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Tránslate / Traducción

¿Somos siervos o señores?

A veces tenemos una relación servil con Dios, pero en lugar de ser siervos, parecemos amos... pedimos, declaramos, casi mandamos. No somos señores, sino siervos. Aun así, esperamos bendiciones de Dios, paz, prosperidad y salud, entre otras cosas. Ahora, ¿Qué espera Dios de nosotros? Lo primero que Dios espera de nosotros es reconocimiento, que reconozcamos que él es Dios y que nos ha salvado a través de Jesús. Él quiere que lo distingamos como el Señor de nuestras vidas, porque se pagó un alto precio por nuestra salvación. Dios también espera que andemos conforme a su Palabra. La obediencia es prueba de respeto y en consecuencia, cuando obedecemos su Palabra, nos beneficiamos a nosotros mismos. Todo lo que pedimos se nos podría dar si buscáramos el Reino de Dios. La tercera cosa que Dios quiere de nosotros es amor. Sí, amor puro y genuino. Este punto es el más importante, porque sin amor no hay reconocimiento ni obediencia a él. Cuando amamos a Dios, cultivamos el amor al prójimo y ...
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Ora por tus amigos

Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de ustedes. En todas mis oraciones por todos ustedes, siempre oro con alegría. (Filipenses 1:3-4) La carta de Pablo a los hermanos de Filipos es un llamado emocionante y animador. La distancia y la prisión no fueron capaces de impedirle orar por sus hermanos y estimularles a que hicieran la voluntad de Dios. ¿Qué nos ha impedido orar por nuestros hermanos? ¿Nuestros problemas? ¿El cansancio? ¿Son esas cosas un impedimento real para que nos pongamos de rodillas en el suelo para interceder a favor de nuestros hermanos y amigos que necesitan ser alcanzados? No te dejes engañar. Hasta Pablo, privado de su libertad, encontró medios para predicar la palabra y orar por sus hermanos. Como dijo Jesús: es mejor dar que recibir. Reservar un momento para orar por tus hermanos y amigos solo traerá bendiciones a tu vida. No debemos olvidar que Jesús es nuestro mejor amigo. Él se entregó a favor nuestro y nos dejó un mand...

Tocando su manto

porque ella pensaba: “Si solo toco su manto, seré sanada”. (Marcos 5:28) Esa mujer, que llevaba doce años sufriendo una enfermedad incurable, encontró en Jesús su última esperanza. Ya no tenía fuerzas, ni prestigio, ni siquiera la libertad de acercarse a la gente debido a su condición. Pero tenía algo que a muchos, incluso con salud y recursos, les falta: fe. Una fe sencilla, pero profunda, convencida de que un solo toque bastaría para cambiar toda su historia. Cuando pensamos en "tocar el manto de Jesús", recordamos que no es solo un gesto físico, sino una actitud. Es reconocer que todo el poder, la sanación y la restauración fluyen de él. Es admitir que nosotros, por nosotros mismos, no podemos resolver lo que nos hiere, nos agota y nos hace sangrar por dentro. Hay dolores que nadie ve, heridas que escondemos tras sonrisas y cansancios que llevamos en silencio. Es en esos momentos que resuena la invitación de la fe: acércate a Jesús, incluso de rodillas, con lágrimas o sin ...

¿Vengarte? ¡No!

No tomen venganza, hermanos míos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza; yo pagaré», dice el Señor. (Romanos 12:19) La venganza le pertenece a Dios. Independientemente de las circunstancias, a nosotros no nos corresponde vengarnos. Solo Dios es justo. Puede que nuestra venganza aparente ser justa, pero nosotros no conseguimos juzgar y mucho menos hacerlo con justicia. Muchas veces la venganza está motivada por la rabia y no por la justicia lo que hace que esa actitud sea aun más reprobable. Dios sabe todas las cosas, él es justo y soberano. Podemos confiar en él. No necesitamos ensuciarnos las manos haciendo lo que no tenemos autoridad para hacer. Confía en la justicia de Dios. Entrega tu situación a él. «Si se enojan, no pequen» (Efesios 4:26). Hay situaciones que nos pueden desestabilizar, pero cuando entregamos todo en las manos de Dios podemos avanzar en la vida sin preocuparnos por la venganza. La venganza no es nuestra No te enfoques...

El Hambre del Hombre Espiritual

Texto Clave: «No solo de pan vivirá el hombre, sino de cada palabra que Dios habla». (Mateo 4:4) Intro Vivimos en un mundo obsesionado por saciar los apetitos del cuerpo. Corremos detrás del éxito, de la comodidad, del reconocimiento y de los placeres materiales. El ser humano cuida con esmero su cuerpo físico y su mente, pero con frecuencia olvida que está compuesto de una tercera dimensión, la más profunda y eterna: el espíritu. El cuerpo grita cuando tiene hambre; nos ruge el estómago, nos falta la energía y nos debilitamos. Pero el espíritu también tiene hambre. El problema es que muchas veces no sabemos identificar sus síntomas. Confundimos el hambre espiritual con ansiedad, con vacío existencial o con una insatisfacción constante que intentamos llenar con las cosas equivocadas. 1. El Diagnóstico: Un Alma Desnutrida El hombre espiritual no puede sobrevivir con la dieta del mundo. El entretenimiento, los bienes materiales y los logros profesionales pueden entretener el alma por un ...

