sábado, 3 de noviembre de 2012

"¿Qué sucede en el juicio final?" ¿Hacia dónde se dirige la humanidad?

Obligaré a tus opresores a comer su propia carne y a emborracharse con su sangre, como si fuera vino. Así toda la humanidad sabrá que yo, el Señor, soy tu salvador; que yo, el Poderoso de Jacob, soy tu redentor.”  “Vendrán y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí. Los gusanos que se los comen no morirán, y el fuego que los devora no se apagará. 

¡Serán algo repugnante para toda la humanidad! ”¿Quieres pedir para ti algo extraordinario? Pues no lo pidas, porque voy a enviar calamidades sobre toda la humanidad. Pero al menos permitiré que conserves tu vida dondequiera que vayas. Yo, el Señor, lo afirmo.’ ” 


Noé fue recto e intachable; cuando vino la destrucción, él renovó a la humanidad. Gracias a él quedaron sobrevivientes, y haciendo Dios con él un pacto, terminó el diluvio; Así también, al comienzo, cuando murieron los orgullosos gigantes, la esperanza del mundo se refugió en una balsa que, conducida por tu mano, dejó al mundo la semilla de una nueva humanidad. En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. 

La luz verdadera que alumbra a toda la humanidad venía a este mundo. Hch 2,17 ‘Sucederá que en los últimos días, dice Dios, derramaré mi Espíritu sobre toda la humanidad. Vuestros hijos y vuestras hijas comunicarán mensajes proféticos, vuestros jóvenes tendrán visiones y vuestros ancianos tendrán sueños. 1 Co 4,13 Se habla mal de nosotros y contestamos con bondad. Nos tratan como a basura del mundo, como a desperdicio de la humanidad. Y así hasta el día de hoy.
Ante todo recomiendo que se hagan a Dios peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por toda la humanidad. Dios nos ha mostrado su bondad, que trae la salvación a toda la humanidad.

Respuesta: Lo primero que se debe entender sobre el juicio final, es que no puede evitarse. Independientemente de cómo decidamos interpretar la profecía sobre el fin de los tiempos, se nos dice que “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto, el juicio.” (Hebreos 9:27). Todos tenemos una cita divina con nuestro Creador. El apóstol Juan registró algunos detalles del juicio final:

“Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” (Apocalipsis 20:11-15).

Este notable pasaje nos introduce al juicio final – el fin de la historia humana y el principio del estado eterno. Podemos estar seguros de esto: no se cometerá ningún error en nuestras audiencias, porque seremos juzgados por un Dios perfecto (Mateo 5:48; 1 Juan 1:5). Esto se manifestará por muchas pruebas innegables. Primero, Dios será perfectamente justo y equitativo (Hechos 10:34; Gálatas 3:28). Segundo, Dios no puede ser engañado (Gálatas 6:7). Tercero, Dios no se deja llevar por prejuicios, excusas o mentiras (Lucas 14:16-24). 



Como Dios Hijo, Jesucristo será el juez (Juan 5:22). Todos los incrédulos serán juzgados por Cristo ante el “gran trono blanco,” y serán castigados de acuerdo a las obras que hayan hecho. La Biblia es muy clara en que los incrédulos están acumulando ira contra ellos mismos (Romanos 2:5) y que Dios le “pagará a cada uno conforme a sus obras” (Romanos 2:6). (Los creyentes también serán juzgados, en un juicio diferente llamado “el tribunal de Cristo” [Romanos 14:10], pero puesto que la justicia de Cristo ha sido imputada a nosotros y nuestros nombres están escritos en el Libro de la Vida, nosotros seremos recompensados, no castigados, de acuerdo a nuestras obras.) En el juicio final, el destino de los no salvos estará en las manos del Dios omnisciente, quien juzgará a cada uno conforme a la condición de su alma. 

Por ahora, nuestro destino está en nuestras manos. El final del viaje para nuestras almas, será el cielo eterno o el infierno eterno (Mateo 25:46). Debemos elegir dónde estaremos, al aceptar o rechazar el sacrificio que Cristo hizo por nosotros, y debemos tomar esa decisión antes que nuestras vidas físicas en este mundo lleguen a su fin. Después de la muerte, ya no habrá oportunidad de elegir, y nuestro destino será estar ante el trono de Dios, donde “todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.” (Hebreos 4:13). Romanos 2:6 declara que Dios “pagará a cada uno conforme a sus obras.

La vida de la iglesia: Tito 3: 1-10. Recuérdales que se sometan al gobierno y a las autoridades,a que sean obedientes y que siempre estén dispuestos a hacer el bien. Que no hablen mal de nadie, que sean pacíficos y bondadosos, y que se muestren humildes de corazón en su trato con todos. Porque antes también nosotrosc éramos insensatos y desobedientes a Dios; andábamos perdidos, y éramos esclavos de toda clase de deseos y placeres.

Vivíamos en maldad y envidia, odiados y odiándonos unos a otros. Pero Dios nuestro Salvadore mostró su bondad y su amor por la humanidad, y nos salvó, no porque nosotros hubiéramos hecho nada bueno, sino porque tuvo compasión de nosotros. Por medio del lavamiento nos ha hecho nacer de nuevo; por medio del Espíritu Santo nos ha dado nueva vida, y por medio de nuestro Salvador Jesucristo nos ha dado el Espíritu Santo en abundancia, para que, hechos justos por su bondad, recibamos la vida eterna que esperamos.

Esto es muy cierto, y quiero que insistas mucho en ello, para que quienes creen en Dios se ocupen de hacer el bien. Esto es bueno y útil para todos. Pero evita las discusiones tontas, las leyendas acerca de los antepasados, las discordias y las peleas por cuestiones de la ley de Moisés. Son cosas inútiles y sin sentido. 
Al que cause divisiones en la iglesia llámale la atención una y otra vez; pero si no te hace caso, expúlsalo de ella, pues debes saber que se ha pervertido y que su mismo pecado le está condenando.

Recomendaciones personales: 

Ayuda en todo lo que puedas, que los nuestros aprendan también a hacer el bien y a ayudar en casos de necesidad, para que su vida sea útil. Que Dios derrame su gracia sobre todos nosotros.


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