enseña que el que da, debe hacerlo con sencillez y sin interés propio. (Romanos 12:8).
 
Debemos ofrendar a quienes están llevando el evangelio a los inconversos.
Cada cristiano tiene la responsabilidad de llevar el evangelio a los inconversos. El mandamiento de Dios para nosotros es: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura (Marcos 16:15). Si no podemos ir nosotros, debemos tomar como privilegio el ayudar a sostener misioneros que están llevando el evangelio a quienes nunca han aceptado a Cristo.
Ofrendar es Sembrar
Ofrendar no es tirar el dinero a la calle, es sembrar. Cuando sembramos semillas, no las estamos tirando; sino las estamos sembrando para poder cosecharlas más tarde. La cantidad de la cosecha depende de cuanto hayamos sembrado. Ésto es cierto también respecto a ofrendar. Escribiendo a la iglesia de Corinto respecto a las ofrendas, Pablo dijo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará (2 Corintios 9:6).

Dios quiere proveer dinero para el mantenimiento de Sus iglesias y para enviar a Sus siervos a predicar a los inconversos del mundo. ¿Cómo hace Dios esto? El nos da dinero para que podamos ofrendar para Su obra. El quiere ayudarnos a ser generosos. La Biblia dice: Poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra (2 Corintios 9:8).

El Señor Jesucristo mismo es nuestro ejemplo en este asunto de ofrendar. La Biblia dice: Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos (2 Corintios 8:9).
Haciendo Amistades Eternas
El Señor Jesús enseñó a menudo a Sus discípulos por medio de parábolas. Una parábola es una historia corta que contiene una o más verdades espirituales.

En San Lucas 12:16–21, el Señor Jesús cuenta de un hombre rico que tenía muchos bienes. Sus tierras dieron una cosecha tan grande que no tenía dónde guardarla. Se dijo: “Ya sé lo que voy a hacer. Voy a derribar mis graneros y hacer otros más grandes y allí guardaré toda mi cosecha y todo lo que tengo". Entonces diré a mi alma:“Alma mía, tienes muchos bienes guardados para muchos años; descansa, come, bebe, alégrate”. Pero Dios le dijo: “Necio, esta misma noche vas a morir; y lo que tienes guardado, ¿de quién será?”
Jesús dijo, Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios (Lucas 12:21). Si deseamos ser ricos para con Dios, debemos ser buenos mayordomos de todo lo que Dios nos ha dado. Debemos siempre tener presente que:
La vida es una administración, no una propiedad.
Todo lo que tenemos pertenece a Dios. No somos dueños de nada. Somos sencillamente administradores de Dios, usando lo que El nos ha encargado. La Biblia nos enseña que si no podemos ser fieles en las cosas pequeñas, no se nos darán responsabilidades grandes. Si no somos fieles en administrar un poco de dinero, ¿cómo podemos esperar que Dios nos entregue mucho dinero?

El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto (no tiene honradez), también en lo más es injusto (Lucas 16:10, ver también los versículos 11–13).
Un día tendremos que dar cuenta de nuestra mayordomía.

Dios nos ha dado vida, salud, talentos, habilidades, dinero y muchas cosas más. Un día tendremos que darle cuenta de todo lo que Él nos ha entregado. El oír Su voz diciéndonos, “Bien hecho, buen siervo y fiel”, valdrá mucho más que cualquier otra cosa que este mundo nos pueda ofrecer.
Ganar a otros para Cristo es el más sabio y mejor uso que se le puede dar al dinero. En San Lucas 16:9, el Señor Jesucristo dijo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas (el dinero), para que cuando éstas (las riquezas) falten, os reciban (los amigos que has ganado) en las moradas eternas.

Lo que el Señor está diciendo aquí, es que debemos usar nuestro dinero para hacernos amigos eternos, para que estos amigos, los que hemos ayudado a aceptar a Cristo, puedan estar allá para recibirnos cuando lleguemos al Cielo.


Se cuenta la historia de un anciano en Inglaterra, quien aproximaba a los ochenta años.

