lunes, 28 de septiembre de 2015

Alabo a Dios porque su gloria atraviesa aun hoy la oscuridad.

 Aportacion de: Benjamin Ayala Lopez
Lo vi por primera vez cuando vivia en California, EEUU. 
 
Una fría noche de otoño, lejos de las luces de la ciudad, iba en una carretera con mis pensamientos fijados en obtener un buen descanso despues de mis labores, cuando el cielo se iluminó de colores en el horizonte. 
 
Quedé fascinado !
 
Desde entonces, me ha cautivado el fenómeno llamado "aurora boreal", conocido también como "luces del norte". 
 
Suele verse más al norte de donde yo vivia, pero, a veces, se observa más al sur. 
 
Tras haberla visto una vez, anhelo verla de nuevo. Tal vez algun dia, cuando las condiciones sean favorables, y me digo a mi mismo: Muy pronto, Dios mediante....«Tal vez sea esta noche…»!
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En las Escrituras, la luz y la gloria se usan para describir la venida del Señor. 
 
Un día, el sol y la luna serán innecesarios (Isaías 60:19). 
 
También, el apóstol Juan describe así a Dios en su trono: «Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda» (Apocalipsis 4:3).

Un círculo color esmeralda es una descripción apropiada de las luces del norte. 
 
Por eso, cuando veo (ya sea en persona o en un cuadro) esa luz gloriosa que aparece en el cielo, la considero un anticipo de lo que vendrá, y alabo a Dios porque su gloria atraviesa aun hoy la oscuridad.
 
Oremos: "Señor, gracias porque la oscuridad un día terminará".
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Jesús vino para iluminar a un mundo en tinieblas.

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