jueves, 7 de febrero de 2013

¿POR QUÉ NO ES REAL CRISTO PARA TÍ?

Cuando el Señor Jesús estaba aquí en la tierra, caminaba y conversaba con sus discípulos. ¡Cómo disfrutaban ellos de su presencia! Pero un día les dijo que pronto los dejaría.

Los discípulos se entristecieron al pensar que el Señor Jesús los dejaría. Jesús dijo:

Es muy fácil involucrarnos tanto en los problemas y afanes de esta vida que no dejamos tiempo para las cosas de Dios.

Porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya . . . (Juan 16:6–7).
Los discípulos no comprendían cómo podría ser mejor para ellos que Jesús se fuera. Pero Jesús les explicó que volvería a ellos en la persona del Espíritu Santo. Él dijo: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (San Juan 14:18). Él volvería no sólo para estar con ellos, sino para vivir en ellos. Jesús dijo:
En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros (Juan 14:20).
El día de Pentecostés, el Señor Jesús volvió en la persona del Espíritu Santo para vivir en sus discípulos. ¡Ellos estaba llenos de alegría! Fueron por todas partes llevando las nuevas maravillosas de que Jesucristo estaba vivo y que Él era el Señor de todo. Pero lo más maravilloso era que sabían que Cristo estaba viviendo en ellos y que gozaban de su presencia. El Espíritu Santo hizo a Cristo tan real para ellos como lo había sido cuando estaba con ellos corporalmente.

Cristo Mora en Cada Creyente

Tal como el Señor Jesús vivía en el corazón de aquellos primeros discípulos, así vive hoy en el corazón de sus creyentes. Cristo mismo está en el Cielo, pero vive en nosotros mediante el Espíritu Santo.
¿Qué hace el Espíritu Santo por nosotros? Él hace que Cristo sea real para nosotros. Nos hace conscientes de que Cristo está viviendo en nosotros y nos capacita para gozarnos de Su presencia. Él toma las verdades de Cristo y las revela a nosotros. El Señor dijo lo siguiente acerca del Espíritu Santo:
Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber (Juan 16:14–15).
El ministerio del Espíritu Santo es hacer a Cristo tan real para nosotros como lo fue para sus primeros discípulos. Aún así, para muchos cristianos, Cristo no es real. Ellos dicen: “Yo creo la Biblia, oro, y asisto a la iglesia. Aún con esto Cristo no es real para mí. ¿Por qué me pasa esto?"
Primero, debemos destacar que hay quienes creen que son cristianos, pero en realidad nunca han nacido de nuevo. Cristo no es real para ellos porque ellos no le pertenecen y el Espíritu Santo no mora en ellos. La Biblia dice:
Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él (Romanos 8:9).
En cuanto a aquellos que verdaderamente son nacidos de nuevo, la razón de que Cristo no es real para ellos es porque están contristando al Espíritu Santo.
Debemos comprender que el Espíritu Santo es una Persona. Él piensa, anhela, disfruta, ama y sufre tal como cualquier otra persona. Él puede ser contristado. Cuando lo entristecemos, Él no nos manifiesta a Cristo y perdemos la consciencia de la realidad de su presencia. De hecho Cristo nunca nos deja, sin embargo a veces no sentimos la realidad de su presencia porque hemos contristado al Espíritu Santo.
Muchos cristianos no saben que están contristando al Espíritu Santo. Por lo tanto, necesitamos comprender qué es lo que le entristece y cómo podemos evitarlo.

¿Qué Contrista al Espíritu Santo?

Hay muchas cosas que contristan al Espíritu Santo. Consideremos algunas.

El Pecado Sin Confesar.

Dios ha provisto el remedio para nosotros cuando pecamos. La Biblia dice que si confesamos nuestros pecados y nos apartamos de ellos, Dios nos perdonará. Pero si no confesamos nuestros pecados y no los abandonamos, estos pecados se interponen entre nosotros y Dios, y el Espíritu Santo es contristado. La Biblia dice:
Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado (Salmo 66:18).
Por ejemplo, podríamos haber ofendido a alguien y rehusamos pedirle perdón y arreglar cuentas con dicha persona. O alguien puede habernos ofendido, pero nosotros nos negamos a perdonarlo y le guardamos rencor. Tal vez estemos desobedeciendo a Dios en algo o tengamos actitudes pecaminosas tales como el orgullo, el egoísmo o un espíritu rebelde. Sea lo que sea el pecado, si no lo confesamos y lo soltamos, estamos contristando al Espíritu Santo y no podemos sentir ni disfrutar de la presencia de Dios.