No sabiendo qué regalarle para su cumpleaños, sus hijos y parientes decidieron juntar el dinero designado para comprarle regalos y entregarle toda esa cantidad para que él comprara lo que deseara.
Entre todos juntaron una suma equivalente a E.U. $2.400, más o menos. Cuando le contaron ésto, el anciano preguntó: “¿Quieren decir que reunieron todo este dinero y que yo puedo hacer lo que quiera con él?” Cuando le aseguraron que así era, él dijo:“Quiero que este dinero se use para imprimir la Biblia en el idioma de alguna tribu que nunca la ha tenido en su propia lengua”.
Los parientes consultaron con la Sociedad Bíblica de Inglaterra. Un oficial allí les dijo: “¡Ésto es asombroso! Unos misioneros en el Africa han trabajado por años traduciendo la Biblia a un nuevo lenguaje. Acabamos de recibir el manuscrito”.
Cuando le preguntaron cuánto costaría imprimir las Biblias en este nuevo idioma, el oficial les contestó: “Cerca de tres mil dólares”. Rápidamente los familiares hicieron colecta nuevamente y reunieron el resto del dinero.
Dentro de poco tiempo las Biblias fueron impresas y enviadas a aquella tribu africana que jamás había tenido la Palabra de Dios en su propia lengua. Muchos llegaron a conocer a Cristo como Salvador a través de la lectura de la preciosa Palabra de Dios. (1) 
Imaginemos a este caballero anciano unos años más tarde cuando entró al Cielo. Muchos de esta misma tribu africana ya se habían muerto y estaban en el Cielo. Al entrar el anciano lo recibe un grupo de gente que le da la bienvenida y lo abrazan diciendo, “Tú eres nuestro amigo. Te estábamos esperando”. Él los mira con sorpresa y les dice: “Pero no los conozco, ¿quiénes son ustedes?” 
“Tal vez tú no nos conozcas”, le dicen, “pero nosotros te conocemos a ti. Tú eres aquel que hizo posible que tuviéramos la Palabra de Dios en nuestro propio idioma. Si no hubiera sido por ti, no estaríamos en este bellísimo lugar. ¡Tú eres nuestro amigo por toda la eternidad!” ¿Habrá alguien que me reciba dándome la bienvenida en el Cielo?

Llegará un día en que nuestro dinero será inútil y sin significado. El día llegará en que nuestra mayordomía habrá terminado. En el poco tiempo que nos queda, debemos usar nuestro dinero para ganar a otros para Cristo y hacer así amistades eternas. Ésta es la mejor y más sabia manera de usar el dinero. 

Cada uno de nosotros debe preguntarse: “¿Soy un buen mayordomo de todo lo que Dios me ha encargado? ¿Estoy usando mi dinero para hacerme de amigos eternos? ¿Habrá alguien que me reciba dándome la bienvenida en el Cielo y diciéndome: “Si no hubiera sido por ti, yo no estaría en este bellísimo lugar. Tú eres mi amigo por toda la eternidad.”?

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miércoles, 27 de noviembre de 2013

"¿Qué dice la Biblia acerca de el liderazgo en la obra del Señor?" Su Iglesia terrenal.

Respuesta: El Señor fue muy claro en Su Palabra acerca de la manera en que Él desea que esté dirigida y organizada Su iglesia terrenal.

Primeramente, Cristo es la cabeza de la iglesia y su suprema autoridad (Efesios 1:22, 4:15; Colosenses 1:18). 

Segundo, la iglesia local debe ser autónoma (independiente), libre de cualquier autoridad o control externo, con derecho al auto-gobierno y libre de la interferencia de cualquier jerarquía de individuos u organizaciones (Tito 1:5). 

Tercero, la iglesia debe estar gobernada por un liderazgo espiritual, compuesto de dos ministerios principales: ancianos y diáconos. Los “ancianos” eran un grupo de líderes entre los israelitas desde el tiempo de los libros de Moisés (el Pentateuco). 

Los encontramos tomando decisiones políticas (2 Samuel 5:3; 2 Samuel 17:4,15), posteriormente en la historia, aconsejando al rey (1 Reyes 20:7) y representando a la gente en lo concerniente (que se refiere o incumbe a algo o alguien) a asuntos espirituales (Éxodo 7:1; 7:5-6, 24:1, 9; Números 11:16, 24-25). 

La primera traducción griega del Antiguo Testamento (LXX) usaba la palabra presbíteros para “anciano.” Esta es la misma palabra griega usada en el Nuevo Testamento que también es traducida como “anciano.”

El Nuevo Testamento, menciona varias veces a ancianos que asumían el papel de liderazgo en la iglesia (Hechos 14:23; 15:2; 20:17; Tito 1:5; Santiago 5:14) y aparentemente cada iglesia tenía más de uno, porque generalmente la palabra se encuentra en plural. 

Las únicas excepciones es cuando se refieren a casos en los que un anciano es mencionado en singular por alguna razón en particular (1 Timoteo 5:1; 1 Timoteo 5:19). En la iglesia de Jerusalén, ellos formaban parte del liderazgo junto con los apóstoles (Hechos 15:2-16:4).

El Dr. Zodhiates, en su “Diccionario Completo del Estudio de la Palabra: Nuevo Testamento” (The Complete Word Study Dictionary: New Testament) define a este grupo de ancianos como sigue: “Los ancianos de las iglesias cristianas, presbíteros, a quienes estaba encomendada la dirección y gobierno de las iglesias individuales, igual que (episkopos) supervisores, obispos (Hechos 11:30; 1 Timoteo 5:17)” 

De esta manera, Zodhiates iguala a un “anciano” con un supervisor u obispo (como se traduce episkopos). Él ve el término “anciano” como una referencia a la dignidad del ministerio, mientras que obispo o supervisor denota su autoridad y deberes (1 Pedro 2:25; 5:1,2,4). 

Él nota que en Filipenses 1:1, Pablo saluda a los obispos y diáconos, pero no menciona a los ancianos (porque los ancianos son los mismos obispos). De manera similar 1 Timoteo 3:2,8 menciona los requisitos para los obispos y diáconos, pero no para los ancianos por la misma razón. Tito 1:5 y 1:7 también parecen ligar estos dos términos en uno solo.

