lunes, 13 de junio de 2016

Pidiéndole a Dios las Palabras Correctas.

Aportacion de: Ben Ayala
Recuerdos llegan a mi memoria de mis oportunidades de estar en un escenario para hablar en una conferencia a mis colegas bancarios, mis palabras en el micrófono resonaban en toda la sala. 

Me estremezco al escuchar en mis memorias el eco de mis palabras, aún recuerdo que a veces tenía que modular mi voz e intentar ignorar el eco cada vez que pronunciaba una frase.
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¡Imaginen cómo sería escuchar la repetición de cada una de nuestras palabras! Tal vez, si dijéramos «te amo», «me equivoqué», «gracias, Señor» o «estoy orando por ti», no estaría tan mal, pero no todas nuestras palabras son agradables o bondadosas. 

¿Qué piensas de los arrebatos de ira o los comentarios degradantes que nadie quiere escuchar una vez (y mucho menos dos)… "esas palabras" que preferiríamos no haber dicho?

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Como el salmista David, anhelamos que el Señor controle lo que decimos. Su oración era: «Toma control de lo que digo, oh Señor, y guarda mis labios» (Salmo 141:3). 

Lo bueno es que Dios desea lo mismo, 
y puede guardar nuestros labios 
y ayudarnos a controlar nuestra lengua.

A medida que aprendemos a ajustar nuestro sistema de sonido, prestando atención a lo que decimos y pidiéndole al Señor las palabras correctas, Él nos enseña con paciencia y nos da dominio propio. Y, lo mejor de todo, nos perdona cuando fallamos y le agrada que busquemos su ayuda.

Oremos: 
"Señor, no quiero ser imprudente. 
Ayúdame a cuidar mis palabras, Amen"
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Parte del dominio propio es controlar la boca.
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Hermando Ben Ayala

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