viernes, 30 de mayo de 2014

Confía en Su fortaleza / Rely on His strength


Aportacion de: Ben Ayala
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Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. —
Leer: Filipenses 4:13
No importa cuáles sean nuestros puntos fuertes o débiles, la mano providencial de Dios puede darnos lo que necesitamos para impactar el mundo para Él.
Confía en su fortaleza para ayudarte a dar un paso de fe.
"Te fortaleceré," así que tened valor:
Hijo de Dios, tan débil y frágil;
Dios lo ha dicho, y ha de ser,
Su promesa no puede fallar!

El llamado de Dios a una tarea incluye su fortaleza para terminarla.
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I can do all things through Christ who strengthens me. —
Read: Philippians 4:13
No matter what our strengths or weaknesses might be, God’s providential hand can give us what we need to make a difference for Him in our world.
Rely on His strength to help you as you take a step of faith.

“I will strengthen,” so take courage,
Child of God, so weak and frail;
God has said so, and it must be,
For His promise cannot fail!
God’s call to a task includes His strength to complete it.

 

domingo, 25 de mayo de 2014

Un Alto en el Camino

Aportacion de: Ben Ayala
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¿Alguna vez te has preguntado por qué buscas a Dios? ¿Por qué quieres hacer las cosas bien? O ¿Por qué vas a la iglesia? ¿Será porque esperas recibir grandes bendiciones? ¿Será porque tu vida parece no tener sentido?
O tal vez ¿Por miedo a que lejos de Dios algo malo te ocurra?

Con el pasar de los días todo se vuelve tan cotidiano que olvidamos cuál debe ser nuestra verdadera motivación, nos envolvemos en nuestras necesidades, en lo que le hemos pedido a Dios y queremos que cumpla o en lo que tenemos y no queremos perder.

Pero qué sentido tiene vivir una vida buscando a Dios detrás de todas esas arandelas que no nos permiten verle realmente. Qué sentido tiene buscarle si mis logros con él son tan personales que ni siquiera le incluyen.

“Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mateo 6:33).
¿Estás tú realmente buscando primeramente el reino de Dios o son esas cosas que serán añadidas las que están motivando tu corazón?

Después de tantas preguntas, hoy te invito a que más allá de responderlas, hagas un alto en el camino. Es momento de agradecerle a todas esas cosas que un día te motivaron a seguir a Dios porque fueron utilizadas para que hoy estés aquí.

Pero ya llegó la hora de empezar a buscar la motivación correcta, llegó la hora de recibir el Amor de Dios, porque
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó”
¿Ves lo importante de este pasaje? En ti nunca habrá un amor tan grande que pueda igualarse al amor de Dios, es por esto que tu motivación debe ser recibir el amor que sin medidas, él antes que nacieras decidió entregarte. Es abrir tus brazos y dejar que el amor que Dios tiene para ti llene tu vida. No se trata de que tu corazón se llene de amor para Dios, se trata de que tu corazón se llene del amor de Dios, porque tu amor nunca será 100% sincero, nunca será 100% desinteresado ni 100%  incondicional, pero el amor de Dios si lo será.

Hoy es un día para decidir recibir el amor de Dios
y hacerlo tu verdadera motivación.

viernes, 23 de mayo de 2014

Más de lo Merecido / More Than We Deserve

Aportacion de: Ben Ayala
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A veces, cuando la gente me pregunta cómo estoy, respondo: «Mejor de lo que merezco». Recuerdo que una persona bienintencionada me dijo:
«Ay, no, Ben, mereces mucho»; a lo cual contesté:
«En realidad, no».
Pensaba en lo que de verdad merezco: el juicio divino.

Fácilmente, olvidamos la pecaminosidad que yace en lo profundo de nuestro ser. Al creernos más de lo que somos, disminuye nuestro sentido de profunda deuda a Dios por su gracia. Olvidamos el precio que pagó para rescatarnos.

¡Es hora de recapacitar! Como nos recuerda el salmista, Dios «no ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados» (Salmo 103:10). Si consideramos quiénes somos a la luz de un Dios santo y justo, lo único que merecemos de verdad es el infierno, y el cielo es una imposibilidad absoluta… si no fuera por el regalo del sacrificio de Cristo en la cruz. Si Dios no hiciera nada más después de habernos redimido, ya habría hecho mucho más de lo que merecemos. Con razón el salmista declara: «… como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen» (v. 11).

Si somos conscientes de nuestra verdadera condición, no podemos evitar decir: «¡Sublime gracia del Señor!». ¡Nos da tanto más de lo que merecemos!


Señor, gracias por NO tratarme según

a mis pecados. Estoy en deuda por el amor y

gracia demostrada en la cruz para

comprar mi perdón - mucho más allá de lo que me merezco!

Si Dios no hace nada más después de redimirnos, ya hizo mucho más de lo que merecemos.
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Sometimes when people ask how I’m doing, I reply, “Better than I deserve.”
I remember a well-meaning person responding, “Oh no, Ben, you deserve a lot,”
to which I replied, “Not really.”
I was thinking about what I truly deserve— God’s judgment.

We easily forget how sinful we are at the core of our being. Thinking of ourselves more highly than we should diminishes our sense of deep indebtedness to God for His grace. It discounts the price He paid to rescue us.

Time for a reality check! As the psalmist reminds us, God “has not dealt with us according to our sins, nor punished us according to our iniquities” (Ps. 103:10). Considering who we are in light of a holy and just God, the only thing we truly deserve is hell. And heaven is an absolute impossibility—except for the gift of Christ’s sacrifice on the cross. If God never does anything more than redeem us, He has already done far more than we deserve. No wonder the psalmist says, “As the heavens are high above the earth, so great is His mercy toward those who fear Him” (v.11).

Knowing ourselves for what we are, we can’t help but say, “Amazing grace, how sweet the sound!” He gives us so much more than we deserve.


Lord, thank You for NOT dealing with me according

to my sins. I am indebted to You for the love and

grace that You demonstrated on the cross to

purchase my pardon and forgiveness—far beyond what I deserve!
 
If God never does anything more than redeem us, He has already done far more than we deserve.