Respecto a la palabra “pastor” (poimen), referente a un líder humano de una iglesia, solamente es encontrado una vez en el Nuevo Testamento en Efesios 4:11, “Y Él mismo constituyó a unos apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros pastores y maestros.” 

La mayoría asocia los dos términos de “pastores y maestros” como referencia a un solo individuo que tiene ambas características. Zodhiates, en su definición de primen, establece que el término “pastor” se refiere al “guía espiritual de una iglesia en particular.”

Hay dos pasajes (Hechos 20:28 y 1 Pedro 5:1-2) que enlazan juntamente los tres términos y parecería indicar que estos tres términos se refieren al mismo ministerio. Como se mencionó anteriormente, los diáconos son un grupo separado de siervos de la iglesia y tienen una lista de requisitos que son de muchas maneras similares a los del obispo (1 Timoteo 3:8-13). Ellos sirven a la iglesia en lo que se necesite, como en Hechos 6.

Parecería, de acuerdo a los pasajes anteriores, que siempre ha habido una pluralidad de ancianos, pero esto no niega que Dios dote a algunos ancianos en particular con el don de la enseñanza, mientras que a otros con el don de la administración, etc. (Romanos 12:3-8; Efesios 4:11), así como tampoco se niega que Él los llame al ministerio en el cual ellos utilizarán dichos dones (Hechos 13:1). 

De esta manera, un anciano puede fungir como “pastor,” otro puede hacer la mayoría de las visitas a los miembros, porque tiene el don de la compasión, otro puede “dirigir” en el sentido de manejar los detalles organizacionales, etc. 

Muchas iglesias que están organizadas con la administración de un pastor y un diácono, realizan las funciones de una pluralidad de ancianos, en cuanto a que ellos comparten la carga del ministerio (con diáconos enseñando en las clases de Escuela Dominical, etc.) y trabajan juntos en la toma de alguna decisión. Así mismo, en la Escritura encontrarán que también había mucha participación de la congregación en las decisiones. 

Por eso, un líder “dictador” que toma las decisiones (ya sea que se llame anciano, obispo, o pastor), no es bíblico (Hechos 1:23,26; 6:3,5; 15:22,30; 2 Corintios 8:19). Lo mismo sucede con una iglesia gobernada por la congregación, que no le concede importancia a la participación de los ancianos o líderes de la iglesia.

En resumen, la Biblia enseña un liderazgo consistente en una pluralidad de ancianos, junto con un grupo de diáconos quienes trabajan como siervos de la iglesia. Pero no es contrario a la pluralidad de ancianos, el tener a uno de estos ancianos sirviendo en un ministerio mayor “pastoral.” 

Dios llama a algunos como “pastores/maestros” (así como Él llamó a algunos a ser misioneros en Hechos 13) y los dio como dones a la iglesia (Efesios 4:11). Por lo tanto, una iglesia puede tener muchos ancianos, pero no todos los ancianos son llamados a servir en el ministerio pastoral. Pero, como parte de los ancianos, el pastor o “anciano-maestro” no tiene más autoridad en la toma de decisiones de lo que la tiene cualquier otro anciano.

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martes, 26 de noviembre de 2013

UNA IGLESIA COMPROMETIDA


DIOS, IGLESIA Y FAMILIA

“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5: 25-27)



1. Lo que creen, y creen mal.
Constantemente se ha venido diciendo que Jesucristo vendrá por Su amada Iglesia, pero que para que eso ocurra, deberá pasar el tiempo necesario, ya que no está preparada, ya que Él viene por una Iglesia sin mancha ni arruga.

Esperan que llegue un día, y no saben cuál es ese día, en cuanto a la Iglesia debería experimentar un repentino crecimiento en santidad y también, un crecimiento numérico considerable a nivel mundial. Si eso fuera así, según ese entendimiento, Cristo no podría volver ¡Nunca!.

Porque ¿cuándo dejaremos los cristianos de cometer algún pecado mientras estemos en este cuerpo mortal? ¿Cuándo, o en qué momento seremos perfectos en este mundo, como lo es Cristo? y, ¿En qué lugar de la revelación neo-testamentaria encontramos que ha de producirse un crecimiento que tiene un ritmo que aumenta cada vez más rápidamente en la fe, y cuando el Señor dijo lo contrario (Lc. 18: 8; Mt. 24: 12, 37, 38, etc.)?

Sólo hay que echar la vista atrás y ver la historia de la Iglesia visible para darnos cuenta de que ni en un millón de años seremos en nuestra humanidad los creyentes, algo diferente a lo que fueron los que nos precedieron… ¿o es que acaso es razonable pretender que la Iglesia contemporánea ha de ser más santa que la Iglesia que nos precedió? 

¿Acaso somos, o podemos ser, nosotros, “mejores” que ellos? ¿o es que el Espíritu Santo está ahora obrando una santificación del creyente sin precedentes? Eso vienen a creer, y enseñar, pero es falso. Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos (He. 13: 8)

¡Y todo eso es porque están equivocando el enfoque acerca de la Iglesia en el sentido que hablamos! El sentido de esos versículos de arriba es muy diferente al que muchos han creído y creen. Lo que anuncia esa escritura es que la Iglesia, desde el momento en que fue concebida, ES sin mancha ni arruga.

