lunes, 2 de junio de 2014

Meta y Objetivo / Goal and Motivation

Aportacion de: Ben Ayala
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¿Es mala la ambición? 
¿Está mal tener empuje y esforzarse para ser el mejor?

Puede ser. La diferencia entre la ambición correcta y la incorrecta es la motivación y el objetivo: si es para la gloria de Dios o para gloria personal.

En 1 Tesalonicenses 4:1, Pablo señala que los creyentes deben «agradar a Dios» con su vida. Para algunos, el deseo de agradarlo es una transformación instantánea generada en el momento de la salvación, mientras que para otros, esa transformación está repleta de inconsecuencias y vacilaciones. Ya sea que el cambio ocurra en forma instantánea o gradual, el creyente debe ambicionar las metas divinas, no las propias.

Por eso, en relación al trabajo, preguntamos: «¿Cómo me ayudará este cambio de trabajo a servir a los demás y glorificar a Dios?». La ambición espiritual se enfoca en el Señor y en los demás, y siempre considera los talentos que Él nos ha dado y cómo desea utilizarnos.

Pablo sugiere que trabajemos «con corazón sincero, temiendo a Dios» (Colosenses 3:22). Todo lo que hagamos en nuestro lugar de trabajo debe ser como un servicio para el Señor (vv. 23-24).

Glorificamos más a Dios y nos deleitamos más en su Persona cuando trabajamos con fervor y excelencia para Él, no para nosotros; cuando lo hacemos para servir al Señor y a los demás, no para beneficio personal… porque Él merece todo lo que somos y tenemos.
Señor, ayúdame a aplicar ánimo a mis esfuerzos de trabajo
que alomejor te gusten. Ofrezco mis acciones y palabras
hoy en día como un testimonio para traerte gloria.
Úsame hoy para guiar a otros a Ti. Amén.

«Nos empequeñecemos al intentar ser grandes»
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Is ambition wrong? 
Is it wrong to be driven, to push to be the best?
It can be. The difference between right and wrong ambition is in our goal and motivation—whether it’s for God’s glory or our own.

In 1 Thessalonians 4:1, Paul tells us that Christians are to live lives “to please God.” For some, the drive to please Him is an instant transformation at the time of salvation; for others, the transformation is full of stutter-steps and mis-starts. Whether the change happens instantly or gradually, the Christian is to pursue God’s goals, not selfish ones.

So, in the workplace we ask: “How will that job change help me serve others and glorify God?” Ambition oriented toward God is focused outward on Him and others, always asking how He has gifted us and wants to use us.

Paul suggests we work with “sincerity of heart, fearing God” (Col. 3:22). Whatever we’re doing—in the board room, on the docks, wherever we’re working—we’re to serve as if doing it for God (vv.23-24).

We glorify Him most and enjoy Him most when we work with fervor and excellence for His pleasure, not ours. For His service and the service of others, not self-service and personal gain—because He deserves our all.

Lord, help me to apply zest to my work efforts
that I might please You. I offer my actions and words
today as a testimony to bring You glory.
Use me today to point others to You. Amen.
“We grow small trying to be great.”
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