viernes, 4 de noviembre de 2016

Jesús Nuestro Poderoso Conquistador venció la muerte.

"… Mi reino no es de este mundo…" ( Juan 18:36 )


Casi todos esperamos buenos gobiernos. Votamos, trabajamos y hablamos por causas que consideramos justas. Sin embargo, las soluciones políticas no tienen poder para cambiar nuestro corazón.

Aportacion de: Ben Ayala
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Muchos de los seguidores de Jesús esperaban la llegada de un Mesías que enfrentaría con un enérgico poder político a Roma y su agobiante opresión.

Pedro no era la excepción. Cuando los soldados romanos fueron a arrestar a Jesús, sacó su espada y le cortó la oreja al siervo del sumo sacerdote.

Jesús lo detuvo, diciéndole: «Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?» (Juan 18:11). Horas después, le diría a Pilato: «Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos» (v. 36).

Cuando reflexionamos en el alcance de su misión, nos asombra el equilibrio de Jesús en aquel momento, ya que, un día, Él liderará a los ejércitos del cielo a la batalla. Juan escribió: «con justicia juzga y pelea» (Apocalipsis 19:11).

No obstante, al enfrentar la experiencia terrible de su arresto, juicio y crucifixión, Jesús aceptó la voluntad de su Padre y puso en marcha una serie de eventos que transforman el corazón.

Así, nuestro Conquistador poderoso 
venció la muerte.

Oremos:

"Señor, dame sabiduría para controlar mis reacciones, Amen"

El verdadero autocontrol no es debilidad, 
ya que surge de una auténtica fortaleza.

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Hno. Ben Ayala

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