2. Analicemos ese pasaje de arriba
Cristo amó a la Iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, ¿Cuándo y dónde?: en la cruz. Allí se gestó la perfección de la Iglesia, conforme a la medida de la santidad de Cristo, la cual es absoluta.

Asunto concluido: ¿Con qué propósito?: para santificarla; es decir, apartarla para sí. Todo verdadero creyente ha nacido de Dios y ha sido justificado por Su sangre, y le pertenece a Él (1 Co. 6: 19), y el conjunto de todos los creyentes de esa índole, constituye la Iglesia.

Asunto concluido: La Iglesia, según leemos, ya ha sido purificada a través de la Palabra efectiva, en su vida: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” (Juan 15: 3).

Asunto concluido: Todo ello, ¿con qué fin?: Para que Cristo se presente a sí mismo esa Iglesia que ha preparado para sí.

Asunto concluido: En la economía de Dios, esa Iglesia es gloriosa: “y juntamente con Él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Ef. 2: 6).

Asunto concluido: Esa Iglesia, la rescatada de este mundo corrupto, la de todos los tiempos desde que fue creada, no tiene mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que es santa y sin mancha.

Asunto concluido: La Iglesia que Cristo viene a buscar, es la formada exclusivamente por todos aquellos que son hijos de Dios por adopción; los que un día, y por designio de Dios Padre (Jn. 1: 13; Ef. 1: 5), recibieron a Jesús, creyendo en Él.

Todos ellos, a pesar de su condición de humanos (Ro. 8: 14-25), y por tanto, que pueden equivocarse, engañar o ser engañados, no viven según la carne, sino según el Espíritu, haciendo morir, por consecuencia, las obras de la carne en las que solían vivir antes de ser hijos (Ro. 8: 13 14).

En ese proceso de santificación por parte nuestra, nuestro Abogado que es Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, intercede constantemente por nosotros en el cielo.

El Señor Jesús regresará por Su Desposada en el momento en que el Padre le diga de ir, y ese momento preciso, es desconocido para nosotros.

¡Jesús puede regresar por Su Iglesia en cualquier momento!

3. Concluyendo
Jamás olvidemos que una cosa es el proceso de santificación en el que todos y cada uno de los verdaderos hijos de Dios estamos, a causa de nuestra implícita imperfección (ver Ro. 7: 15ss), y otra cosa es nuestra condición de santos, y por tanto, más que vencedores, que nos ha sido dada por Aquél que nos amó (Ro. 8: 37).

La santidad en nosotros, es de Dios; Él es quien nos ha hecho santos a todos los que pertenecemos al Hijo de Dios, rescatados por Su sangre.

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miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿Como definir la elaboración de un sermón? Homéletica, Estudio Bíblico.

Podemos elaborar el sermón de la siguiente manera:

1. El predicador recibe la inspiración del asunto sobre el cual ha de hablar como un mensaje especial de Dios para sus oyentes; como respuesta a sus continuas oraciones pidiendo a Dios la inspiración de mensajes apropiados a las necesidades espirituales de su público.


2. Encuentra el texto adecuado que define el mensaje. (A veces la inspiración del mensaje viene con el texto, sobre todo si el predicador es un asiduo lector de la Palabra de Dios.)

En otros casos querrá predicar sobre una doctrina bíblica y usará, no uno, sino muchos textos en su apoyo, escogiendo como texto del sermón el que me­jor defina el mensaje o doctrina que desea exponer.

3. Concentrará el mensaje en una frase corta que se llama tema.

4. Lo definirá en varias proposiciones o divisiones principales, ya sea usando las palabras o frases más prominentes del texto (sermón textual ilativo), o siguiendo un plan lógico formulado en su mente acerca de los pensamientos que el texto le sugiere (sermón textual-tópico), o bien formará un plan que no tiene nada que ver con las palabras del texto sino con algún mensaje o doctrina bíblica, para el cual el texto le sirve solamente de introducción (sermón tópico).

5. Escribirá una introducción que despierte la atención y el deseo de los oyentes para escuchar el desarrollo del mensaje. Acerca de esta parte breve pero importantísima del sermón hablamos en un capítulo especial.

Hasta aquí tiene formulado el plan o esqueleto del sermón. Aunque el esqueleto es el armazón o apoyo del cuerpo, no constituye el cuerpo en sí, necesita la carne y los órganos que lo completen. Así el sermón con sólo sus divisiones principales no conseguiría el objeto de salvación o edificación de los oyentes. Algunos de los mismos puntos principales no serían ni siquiera comprendidos por los oyentes si no fueran acompañados de una explicación.