Estar Muy Preocupado con los Afanes de Este Mundo.

El Espíritu Santo quiere tomar las verdades de Cristo y revelarlas a nosotros. Aprendemos de Cristo en la Palabra de Dios. Por lo tanto, debemos pasar tiempo en oración y en el estudio de la Palabra de Dios de modo que el Espíritu Santo pueda enseñarnos de Cristo.
Es muy fácil involucrarnos tanto en los problemas y afanes de esta vida que no dejamos tiempo para las cosas de Dios. Jesús dijo:
Pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa (Marcos 4:19).
El Espíritu Santo es contristado si permitimos que las cosas de este mundo “ahoguen” la Palabra de Dios. Podemos determinar el nivel de nuestra experiencia espiritual, preguntándonos: “¿Cuánto amo la Palabra de Dios? ¿Cuánto tiempo paso con el Señor cada día?”

La Mundanalidad.

Satanás usa el sistema mundano con todo su brillo y atractivo para alejar a los cristianos de Dios. Alguien ha dado la siguiente definición de la mundanalidad: “Es cualquier cosa que me impide disfrutar del amor de Dios y desear hacer Su voluntad”.
Cada día el Espíritu Santo anhela enseñarnos la Palabra de Dios, revelarnos las riquezas de Cristo y mostrarnos todo lo que en Él tenemos. Pero muchos de los hijos de Dios no se dan tiempo para Él. En lugar de eso, pasan horas y horas cada semana mirando la televisión, leyendo literatura mundana, yendo a lugares inconvenientes y haciendo cosas que no debieran hacer. Aman las cosas del mundo y dedican su tiempo a ellas. Continuamente se asocian con personas que no conocen a Dios o con quienes Dios no les importa, o con cristianos desobedientes que no desean crecer espiritualmente. No es de extrañar, entonces, que Dios no sea real para ellos. La Biblia dice:
. . . ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios (Santiago 4:4).
Para disfrutar de la presencia del Señor Jesucristo en nuestros corazones, tenemos que dejar de hacer las cosas que contristan al Espíritu Santo, y debemos empezar a hacer lo que le complace. La Biblia dice:
Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención (Efesios 4:30).

Arreglando sus Cuentas con Dios

Dios es santo y no puede tener comunión con nosotros si hay pecado sin confesar en nuestra vida. El pecado nos separa de Dios. La Biblia dice:
He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oir; Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír (Isaías 59:1–2).
Cuando aceptamos a Cristo recibimos perdón eterno. Cuando Jesús murió en la cruz, Él cargó todos nuestros pecados: los pasados, presentes y futuros. Mediante su muerte en la cruz, Él pagó por cada pecado que pudiéramos cometer durante toda la vida. Ya nacidos de nuevo, somos hechos hijos de Dios para siempre.
Pero, una vez que entramos a la familia de Dios, debemos considerar el asunto de la comunión con nuestro Padre celestial. El pecado rompe nuestra comunión con Él. Si un hijo de Dios llega a pecar y continúa en el pecado sin confesarlo a Dios, sigue siendo un hijo de Dios, pero sus pecados han roto su comunión con el Padre. Sólo el perdón reestablece esta comunión. Debemos tratar con esos pecados que se han interpuesto entre nosotros y nuestro Padre.
No podemos tratar colectivamente con nuestros pecados orando así: “Señor, por favor, perdóname todos mis pecados”. Los pecados se fueron cometiendo uno por uno, entonces debemos tratar con ellos también uno por uno.
Ahora, busca una hoja de papel, (una hoja de cuaderno estaría bien). Comienza a hacer una lista con cada pecado en tu vida que puedas recordar, enumerándolos a medida que los escribas. Sé sincero con Dios. La Biblia dice:
Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. . . Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros
(1 Juan 1:8, 10).
Tú no debes tomar esto a la ligera. Estás tratando con Dios. Examina tu vida cuidadosamente y escribe todos los pecados que puedas recordar. Sé honrado contigo mismo. Nadie tiene por qué ver esta lista mas que tú y Dios. No lo hagas aprisa. Puede ser que necesites un tiempo prolongado para hacer la lista.
Cuando hayas escrito todos los pecados que has podido recordar, pídele a Dios que te muestre los pecados de los cuales aún no te has dado cuenta. Esto era lo que hacía el salmista cuando oró:
Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno (Salmo 139:23–24).
Si eres sincero al orar así, Dios te mostrará estos otros pecados de los cuales no has estado consciente. Permítele a Dios el debido tiempo para examinar tu vida y ayudarte a recordar toda ofensa contra Él.
Después de pasar tiempo en esta primera lista, empieza una segunda. En esta lista anota las cosas que estás haciendo que no agradan a Dios. Por ejemplo, ir a un juego de fútbol a la hora del culto de la iglesia. El fútbol en sí no es pecado, pero cuando toma el tiempo que le corresponde a Dios, esto no le agrada a Él. Es posible que haya muchas cosas en tu vida que tú no consideras pecado; sin embargo, sabes que no le agradan a Dios. Como hijos de Dios tenemos la responsabilidad de complacerle y traer gozo a su corazón.