Avanzando en victoria

Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. (2 Corintios 2:14) El camino de la vida está lleno de desafíos, pero este versículo nos recuerda una verdad poderosa. En Cristo, somos guiados a la victoria. La victoria no depende de nuestras fuerzas, sino de la presencia de Dios que va delante de nosotros abriendo caminos, incluso en las situaciones más difíciles. Avanzar en victoria significa confiar en que Dios tiene el control. Incluso cuando enfrentamos derrotas aparentes, podemos creer que Dios usa todas las cosas para nuestro bien. Cada paso dado con fe se convierte en parte de un propósito mayor que moldea nuestro carácter y fortalece nuestra esperanza. Cuando te sientas desanimado, recuerda: no estás solo. Dios camina contigo. Él guía tus pasos y usa tu vida para difundir su conocimiento y amor como un perfume que llega a todos los que te rodean. Esto significa que aun en tus m...

Firmes en la Tormenta:

Cómo vivir en los tiempos finales Pasaje Clave: Mateo 24:11-14 Objetivo: Inspirar a la iglesia a no desanimarse por la maldad del mundo, sino a encender su primer amor y predicar el evangelio con más fuerza. ​ Introducción Al mirar las noticias, es fácil sentir que el mundo se está saliendo de control (crisis globales, pérdida de valores, tensiones). Muchos cristianos viven asustados. ​La Realidad: Jesús nunca nos prometió un mundo cómodo antes de su venida; de hecho, nos advirtió exactamente lo que pasaría.   Los tiempos difíciles no son una señal para que la iglesia se esconda, sino para que brille. Jesús nos dejó tres instrucciones claras para estos tiempos. ​ Punto 1: Cuiden que nadie los engañe (La batalla por la Verdad)   ​Base bíblica: Mateo 24:4-5 "Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre..."   ​Hoy en día estamos inundados de información, pero hambrientos de verdad. El relativismo moral y las falsas doctrinas abundan.   ​En la práctica: ...

Firmes en la Roca en Medio de la Tempestad

Mateo 8:23-27 (La tempestad calmada) y Salmo 46:1-2. I. Jesús está en la barca con nosotros Cuando los discípulos enfrentaron la tormenta, Jesús estaba dormido en la barca. Muchas veces en las pruebas y desastres naturales, podemos sentir que Dios guarda silencio. Verdad espiritual: La presencia de Jesús en nuestra vida no nos exime de pasar por tormentas, pero nos garantiza que no nos hundiremos. Él está en el control soberano de la creación. II. Clamar en medio del peligro Los discípulos fueron a despertar a Jesús diciendo: "¡Señor, sálvanos, que perecemos! "Verdad espiritual: En momentos de lluvias intensas o deslaves, nuestra primera reacción no debe ser la desesperación, sino el clamor a Dios. El Salmo 107:28-30 nos recuerda que cuando clamamos en nuestra angustia, Él nos saca de la aflicción y calma la tempestad. III. Una fe que vence al temor Jesús calmó los vientos y el mar, pero antes les dijo a sus discípulos: "¿Por qué teméis, hombres de poca fe? "Verdad ...

Comunión con la Palabra

Les anunciamos lo que hemos visto y oído, para que también ustedes tengan comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. (1 Juan 1:3) Es interesante ver cuánto Dios se interesa en tener comunión con su creación. La Biblia dice que él no abandonó el universo que creó, sino que lo sustenta y lo cuida constantemente. Además de eso, el Señor se dispuso tener comunión con los hombres de una forma muy especial. Desde el principio, él iba al jardín para estar en compañía de Adán y Eva. Después, vino en la persona de Jesucristo, convivió con sus discípulos, habitó en medio nuestro. Luego, dio a sus hijos el Espíritu Santo, el consolador que habita con aquellos que creen en Jesús (Juan 14:26). En el versículo de hoy Juan declara que los apóstoles compartieron con nosotros el evangelio, todo lo que vieron y oyeron de Jesús. Podemos conocer hoy sobre la comunión que ellos mantuvieron con Dios a través de la Palabra. Que esa comunión con Dios, con el Evangelio ...

Separados para Su Gloria, Llamados por Su Gracia.

Jeremías 1:4-9 / 1 Timoteo 3:1 Introducción ¡Amada iglesia, qué privilegio es estar reunidos, con hambre de aprender más de la Palabra de Dios! Queremos hablar de un fundamento vital para la salud de la iglesia local: el llamado divino.  En el ambiente secular, cualquiera con carisma, dinero o intelecto puede convertirse en un líder. Pero en la iglesia de Jesucristo, las reglas son completamente diferentes.  Nadie puede ni debe atribuirse el honor de ser pastor a menos que haya sido llamado por Dios.  El pastorado no es una carrera que se elige por conveniencia; es una asignación soberana del Cielo. El Origen del Llamado es Divino (Jeremías 1:4-5) El profeta Jeremías registra las palabras del Señor: "Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué..." El llamado no nace en las emociones humanas ni en los deseos de grandeza. Nace en el corazón de Dios. Cuando el camino se pone difícil (y en el ministerio siempre hay tormentas), lo único que...