El objeto de las subdivisiones es ampliar el sentido de las divisiones principales para que el pensamiento sea más claro y detallado. Por lo tanto, las subdivisiones deben ser únicamente el desarrollo de la división principal sin salirse de ella y, sobre todo, sin tratar de explicar lo que ha de exponerse más tarde en alguna otra división.

ejemplo 1º

Tema: LLAMAMIENTO EFICAZ

Mateo 9:9

Introducción. — Explicar la historia de Mateo de un modo vivo y dramático. Haciendo énfasis en la prontitud con que Mateo siguió a Cristo. Puntualícese lo que dijimos en la introducción del anterior bosquejo: que una sola palabra bastó para cambiar la vida de este hombre, pero:

I. ¿Quién es el que hace el llamamiento?

1. El Hijo de Dios venido como hombre a la tierra.

2. El amante Salvador que desea salvar a todos.

3. El Divino Maestro.

4. El que sabe lo que hay en el hombre.

5. El que tiene toda autoridad para invitar y aun mandar.

II. ¿A quién dirige esta exhortación?

1.A un hombre avaro y entrometido en negocios mundanos.

2.A uno despreciado de todo el mundo por su carácter y conducta.

3.A uno a quien el dinero no había podido satisfacer.

Aplicación: ¿No hay muchos así hoy día y entre los oyentes?

III. ¿Qué significa seguir a Cristo?

1. Seguir su instrucción, sus enseñanzas.

2. Imitar sus prácticas: oración, asistencia al culto, caridad, etc.

3. Acompañarle en sus sentimientos y propósitos.

4. Dejar la compañía que no sigue a Jesús.

5. Dejar la ocupación que, por no corresponder con el carácter o métodos de Cristo, no puede ejercerse siguiendo a Jesús.

Aplicación: A las posibles circunstancias de los oyentes (sin entrar en detalles que pudieran tener un carácter personal para alguno de los asistentes, lo que sería fatalmente erróneo y contraproducente. Dejemos al Espíritu Santo aplicar la Palabra).

IV. Resultados de seguir a Cristo.

1. Cambio total de vida. No se avergonzó de seguir al Señor.

2. Procuró que otros tuviesen contacto con Cristo.

3. Generosidad. "Convidó a muchos".

4. Recibió uno de los más altos cargos que Cristo podía dar a los mortales, el ser apóstol.

5. Ha sido un medio de bendición por medio de su Evangelio no sólo a sus contemporáneos, sino a todas las generaciones de creyentes.

Conclusión. — ¿No quieres seguir a Cristo hoy y servirle como Mateo para gozar de sus beneficios y ser bendición a muchos?

Las subdivisiones de los dos primeros puntos prin­cipales tienen que ver con la historia de Mateo y no requieren aplicación especial a los oyentes; sin em­bargo, al desarrollar las subdivisiones del primero, el predicador debe pensar en las almas que necesitan un Salvador, al igual que lo necesitó Mateo, y debe hablar con entusiasmo y convicción, aunque lo hará solamente refiriéndose a Mateo, sin hacer invitacio­nes especiales a los oyentes, pues tales invitaciones sólo en casos excepcionales pueden hacerse en el primer punto del sermón.

Sin embargo, debe contar la historia de Mateo, pensando en la impresión que hará en el ánimo de los oyentes inconversos lo que está describiendo como de paso, acerca del amor y deseo del Señor Jesucristo de salvar a los pecadores.

Al terminar el desarrollo de las cuatro subdivisiones del punto segundo puede hacerse una aplica­ción personal, diciendo: ¿No te hallas satisfecho y feliz? Cristo te invita, etc.

En el tercer punto casi olvidamos a Mateo, pero no nos apartamos del tema, porque, sin duda, Mateo haría todas estas cosas, sobre todo la 5.a, que está bien declarada en la narración evangélica.

En las cinco subdivisiones del punto cuarto puede observarse una clara gradación que nos permite terminar hablando de la recompensa que Cristo otorga a los que le siguen.

Las subdivisiones deben, pues:

1. Explicar lo que no sea bien claro en la división principal.

2. Demostrar y probar que lo afirmado en la división principal es la verdad.

Algunas veces las subdivisiones son respuestas a las preguntas de las divisiones principales, cuando el método de preguntas ha sido usado al hacer el plan general del sermón. Veamos un ejemplo de ello en este bosquejo sobre Judas:

ejemplo 2.°

Tema: LA GRAN TRAICIÓN

Lucas 22:48

I. ¿Quién comete el gran pecado? «JUDAS». ¿Quién era? Explíquese la dignidad que Jesús le había dado.

Lo que había experimentado en la compañía de Jesús.

Aplicación: Háblese de la dignidad que el hombre ha recibido sobre todos los seres de la Creación, y sobre del privilegio de haber conocido a Cristo por el Evangelio, mientras millones de seres humanos se hallan en la oscuridad e ignorancia espiritual.

II. ¿En qué consiste este pecado? "ENTREGAS".

1. Expóngase lo horrendo del crimen. (Abuso de confianza, rechazamiento del amor y advertencias dirigidas durante la última cena.)

2. ¿Cuál es su intento o propósito? (¿El dinero? ¿El rencor por la reprensión en Betania?)

Aplicación: Jesús dice que el que no es con El es contra El. Aquel que no lo acepta, le entrega; el que no le confiesa, le niega.