Lo que Debes Hacer con tus Pecados

Cuando hayas terminado la primera lista de tus pecados y la segunda con las cosas que no le agradan a Dios, estás listo para pedirle a Él que te perdone todos estos pecados. La Biblia dice:
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9).
La única forma de arreglar cuentas con Dios, es venir a Él y confesar humildemente nuestros pecados. ¿Qué significa “confesar nuestros pecados?” La palabra “confesar” significa “decir la misma cosa”. Confesar a Dios nuestros pecados significa que estamos de acuerdo con Dios, diciendo lo mismo que Dios dice acerca de ellos. Si mentimos, debemos reconocer que hemos mentido. Si robamos, debemos decir que hemos robado. Nuestra comunión con Dios se reestablece cuando reconocemos los pecados y los confesamos a Dios, pero no cuando tratamos de justificarlos con nuestras excusas.
¿Qué significa cuando dice que Dios es “fiel” para perdonar nuestros pecados? Significa que Él cumple Su palabra. Dios ha dicho que nos perdonará, y Él siempre cumple Su palabra.
¿Qué significa cuando dice que Dios es “justo” en perdonarnos nuestros pecados? Significa que Él es justo al perdonarnos porque Cristo pagó la pena por nuestros pecados. Dios ve estos pecados puestos sobre Cristo cuando murió en la cruz. Porque Cristo murió por nuestros pecados, Dios puede perdonarnos sin invalidar su propia justicia.
Ahora que comprendemos esto, estamos listos para confesar nuestros pecados a Dios, uno por uno. Toma el primer pecado de tu lista y di: “Padre, he pecado contra ti al, (nombra el pecado) . . . Te confieso este pecado ahora y te pido que me perdones. Te doy gracias que Jesucristo derramó su sangre preciosa por este pecado”.
El imaginarte que colocas ese pecado sobre Cristo en la cruz puede ayudarte a entender que ahora este mismo pecado ha sido transferido de ti a Cristo. Ha sido pagado con Su muerte y ya no está sobre ti.
Si ese pecado era sólo contra Dios, puedes borrarlo de tu lista. Pero si involucró a otra persona, no puedes borrarlo de la lista hasta que también le hayas pedido perdón. (Trataremos más sobre esto en la próxima lección.)
Haz lo mismo con cada pecado de tu lista. Sigue hasta terminar con toda la lista, uno por uno, confesando cada pecado a Dios y pidiéndole su perdón. Luego sigue con la segunda lista, la de las cosas que no agradan a Dios. Confiésalas a Dios una por una. Cuando hayas terminado esto, pregúntale: “Señor, ¿hay algo más en mi vida que debo confesar y abandonar?”
Queremos que nuestros corazones sean limpios de todo pecado y de toda mancha de pecado. Por eso, es bueno pedir al Señor que nos limpie con la sangre preciosa de Cristo de cualquier cosa que pueda impedir nuestra comunión con Él.
Todos los pecados que le has confesado a Dios, ya están perdonados. Cuando confesamos nuestros pecados,
Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados,
y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9).
Dios no sólo nos perdona, sino que además se olvida de estos pecados. Él dice: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones (Hebreos 10:17).

