lunes, 12 de octubre de 2015

Tocó una melodía pura y dulce como un coro de ángeles.

Aportacion de: Benjamin Ayala
Leer: Efesios 2:10



En una casa de subastas un volín estaba golpeado y marcado y el rematador en una subasta pensó que por su escaso valor, no tenía sentido perder demasiado tiempo con el viejo violín, pero lo levantó con una sonrisa.

-¿Cuánto dan señores? -gritó-, ¿quién empezará a apostar por mí?
-Un dólar, un dólar- alguién replicó, después dos dólares.
-¿Sólo dos?
-Dos dólares y ¿quién da tres?, tres dólares, a la una; tres dólares a las
dos; y van tres…

Pero NO, desde el fondo de la sala un hombre canoso se adelantó y recogió el
arco; luego, después de quitar el polvo del violín y estirado las cuerdas
flojas, las afinó y tocó una melodía pura y dulce como un coro de ángeles.

Cesó la música y el rematador, con una voz silenciosa y baja dijo: -¿Cuánto
me dan por el viejo violín?
y lo levantó en alto con el arco.

-Mil dólares y… ¿quién da dos? -¡Dos mil!, ¿Y quién da tres? Tres mil a la
una, tres mil a las dos; y se va y se fue, -dijo.

La gente aplaudía, pero algunos decían: "No entendemos bien, ¿qué cambió
su valor?". 


La respuesta no se hizo esperar: "                      ¡La Mano del Maestro!" 
              Que una melodía celestial brote hoy de tu vida,
        si te dejas usar en las manos del Maestro por excelencia.

Efesios 2:10 "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas."

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