domingo, 26 de junio de 2016

1 Corintios 10 : Fortaleza contra la tentación.

No les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres. Fiel es Dios, que no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que pueden soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que puedan resistirla”,

Aportacion de: Ben Ayala


“Dios nunca te dará más de lo que puedes soportar”. Creo que todos hemos escuchado esta frase en algún momento, usualmente en medio de momentos de sufrimiento. De hecho, muchos han abrazado este concepto asumiendo que Dios les quitará el sufrimiento o el dolor ya cuando lleguen al punto de donde no lo podrán soportar más. La pregunta importante es, ¿qué es lo que nos está diciendo la Biblia aquí?

Malinterpretar este versículo abre la puerta a dos grandes errores. 

Primero, podemos caer en orgullo. 

Nos consideramos más fuertes de lo que somos y que somos algo impresionante porque, obviamente tenemos en nosotros mismos la gran habilidad de poder soportar cualquier sufrimiento, aún más de lo que puedan muchos otros cristianos. 

Por otro lado, definimos lo que somos capaces de “soportar” en base a nuestras emociones o nuestras propias fuerzas. Nos llenamos de una falsa esperanza que Dios nunca dejará que nosotros pasemos por algo que afectará nuestra salud, nuestra familia, nuestras finanzas, etc.

Más Jesús en su palabra nos anima y renueva nuestras fuerzas 1 Corintios 10:13: «Dios […] dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar». En el contexto de este versículo Dios nos alienta a salir de la tentación, pero muchas veces no podemos hacer lo mismo con el sufrimiento.

El propio Jesús deseaba encontrar una vía de escape a su futuro sufrimiento, cuando oró: «…Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa…» (Mateo 26:39) . No obstante, de manera voluntaria, sufrió esa experiencia para darnos la salvación.

Cuando las circunstancias de la vida parecen imposible de soportar, es cuando debemos entregarnos en las manos Dios y dejar que Él nos sostenga.

Dile al Señor: 

“¡Padre amado tu eres mi refugio y fortaleza, tómame en tus brazos, guardame en tu regazo!

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