viernes, 11 de noviembre de 2016

Demos nuestro Testimonio de el Señor en Dondequiera...



Vivo en una pequeña ciudad mexicana donde todas las mañanas y las tardes puede escucharse un grito distintivo: «¡Paaan!». Un hombre en una bicicleta, con una canasta enorme, ofrece una gran variedad de panes frescos, dulces y salados. Antes, yo vivía en una ciudad más grande, donde tenía que ir a comprar pan a la panadería, pero ahora, disfruto de que me lo traigan fresco cerca a mi casa.
Aportacion de: Ben Ayala
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Pasando de la idea del alimento físico al hambre espiritual, pienso en las palabras de Jesús: «Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre» (Juan 6:51).

Alguien dijo que evangelizar consiste en que un mendigo le dice a otro dónde encontrar pan. Muchos podemos afirmar: «Antes, estaba espiritualmente hambriento, muriéndome de hambre a causa de mis pecados. Entonces, escuché la buena noticia. Alguien me dijo dónde encontrar pan: en Jesús. ¡Y mi vida cambió!».

Ahora tenemos el privilegio y la responsabilidad de guiar a otros a este Pan de vida.

Podemos hablar de Jesús en nuestro barrio, lugar de trabajo, escuela y sitios de recreo; en la sala de espera, el autobús o el tren, y aprovechar también las amistades para comunicar la buena nueva.

Jesús es el Pan de vida. 
Demos a todos la gran noticia.

Oremos:

"Señor, quiero testificar de ti en todas partes, Amen"

Comparte el Pan de vida dondequiera que estés.

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Hno. Ben Ayala

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