lunes, 31 de marzo de 2014

Nuestras Excusas Nos Identifican !



Aportacion de: Ben Ayala
Desde mi percepción infantil, la iglesia de mi ciudad natal era enorme!
Recuerdo la larguísima escalera que llevaba hasta el campanario, donde funcionaba un anticuado reloj y resonaban las campanas.
La adjunta cancha de baloncesto era tremenda porque hasta podíamos jugar día y noche en ella. ¿Y el café de nuestra juventud con música y juegos? Era lo máximo en que podía pensar.
Hasta que ya en mis años adolescentes advertí, súbitamente, que mi iglesia no era tan grande después de todo. Si bien comprendí al mismo tiempo que no por ello era la más pequeña tampoco, no me quedaron dudas de que definitivamente aquella no era la enorme, la colosal estructura que impresionó mi niñez.

Referencia Biblica: Libro del Exodo


La vida de fe de Moisés no comenzó en Hebreos 11, el capítulo de los famosos héroes de la fe. Comenzó junto a una zarza ardiendo, durante una conversación con Dios. Moisés no le contestó con entusiasmo: “Sí Señor, sea hecha tu voluntad”. Fue más bien: “Señor... ¿No podrías enviar a algún otro?”
Lo que recordamos de los relatos de nuestra infancia es la imagen poderosa de un príncipe egipcio, profeta y general militar que liberó a millones de personas de la esclavitud. Admiramos la figura de una fuerte personalidad que sobrepasó los contornos de la vida común y pensamos: “¡Yo nunca voy a poder ser como él!”. Pero una lectura madura del relato de la Biblia nos ayuda a ver a Moisés bajo una luz más realista. Esta observación del mismo personaje, sin desmerecer su impacto en la historia mundial y de la salvación, me da esperanza, valor y fe.
Moisés se crió como un príncipe en Egipto, pero huyó del faraón después de intervenir en una disputa entre un hebreo y un egipcio, dando muerte a este último. Habiendo vivido en el exilio del desierto por cuarenta años, Moisés, de alrededor de 80 años en ese momento de su vida, estaba cuidando ovejas cerca de Horeb cuando observó una extraña manifestación: salían llamas de fuego desde una zarza cercana, pero ésta no se consumía. A medida que Moisés se acercaba a la mata, oyó una voz que lo llamaba por su nombre. La voz identificó a quien la originaba: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. Entonces el Señor procedió a compartir su plan con Moisés: Él había escuchado el clamor de su pueblo causado por la opresión de la esclavitud egipcia, y hacía planes de hacerse cargo de la situación. Y él quería que Moisés se uniera a él en esa epopeya libertadora (Éxodo 3:7-10). Pero Moisés comenzó a enumerar una serie de excusas, algunas de las cuales podrían resultarte muy familiares.
Excusa No. 1: “¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?” (Versículo 11).
Una buena pregunta. Moisés había vivido entre rebaños de ovejas durante cuarenta años y el pensamiento de que un pastor de ovejas —ocupación que los egipcios despreciaban— le fuera a hablar al rey era contrario a toda norma del protocolo vigente.
La réplica de Dios: “Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte” (versículo 12).
Dios no sólo le prometió su mismísima presencia, sino que también le dio a Moisés la seguridad de que su misión sería exitosa. Aún en la presencia de un rey terrenal, él no tendría motivos para temer o experimentar sentimientos de inferioridad. Sin embargo, Moisés no veía las cosas de ese modo ni remotamente.
Excusa No. 2: “He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre, qué les responderé?” (Versículo 13).
Otra buena pregunta. Si tú fueras a decirle a un grupo de cientos de miles de personas que has sido elegido para dirigir su liberación, sería muy útil disponer del nombre de la persona de la cual proviene tu autoridad. Además, los nombres eran muy importantes para la mentalidad semítica, pues describían el carácter de una persona.
La réplica de Dios: “Yo Soy el que Soy” (versículo 14).
En la Escritura, luego que Dios se reveló a su pueblo, frecuentemente éste lo describía de diversas maneras, según cómo iba experimentando su relación con Dios. (Ver por ejemplo el Salmo 140:7, “poderoso salvador mío”; Salmo 71:5, “mi esperanza”; 2 Corintios 1:3, “Dios de toda consolación”.)
Los judíos siempre reconocieron el YO SOY como el nombre que distinguía al verdadero Dios de los falsos. No habría confusión acerca de quién enviaría a Moisés a cumplir su misión. No sólo Dios le dijo a éste que él era el Señor, sino que también le especificó con quién tenía que hablar, qué debía decir y le aseguró que lo escucharían. Ahora Moisés estaba listo para su misión. Bueno, no tanto.
Excusa No. 3: “He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz” (Éxodo 4:1).
Notemos esto: Dios acababa de asegurarle a Moisés que los dirigentes del pueblo lo escucharían. A esta altura, empieza a quedar bastante claro que Moisés no es un sujeto que exhibe una buena disposición. Sin embargo, Dios sabía que la fe de Moisés necesitaba ser fortalecida. De manera que obró a través de Moisés en para transformar un cayado en una serpiente, tornar la mano de Moisés leprosa y luego sanarla, y transformar el agua en sangre.