III. ¿Contra quién lo comete? "AL HIJO DEL HOMBRE".

1. Al único hombre puro que había habido.

2. Al amante Salvador.

3. Tu Maestro.

4. Al que conoce todas las cosas.

Aplicación: Todo esto es Jesús para cada alma.

IV. ¿Cómo lo realiza? "CON UN BESO".

1. Una señal de amistad.

2. Acto de descarada hipocresía.

Aplicación: Muchos serán condenados por sus actos de religiosidad hipócrita. ¿Serás tú uno de ellos?

ejemplo 2º

Tema: AMOR AGRADECIDO

Lucas 7:36 al 50

Las divisiones principales de este tema pueden ser:

I. Origen de este amor.

II. Su manifestación.

III. Su resultado.

Detallándolo por medio de subdivisiones, sería:

I. Origen de este amor.

1.No era egoísta ni carnal. No iba a reportarle ningún provecho material a la pecadora, pues todo el mundo sabía cuan santo y puro era el Divino Maestro y cómo condenaba el pecado (Mateo 6:26).

2. Era promovido por la fe (vers. 50).

a) La pecadora creía en el amor salvador de Jesús. Había perdonado los pecados del paralítico hacía poco en la misma ciudad (Lucas 5:20). ¿No querría perdonar a ella también?

b) En su poder para perdonar. Los fariseos lo ponían en duda, pero ella no. Tenía sus razones. (Expónganse éstas, basándose en los relatos evangélicos.)

II. ¿Cómo se manifestó este amor al Salvador? 1. En un santo valor, porque:

a) La casa donde entró esta pecadora no era la suya.

b) Los invitados a la mesa eran de categoría superior.

c) El caballero a quien se acercó era un alto personaje a quien todos llamaban el Señor.

d) El papel que iba a desempeñar en una fiesta era inoportuno y ridículo.

2. En lágrimas de corazón quebrantado, promovidas por:

a) Su pena y arrepentimiento por lo pasado.

b) Un humillante servicio personal.

c) Expresiones del más humilde efecto. Besar los pies.

d) Una actitud paciente ante la crítica. No se levantó a discutir con el fariseo. El amor a Cristo da paciencia.

III. Su resultado.

1. De parte del mundo, desprecios, burlas, insultos. No debemos extrañar que así ocurra siempre.

2. De parte del Señor:

a) Perdón completo. "Tus muchos pecados". No una parte de ellos, ni un tanto de su culpabilidad dejando el "reato" para ser expiado aquí o en el purgatorio.

b) Gratitud y elogio de Quien más valor tienen.

Notemos que hubo para la pecadora:

1.° Un momento de prueba ante la crítica.

2.° Un momento de satisfacción y esperanza cuando oyó la defensa del Señor.

3.° Un momento de gozo supremo cuando escuchó la palabra de perdón (vers. 48).

c)  Confirmación y adoctrinamiento (versículo 50).

1.° Jesús quiso que supiera la razón de su perdón: la fe que había puesto en el poder salvador de Cristo. No era ocasión para revelar aún la doc­trina del Calvario; pero, sin duda, la conoció más tarde la pecadora y le hizo amar aún más a su Salvador.

2.° Quiso que descansara en la seguri­dad de su salvación. "Ve en paz", no a cumplir penosas penitencias.

Conclusión. — ¿No quieres amar a Cristo, confesarle con valor y sufrir el desprecio del mundo para obtener en cambio tan grandes beneficios? Veamos otro bosquejo:

ejemplo 4º

Tema: LA ELECCIÓN DE MOISÉS

Hebreos 11:24-26

Introducción.—Puede hacerse de dos maneras:

1.a De carácter narrativo, refiriendo la historia bíblica, o 2.a Argumentativa, diciendo a vía de Introduc­ción:

En varias ocasiones de la vida se nos presenta la necesidad de hacer elecciones que deciden nuestro Porvenir, pero la principal de todas es aquella que tiene que ver con nuestra salvación y el porvenir eterno de nuestra alma. Moisés es un ejemplo de abnegación y del poder que un hombre puede recibir Por la fe en Dios cuando se decide a perderlo todo Por amor a El.

I. Lo que Moisés rehusó.

1. La dignidad de príncipe. Muchos han arries­gado mucho para gozar tal triunfo.

2. Los placeres de la corte. Seguramente eran muy atractivos.

3. Las riquezas. Las había gozado y sabía el bien material que significaban.

II. Lo que eligió.

Sufrir con el pueblo de Dios. Esto en un tiempo cuando estaban oprimidos por un déspota.

Compartir el desprecio que sufría su pueblo, la burla de sus enemigos; quizás en parte motivado por la esperanza que tenía de un libertador prometido a los padres, el Mesías, la Estrella de Jacob. Por esto el apóstol lo llama "el vituperio de Cristo".

III. El principio decisivo de su elección.

La fe. Por medio de la fe inculcada por su piadosa madre, Dios le enseñó:

1. A valorar lo mundano. Por eso consideraba las riquezas de Egipto como:

a) No satisfactorias. ¿Lo son hoy?

b) Inciertas (ilústrese con alguna anécdota).

c) Perjudiciales en su influencia. Descríbanse imaginativamente las luchas de conciencia del joven piadoso en una corte corrompida. El resultado fue decidir la huida antes que fuera cogido dema­siado fuertemente en los lazos del pecado.