Pídele al Espíritu Santo que llene tu Corazón

Si eres un hijo de Dios, el Espíritu Santo está en tu corazón. Él ha estado ahí desde el momento en que naciste de nuevo. Pero si has tenido pecado en tu vida, entonces Él no ha podido llenar tu vida. En cambio, ha sido contristado. Si tú quieres que Él llene tu vida, ora y díle:
“Bendito Espíritu Santo, te he contristado por mucho tiempo. Ahora he confesado mis pecados y te pido que llenes mi corazón y que tomes control de mi vida. Haz que Cristo sea una realidad para mí. En verdad anhelo que Él sea Señor de mi vida”.

El Arrepentimiento Verdadero Significa
un Cambio en tu Vida

Cuando los hijos de Dios contristan al Espíritu Santo, Dios los llama al arrepentimiento. Dios dice:
Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete
(Apocalipsis 3:19).
Arrepentirte de tus pecados significa que estás tan triste y avergonzado por ellos como para querer dejar de cometerlos.
David dijo: Consideré mis caminos, Y volví mis pies a Tus testimonios (Salmo 119:59). David se dio cuenta de que se había descarriado y estaba hiriendo el corazón de Dios. Se volvió de sus malos caminos a los caminos de Dios. Eso fue arrepentimiento verdadero.
Muchas veces oramos y le decimos a Dios que estamos arrepentidos y que deseamos verdaderamente agradarle. Pero la pregunta es: ¿Realmente sentimos lo que estamos diciendo? Dios no se deja impresionar por palabras piadosas y oraciones hermosas. Él mira si hay un cambio en nuestras acciones. La Biblia dice:
No multipliquéis palabras de grandeza y altanería; Cesen las palabras arrogantes de vuestra boca; Porque el Dios de todo saber es Jehová, Y a Él toca el pesar las acciones
(1 Samuel 2:3).
Si te has arrepentido realmente y en verdad deseas que Cristo sea una realidad en tu vida, aquí hay algunas cosas que harás como fruto de tu arrepentimiento:

Pondrás a Dios Primero en tu Vida.

Una cosa es decir que pones a Dios primero en tu vida, y otra cosa es vivirlo. Pero, Dios no acepta otro lugar que no sea el primero. Nos compró con su propia sangre y le pertenecemos. Si Dios ocupa verdaderamente el primer lugar en nuestra vida, no dejaremos que ni el negocio, el placer, el trabajo ni nada llegue a ser nuestro interés principal. Si ponemos a Dios primero, Él se hará cargo de nuestras necesidades. Jesús dijo:
Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (San Mateo 6:33).

Amarás al Señor tu Dios.

El tratar de servir al Señor sin amarle, es como estar casado con alguien a quien no amas. Falta la parte central de la relación.
El Señor Jesús nos ama con todo Su corazón, y desea que nosotros le amemos también con todo nuestro corazón. Jesús dijo que el primero y más grande mandamiento es éste:
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente (Mateo 22:37).

Dejarás la Mundanalidad.

El Señor Jesús te amó lo suficiente para morir por ti y Él odia cualquier cosa que pueda alejar tu corazón de Él. Un gran hombre de Dios, Wilbur Chapman, dijo:
“Cualquier cosa que opaque mi visión de Cristo, o estorbe mi costumbre de orar, o me impida servir a Cristo es mala para mí, y debo, como cristiano, alejarme de ella”.

Pasarás un Tiempo Cada Día en Comunión con Dios.

Es un cristiano insensato aquél que está tan ocupado que no tiene tiempo para Dios. Se parece a un hombre que hace un viaje largo en automóvil y que dice que va tan apurado que no tiene tiempo para detenerse a poner combustible.
Cualquiera que sea la responsabilidad o las preocupaciones que tengamos, no podemos permitir que éstas nos alejen de Dios. Es menester tener comunión con Dios por medio de la oración y el estudio de Su Palabra diariamente. No podemos hacer demasiado énfasis en esto. La Biblia dice acerca del Señor Jesús:
Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba (San Marcos 1:35).
Si para el mismo Hijo de Dios era necesario tener comunión con Su Padre celestial, cuánto más lo es para nosotros. Un famoso predicador dijo:
“Yo creo que es mucho mejor comenzar el día con Dios: ver Su rostro primero y acercar mi alma a Él antes de acercarme a otros. Yo debo pasar las mejores horas del día en comunión con Dios. Esta es mi mejor y más noble ocupación”.
Si nosotros amamos al Señor, obedeceremos Sus mandamientos y tendremos comunión diaria con Él, Su presencia será una realidad para nosotros. El Señor dijo:
El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él (Juan 14:21).



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