lunes, 26 de septiembre de 2016

Contemplemos el pacífico reposo que solo Dios puede dar.

Aportacion de: Ben Ayala

Mientras asistía a una junta de A.A.,
mi mente se desvió a un asunto que me preocupaba y me distraía. 

Felizmente, la distracción terminó pronto, cuando las palabras de un compañero comenzaron a penetrar profundamente en mi ser. Ahi mismo un grupo de hombres compartieron sus experiencias que hablaban de la paz de Dios para el alma del creyente para conseguir una recuperacion. 

Los ojos se me llenaron de lágrimas mientras escuchaba esas palabras y contemplaba el pacífico reposo que solo Él puede dar.
* * *
Cuando Jesús denunció a las ciudades que no se habían arrepentido y donde Él había hecho la mayoría de sus milagros (Mateo 11:20-24), aun así, tuvo palabras de consuelo para los que quisieran acudir a Él: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados […]; aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas» (vv. 28-29).

¡Qué palabras tan sorprendentes! 

  • Inmediatamente después de sus enérgicas palabras a aquellos que lo rechazaban, Jesús extendió una invitación a todos a ir a Él para encontrar la paz que todos anhelamos. 

Jesucristo es el único que puede calmar nuestras almas inquietas y cansadas.

Hermanos, Hermanas... oremos:

"Señor, vengo a ti ahora con necesidad de descanso para mi corazón. Ayúdame a confiar en ti y en tu amor, Amen"

Cuando mantenemos nuestra mente puesta en Jesús, 
Él la mantiene en paz.

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