¿No deseamos muchas veces que Dios nos muestre alguna prueba sobrenatural y entonces le prometeremos confianza y obediencia? Su palabra no nos parece suficiente.
¡Pues, allá vamos, a Egipto! Aunque... bueno... quién sabe.
Excusa No. 4: “¡Ay, Señor! Nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua” (versículo 10).
A la luz de lo que había estado ocurriéndole a Moisés, en momentos en que Dios le había prometido su compañía, cuando le había asegurado el éxito de su misión y se había manifestado con señales portentosas, la renuencia expresada por Moisés no es un signo de humildad o un reconocimiento de su incapacidad o limitaciones. Lo que Moisés está revelando es su falta de confianza en la capacidad de Dios.
Cuando rehusamos unirnos a Dios en su obra, mostramos nuestra desconfianza en su habilidad de actuar en nosotros. La palabra de Dios está llena de promesas y seguridad de su presencia y de su capacidad de obrar dentro de nosotros. Debemos aprender a tomarle la palabra a Dios.
Ha habido momentos en los que yo le he preguntado: “¿Por qué me has asignado esta tarea? Hay tantas otras personas que no tienen las debilidades que yo tengo. ¿Por qué no las usas a ellas en mi lugar?” Y entonces llega la respuesta: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9). Si nos sentimos débiles, limitados o inadecuados, somos el mejor material por medio del cual el poder de Dios puede manifestarse y actuar.
Todo esto no intenta insinuar que Dios quiere mantenernos bajo su pulgar como débiles mortales. Dios se ocupa de la empresa de hacer que la gente crezca, que desarrolle su plena potencialidad. El desea que tengamos confianza y que desarrollemos una sana autoestima. Sin embargo, en lugar de que nuestra confianza propia y sentimientos de autovalorización provengan de cosas o de personas, los sentimientos de que valemos deben surgir como resultado de nuestra relación con Dios.
Dios replica: “¿Quién le dio la boca al hombre? ¿O quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? Ahora pues ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar” (versículos 11 y 12).
Aparentemente Moisés no había alcanzado a captar que el Dios que lo había dotado de boca, oídos y ojos, era plenamente capaz de utilizarlos. A veces nos olvidamos que estamos tratando con el Creador del universo.
Ahora bien, Dios le mandó a Moisés ir y le prometió estar con él. ¿Estaba listo Moisés?
Excusa No. 5: “¡Ay, Señor! Envía, te ruego, por medio del que debes enviar” (versículo 13).
En nuestra versión revisada Reina-Valera, esa declaración parece quejumbrosa, pero en el original hebreo bordea, francamente, con la rudeza: “Por favor, manda por mano de quien enviarás”. En otras palabras: “¿Serías tan amable de darle esa información a la persona que va a aceptar la tarea?”
Cuando Dios replicó todas y cada una de las excusas de Moisés, sus motivos ocultos fueron revelados: él no quería cumplir la tarea. Pienso que Moisés quería unirse a Dios y su obra, pero tenía dificultades en creer que Dios podría hacer de él un instrumento suficientemente bueno para esa obra.
Del mismo modo sucede con muchos de nosotros. Cuando somos renuentes en obedecer a Dios, no es porque simplemente no queremos. Es porque no nos sentimos lo suficiente aptos. Pero es precisamente allí donde debemos tomarle la palabra a Dios. Debemos confiar suficientemente en él para creer que tiene la capacidad de equiparnos para la tarea a la cual nos ha llamado. Y cuando estemos dispuestos a salir con fe y obedecerle, experimentaremos una relación con Dios como nunca disfrutamos antes.
La réplica de Dios: “¿No conozco yo a tu hermano Aarón?” (Versículo 14).
Dios había establecido una relación con Moisés. Él quería que Moisés se uniera a su empresa de salvación en favor de su pueblo. Y Dios estaba dispuesto a encontrarse con Moisés donde él se hallaba. Desafortunadamente, el poder que Dios le prometió a Moisés no era suficiente para éste. Sólo se dispuso a aceptarlo cuando se le ofreció la ayuda de una criatura finita. Moisés hablaría por medio de Aarón, aunque ello lo limitaría en su obra.
¿Y qué sucede contigo? ¿Has usado alguna de las excusas de Moisés en tu diálogo con Dios? 
¿Has estado teniendo problemas de confiar en la capacidad de Dios
 de equiparte para la tarea para la cual te ha llamado?
Si Dios estuviese buscando criaturas perfectas para que se unan a él en su obra, bien podría llamar a ángeles. Pero en lugar de ello, nos ha elegido a nosotros. Si permitimos que Dios actúe por medio de nosotros, pasaremos a ser la evidencia incuestionable de su poder. Por la obediencia Moisés llegó a ser un dirigente poderoso, tan poderoso como para cambiar el curso de la historia. Y lo que es aún más importante, Moisés llegó a ser un poderoso hombre de fe que participó con Dios en la historia de la salvación, para luego ser resucitado y trasladado al cielo, porque Dios lo consideró “su amigo” (Éxodo 33:11).
Como ves, te hayas en buena compañía.