2. A mirar a la remuneración. Esta podía tener dos aspectos:

a) La promesa de libertad y salida de Egip­to anticipada por los patriarcas Jacob y José (Génesis 49 y 50:24).

b) La ciudad con fundamentos que esperaban los patriarcas (Hebreos 11:9-16). El Cielo.

Ambas cosas parecían lejanas e improbables y de la segunda tenían menos detalles y garantía que las que tenemos nosotros después de la Venida de Cristo.

Su fe, empero, le hizo valorar estas cosas lejanas por encima de lo presente y tangible. ¿No lo hará con nosotros?

DIVISIONES AMPLIADAS O EXPLICADAS

Para predicadores noveles o muy ancianos, cuando empieza a fallarles la memoria, no será suficiente un bosquejo con escuetas divisiones y subdivisiones, sino que necesitará un poco de desarrollo escrito.

Aconsejamos, empero, que éste sea lo más conciso posible para no llevar al predicador a la tentación de leer el sermón palabra por palabra, lo que siempre resta vigor a la alocución, atando al predicador a un manuscrito.

El lector encontrará numerosos ejemplos de bosquejos de esta clase en nuestro volumen de Sermones escogidos, donde publicamos solamente dos, sobre inauguración de templos, transcri­tos palabra por palabra, y cuarenta y ocho sobre diversos temas en esta forma condensada, ocupando cada bosquejo a lo más tres páginas, y una, aproximadamente, de anécdotas.

Aquí nos limitaremos a transcribir un ejemplo exprofesamente escogido de otro autor.

ejemplo 3º

Tema: EL YUGO DE CRISTO

Mateo 11:29-30

Introducción. — El capítulo del cual selecciona­mos este ejemplo empieza con el mensaje enviado por Juan a Cristo y la respuesta de Este (vers. 3-6). Cristo ensalza el carácter de Juan (vers. 7-11) y censura al pueblo por su menosprecio, tanto del ministerio de Juan como dej suyo propio, mostrándoles los vanos pretextos que presentan para justificarse.

Finalmente profetiza la ruina de Corazín, Bethsaida y Capernaum, y concluye con esta afectuosa invitación a tales oyentes desaprensivos, que bien pueden ser tomados como tipo de la Humanidad entera. Consideremos:

I. El yugo que nos impone.

El yugo es un instrumento puesto sobre el cuello del buey por el cual éste queda sujeto a ciertas restricciones de parte del labrador que le conduce y de su compañero o compañeros de labor. Cristo usa esta figura para aplicarla a la religión; e implica:

1) El yugo de su doctrina. — Esto significa la su­jeción de nuestra mente a su enseñanza. La recepción con humildad de las misteriosas doctrinas del Cristianismo, como la encarnación del Verbo Divino, la Redención, la Resurrección, etc. Tales doctrinas eran tropezadero a los judíos y locura a los gentiles, mas a los creyentes son sabiduría y potencia de Dios.

2) El yugo de sus leyes. — Cristo no abolió la ley moral, sino que la explicó, espiritualizó y amplió. "Amad a vuestros enemigos" (véase Mateo 5:7). No hay verdadero discipulado sin obediencia: «Vosotros sois mis amigos», etc. "Si me amáis, guardad mis mandamientos."

3) El yugo de la cruz de Cristo. — «Si alguno quisiere ser mi discípulo tome cada día su cruz, etc.» Esto implica mucho: pública profesión de Cristo, negación de sí mismo, si es necesario abandono de amigos, esposa, hijos, casas, bienes, y aun de la mis­ma vida, por causa de Cristo.

II. La lección que nos enseña.

"Aprended de Mí". Esto significa tanto la doctrina que enseña como las reglas que nos impone y los sacrificios que demanda.

Tenemos que aprender de El:

1) Escuchando sus palabras. — El es el Profeta Supremo prometido a Israel de quien se dijo: "A El oíd." Mandato divino enfatizado nuevamente por Dios en Su bautismo.

2) Imitando su ejemplo. — Es nuestro modelo perfecto. No nos impone ningún deber que El mismo no haya cumplido en su vida ejemplar. El abrió la senda y nosotros tenemos que seguir sus pasos.

3) Adoptando su mente y espíritu. — "Que soy manso y humilde de corazón". Debemos compartir la mansedumbre y humildad de Cristo, pues: "Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de El." La verdadera humildad suprime el orgullo e imparte un carácter dócil y amable.

III. La bendición que promete.

"Hallaréis descanso para vuestras almas". El reposo corporal es dulce e indispensable. ¡Cuánto más el descanso del alma! Esta promesa incluye:

1) Descanso de la servidumbre del pecado. — No existe labor más severa o cruel, ni acompañada de mayor miseria, que la del pecado. Esclavitud de Satanás. Vasallaje de su maldito imperio.

