domingo, 8 de mayo de 2016

Señor, ayúdanos a dar testimonio de que tu Espíritu mora en todos nosotros.


Tenacidad y audacia; a Eliseo le sobraban
Estando con Elías, fue testigo de la obra del Señor a través del profeta, quien hizo milagros y habló la verdad en una época de mentiras.

Había llegado la hora de la temida separación, cuando Elías sería alzado «al cielo» (2 Reyes 2:1), y Eliseo no quería que lo dejara. Como sabía que, para continuar con éxito el ministerio, necesitaba lo que tenía su maestro, se atrevió a decir: «Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí» (2 Reyes 2:9); una referencia al derecho legal de un heredero (Deuteronomio 21:17). Y Dios le concedió a Eliseo su deseo de ser reconocido como el heredero de Elías.
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Hace poco, murió un de mis compañeros de grupo. 

Tras luchar por años con el tabaco y el alcohol, de sorpresa, una enfermedad simple se lo llevo, el estaba listo para disfrutar su fiesta eterna con el Señor. 
Quienes le queríamos estábamos agradecidos de que estuviera en la presencia de Dios y ya no sufriera más, pero lamentábamos no seguir teniendo su amistad, amor y su sobrio ejemplo. 

Sin embargo, aunque se fue, no nos dejó solos, ya que la presencia del Señor siguió a nuestro lado.
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Eliseo recibió una doble porción del espíritu de Elías; un tremendo privilegio y bendición. 

Nosotros, quienes vivimos después de la vida, muerte y resurrección de Jesús, tenemos la promesa del Espíritu Santo. 
¡El Dios trino mora en nosotros!
Oremos:
"Señor, ayúdanos a dar testimonio de que tu Espíritu mora en todos nosotros, 
te lo suplicamos en el nombre de Jesús tu Hijo, Amen" 
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Cuando Jesús ascendió al cielo, 
envió a su Espíritu.
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