Crisis of Commitment

Time and again, the newspapers are full of stories of governments in crisis. 

Not just western governments, or third world governments but governments from all around the world. 
Popular support can quickly slip away. 
Some crises take leaders by surprise and decisions they have taken are often lamented in their biographies.
"The ministry of Jesus was about to
reach a crisis point. 
It did not take him by
surprise nor did he regret the events
that precipitated it
."



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El Ministerio: Un Tesoro

SIMPLE






















“Pero tenemos este tesoro en
vasos
de
barro, para que
la excelencia del
poder
sea
de Dios,
y
no
de nosotros”.







Lo valioso y preciosos que es !

Aportacion de: Ben Ayala


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Después de conocer a Cristo, uno de los deseos que surge con mucha fuerza en nuestro corazón es el de servir a Dios, y apasionadamente empezamos a hacer cosas para él.

Aquí es muy importante tener en cuenta fundamentos cómo los que nos enseña el texto de hoy: 2 Cor. 4:7.

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Podemos considerar por lo menos, tres frases significativas aquí:

1. “éste tesoro”: con éstas palabras, el apóstol Pablo se refiere en contexto al ministerio, resaltando lo valioso y preciosos que es, por tanto, debe ser conservado con sumo cuidado, recordando que es una riqueza del cielo puesta en la tierra.

2. “vasijas de barro”: expresión con la que el apóstol se refiere a las personas que llevan el ministerio, destacando su humanidad (debilidades, errores, fragilidad, etc), y su necesidad de depender de Aquel que los llamó, pues una vasija de barro no es fuerte en sí misma.

3. “la excelencia del poder sea de Dios y no de los hombres”: en ésta frase Pablo destaca cuán sobrenatural son los dones de Dios, el término excelencia aquí traduce también “grandeza extraordinaria”, que Dios deposita en sus hijos conforme a Su voluntad.

Sin embargo, también Pablo por el Espíritu nos enseña que esa excelencia es de Dios, para la gloria de Dios y no para los hombres.

Es por eso que los siervos de Dios debemos tener en cuenta que somos vasijas de barro, y que el alfarero y dueño es el Señor.

Es por la gracia de Dios que hoy tenemos salvación, y que tenemos el privilegio de participar de Su obra.

La excelencia de Su poder, de la que hemos hablado, se manifiesta con mayor resplandor en aquellos que con corazón manso y humilde, procuran que su Nombre sea glorificado, pues finalmente el poder es de Dios.


