miércoles, 30 de abril de 2014

Un "Alma" Regresa ...

Aportacion de: Ben Ayala 
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Esta es la historia de un Alma a la que finalmente le llegó el turno
de entrar al planeta, con la esperanza de que ésta fuera la última
vez que tuviera que estar por estos lados.

El Alma se presentó
entonces ante el consejo kármico, quienes le ayudarían a
planificar su destino. 

El consejo se la quedó mirando y le dijo: “Te
tenemos una buena vida. En ella conocerás a alguien que te
podrá llevar de regreso a Dios y tendrás la oportunidad de superar
este mundo y retornar a tu verdadero hogar en el Espíritu.”
El Alma exclamó: “¡Fantástico!”
El consejo kármico le preguntó entonces: “¿Qué valor tiene eso
para ti?”
Y el Alma contestó: “¿Dejar el planeta? ¿Volver a Dios? Eso
valdría todo lo que tengo. Lo daría todo.”
El consejo kármico observó al Alma y dijo: “No es necesario que
lo des todo; sólo el 10%.”
El Alma dijo: “¿El diez por ciento? Esa era la comisión que le
pagaba a mi agente la última vez que estuve en la Tierra. ¡Eso no
es nada!”
“Bien”, replicó el consejo kármico, “si das el 10% te llenarás de
tantas bendiciones que no tendrás lugar para guardarlas todas”!
El Alma contestó: “¡Increíble! Doy el 10%, encuentro un
maestro espiritual, recibo toneladas de bendiciones y regreso a
Dios. ¡Negocio redondo! Se me hace que esto debe tener
alguna trampita
.”
Se hizo un momento de silencio y uno de los más sabios en el
consejo kármico miró al Alma y le dijo: 

“Sí que la hay: cuando
llegues al mundo físico, no querrás hacerlo
”.
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Y bien, aquí estamos entonces, de camino de regreso a Dios y
muchos pensamos: “La verdad es que no quiero dar el diezmo ni
la siembra.”
Sembrar y pagar el diezmo no son requisitos para participar
en el Ministerio. De hecho, al momento de escribir esto, la mayor
parte de la gente en el Ministerio no diezma ni siembra. Sin embargo,
la gente que lo hace, recibe muchas bendiciones y regalos. Y eso
es algo hermoso.
El aspecto financiero es la parte más insignificante en todo el
proceso. Lo más importante es que te abras a las bendiciones del
Espíritu en tu vida y que conozcas a Dios de una manera más
profunda. 

¿Y quién podría ansiar un regalo más preciado que
conocer a Dios?

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Dar el diezmo y sembrar,
con una verdadera actitud de dar,
puede abrirte el Espíritu y proporcionarte
paz interna, al equilibrar algunos
de los bloqueos kármicos que te han salido al camino.
Y si más encima consigues las cosas materiales, no sólo
habrás obtenido tu torta, sino que te
la podrás comer también.

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