2) Descanso de la inquietud interior. — "Los im­píos son como la mar en tempestad, que no puede estarse quieta". "No hay paz, dice mi Dios, para los impíos, sino temor y constante recelo"; pero "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios". Por esto el alma puede cantar:

Oí la voz del Salvador

Decir con tierno amor:

Ven, ven a Mí, descansarás,

Cargado pecador.

Tal como era, a mi Jesús,

Cansado, yo acudí,

Y luego dulce alivio y paz,

Por fe, de El recibí.

3) Eterno reposo en el Cielo. — Queda un reposo para el pueblo de Dios. De los trabajos, conflictos, tristezas, cruces, sufrimientos, etc. Reposo constante y eterno (Apoc. 14:13). Para persuadir a los pecadores a aceptar esta invitación observad:

IV. El motivo que aduce.

"Pues mi yugo es fácil y ligera mi carga". Así, es:

1) Contrastado con el yugo del pecado. — ¿Qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales os aver­gonzáis? El yugo del pecado está lleno de amargura y su paga es "muerte".

2) Comparado con las prácticas religiosas del paganismo. — Por lo general están llenas de crueldad. Tales sistemas religiosos se hallan escritos con la sangre de sus adoradores. Niños inmolados, viudas quemadas, torturas de los faquires y santones. El yugo de Cristo, en cambio, está lleno de misericordia, bondad, paz y pureza.

3) Comparado con las prácticas de la dispensación judía. — Aunque de divino origen, como Dispensación preliminar a la Cristiana, era, sin embargo, lo que Pedro llama: "Yugo que ni nosotros ni nuestros padres hemos podido llevar." Por sus numerosos servicios, sacrificios, purificaciones, oblaciones, etcétera, y por la severidad de su ley moral: "Ojo por ojo y diente por diente."

4) El yugo de Cristo es, en cambio, fácil por sí mismo. — Nada irracional, nada degradante u opre­sivo se encuentra en su doctrina. "Sus mandamientos no son penosos". Amar a Dios, creer en Jesús, obedecer las leyes divinas y la dirección del Espíritu Santo; ser lleno de frutos de bondad, etc.

5) Es fácil por la ayuda que al aceptarlo nos es otorgada. — «Yo estoy con vosotros todos los días», promete Cristo al partir. Su presencia infunde fortaleza y consuelo por su Santo Espíritu. (Cítense ejemplos de mártires.) "Bástate mi gracia" fue dicho a un hombre que pasó muchas tribulaciones en el servicio de Cristo, el cual pudo por su parte exclamar: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece."

Aplicación: Exhortad al esclavo del pecado acerca de la necedad y locura de continuar en su penosa vida de pecado.

Invitadle a probar el suave yugo de Cristo.

Animad a los discípulos de Cristo a "seguir al Cordero por dondequiera que fuere", imitando sus virtudes.

Nótese en este ejemplo de un gran maestro varios rasgos que hemos señalado en la parte teórica de este manual:

1.° El sermón es en su planteamiento de carácter textual ilativo.

2.° El exordio o introducción es del contexto. El doctor Burns tiene una preferencia especial por las introducciones contextúales. Permítasenos decir que éstas son siempre las más fáciles y ricas en ense­ñanza, pero no las recomendamos en todos los casos.

El predicador que teniendo que -dirigirse a un mismo auditorio le diera siempre introducciones del contex­to llegaría a hacerse monótonamente pesado. Como explicaremos en el capítulo VIII, hay otras formas de introducción más atractivas para despertar vivamente el interés del público desde el mismo principio del mensaje.

3.° Este sermón es, empero, en su desarrollo, un sermón textual-analítico, porque hay una frase en cada división principal que analiza, o presenta en otras palabras que las del propio texto, la verdad que expresan las frases textuales una tras otra.

4.° La conclusión, o aplicación, como lo denomina el Dr. Burns, es múltiple, conteniendo tres puntos. Ello es posible por tratarse de un texto largo y un sermón bastante extenso. Un texto más breve, raramente permite varias conclusiones.

5.° Digamos, finalmente, que este bosquejo, de un autor clásico y maestro de Homilética del siglo pasado, resulta demasiado extenso para nuestra época moderna. El predicador de nuestro tiempo que quisiera adaptarlo literalmente podría dar muy poco desarrollo a cada parte.

Esto ocurre también con nuestro propio volumen de Sermones escogidos, pre­parado para predicadores noveles en tiempos de persecución, cuando los fieles se reunían por las casas, llenos de fervor espiritual, y no se sentían muy satisfechos si el sermón se circunscribía a una sola hora. Era necesario, pues, extender el mensaje por toda clase de ramificaciones en cada punto y enriquecerlo con muchas anécdotas. 

Pero ello da posibilidad al predicador actual a escoger lo mejor. Siem­pre es preferible en un bosquejo ajeno que nos pro­ponemos adaptar, que haya exceso de material, que falta, para poder escoger y omitir lo menos interesante, dando paso a pensamientos propios basados en aquellos puntos o proposiciones que más nos han llamado la atención.

Todo Predicador tiene que confesar que ha adaptado muchos o pocos sermones de predicadores, pero omitiendo las nueve décimas partes del material, conservando tan sólo las divisiones principales y algunos pensamientos clave.

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