Reflexión:
Dios nos ha alcanzado con Su gracia,
dándonos salvación
e impartiendo en nuestra vida dones para servir en Su reino, persevera con gozo en tu servicio al Señor Jesús,
sabiendo que es por Su poder que podemos hacerlo.

"Aunque tu entorno sea difícil y adverso,
recuerda que es temporal,
 y que Jesús venció y ahora vive en ti."


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[audio] TBM - Missions ❤ Alabanzas

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Bendiciones
para
el Pueblo de la Iglesia
de Dios !


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viernes, 28 de marzo de 2014

Poner Orden en el Caos-Bringig Order out of Chaos

SIMPLE







«
No hablar mal de nadie,. . . sean pacificos, y amables, mostrando toda humildad
para con todos los hombres.
»




































   






















































"Speak evil of no one, . . . be peaceable, gentle, showing all humility to all men."


Yo no debería estar sorprendido.

I shouldn’t be surprised.

Aportacion de : Ben Ayala
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Todo lo que observo me hace creer que:
"El orden no es natural."


 

Cuando pienso en nuestra sociedad, estoy sorprendido de lo rápido que se hunde en el caos y el tiempo que potencialmente nos lleva el restaurar el orden.

Orden requiere una intervención, puesto que no se da de forma natural.

 

Yo no debería estar sorprendido.

El papel de Dios en poner orden en el caos es un tema bíblico prominente.

Él lo hizo cuando estaba creando la nación de Israel (Ex. 7-14).

Cuando Dios dijo que era hora de traer de regreso al pueblo Hebreo de las tierras de Egipto, el Faraón se opuso.

La economía de su nación dependía de los trabajadores Hebreos, así que el faraón no quería perderlos.

Para cambiar la mente de Faraón, Dios envió 10 plagas de convencerlo.

Los magos del Faraón fueron capaces de duplicar las primeras dos plagas. Pero no pudieron eliminar las plagas -ninguno de ellos pudo.

Esos magos podían provocar el caos, pero no pudieron restablecer el orden.

Sólo Dios puede hacer eso.

 

Con esfuerzo, podemos poner orden en nuestros espacios de vida, pero ninguno de nosotros puede poner orden en el caos emocional y espiritual de nuestras vidas.

Sólo Dios puede hacer eso. Él restaura el orden a las situaciones caóticas cuando vivimos como Dios manda; sin hablar ningún mal, siendo pacífico y gentil, y mostrando la humildad a todos (Tito 3:2).

 

"Padre, nuestro mundo y nuestras vidas tienen mucho caos y confusión.

Te necesitamos para restaurar nuestras almas.

Ayúdanos a vivir como Tú quieres que vivamos:

Amando a los demás."

Cuando ponemos nuestros problemas en manos de Dios,

Él pone su paz en nuestro corazón.

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Everything I observe makes me believe that:

Order is not natural.

When I consider our society, I’m astounded at how quickly it descends into chaos and how long it takes us to restore order.

Order requires intervention; it does not happen naturally.


I shouldn’t be surprised. God’s role in bringing order out of chaos is a prominent biblical theme.

He did it when He was creating the nation of Israel (Ex. 7–14).

When God said it was time to bring the Hebrew people out of Egypt, Pharaoh objected.

His nation’s economy depended on the Hebrew workers, so Pharaoh didn’t want to lose them.

To change Pharaoh’s mind, God sent 10 plagues to convince him.

Pharaoh’s magicians were able to duplicate the first two plagues. But they could not reverse the plagues—any of them.

They could cause chaos, but they could not restore order.

Only God can do that.

With effort, we can bring order to our living spaces, but none of us can bring order out of the emotional and spiritual chaos of our lives.

Only God can do that. He restores order to chaotic situations when we live as God intended—speaking no evil, being peaceable and gentle, and showing humility to all (Titus 3:2).

"Father, our world and our lives do have much chaos
and confusion. We need You to restore our souls.
Help us to live as You want us to live—
loving others."

When we put our problems in God’s hands, He puts His peace in our hearts.

 


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TBM - Missions ❤ Alabanzas

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Bendiciones
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de Dios !


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