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Tránslate / Traducción

LET'S RECALL .....HIM....AT ALL !






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Yet?









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If there is any such thing as a universal question, it may be this: Are we there yet? Generations of children have asked it. They have then grown into adults who have to answer the same question when their children ask.
Whenever I read the books of Moses, I wonder how many times he heard that question from the Israelites. Before rescuing them from slavery and leading them out of Egypt, Moses told them that the Lord would lead them to “a land flowing with milk and honey” (Ex. 3:8). He did, but first they spent 40 years wandering in the wilderness. This was no ordinary wandering, however. They were not lost; they were wandering for a purpose. After 400 years of slavery, the children of Israel needed to have their hearts, souls, and minds reoriented toward God. This was accomplished in the wilderness (Deut. 8:2,15-18), but not before an entire generation died because of their disobedience (Num. 32:13).
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Read:
Deut. 8


In life, it sometimes seems as if we are wandering in circles. We feel lost. We want to ask God, “Are we there yet? How much longer?” At such times, it helps to remember that the journey, not just the destination, is important to God. He uses it to humble us, test us, and show us what is in our hearts.
(Deuteronomy 8 -Audio-)
   




The Lord your God led you all the way these forty years in the wilderness, to humble you and test you, to know what was in your heart. —Deut. 8:2

All God’s testings have a purpose—
Someday you will see the light;
All He asks is that you trust Him,
Walk by faith and not by sight. —Zoller
It’s the journey, not just the destination, that’s important.

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Bible in a Year:
Deut. 8-10;
Mark 11:19-33


"Reflexions from Our Daily Bread"
Posted by: Ben Ayala :  benayalal@gmail.com email
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Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón. (Jeremías 29:13) Muchos saben sobre la vida de Jesús y sus milagros principales, pero pocos lo conocen a él de verdad. Conocer a Jesús va más allá de saber quién es él. No se le puede conocer sin buscarlo de verdad. Aquel que busca su presencia en espíritu y en verdad lo encontrará (Juan 4:23-24). Conocer a Jesús es andar según su Palabra y ser un imitador suyo (1 Corintios 11:1). Más que querer o decir palabras, es necesario actuar, decidir. Cuando buscamos a Jesús de todo corazón, él se nos revela. Esa cercanía con él transforma nuestra vida. Si aún no has tenido esa experiencia, búscala. ¡Jesús también desea conocerte! Conociendo a Jesús Para conocer a Jesús, lo primero que necesitas hacer es invitarle. Abre tu corazón y deja que Jesús entre en tu vida. Acéptale.Lee el Evangelio de Juan y sabrás cuánto Jesús te ama. Búscalo en oración. Dedica un tiempo de tu día para hablar con él. Para orar: Jesús, quiero conocerte más...

Esperanza renovada cada mañana

Oh Jehová, ten misericordia de nosotros, a ti hemos esperado; tú, brazo de ellos en la mañana, sé también nuestra salvación en tiempo de la tribulación. (Isaías 33:2) Este versículo resuena en nuestros corazones como un soplo de esperanza. El profeta Isaías nos recuerda que no estamos solos. Tenemos un Dios que ve, que escucha y que actúa con misericordia. Esperar en Dios no es pasividad: es fe activa. Es mirar hacia arriba cuando todo a nuestro alrededor se derrumba. Es saber que, aunque no veamos salida, él ya está obrando a nuestro favor. Sus misericordias son nuevas cada mañana, y con ellas recibimos fuerza para otro día. Quizás estés enfrentando luchas que parecen superar tus fuerzas. Pero recuerda: Dios es tu fortaleza. Él no te exige que camines solo. Él se ofrece a ser tu sustento diario, tu paz en el caos, tu salvación en tiempos de peligro. Cuando el miedo intente dominar tu corazón, declara: "¡Señor, espero en ti!". Cuando el dolor parezca insoportable, clama: ...

Saneando el corazón

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. (Salmo 51:10) Estamos expuestos continuamente a situaciones que intentan manchar nuestro corazón: heridas, envidia, resentimiento, preocupaciones y culpa, que se acumulan gradualmente en nuestro interior. Así como una casa necesita una limpieza constante para permanecer habitable, el corazón también necesita desinfectarse constantemente para seguir siendo la morada del Espíritu Santo. Desinfectar el corazón es más que simplemente olvidar lo que nos ha herido. Es permitir que Dios entre en cada rincón de nuestra alma, eliminando lo que no proviene de él. Es abrir las ventanas de nuestro corazón para que la luz del amor de Dios entre y disipe la oscuridad del orgullo, la ira y la incredulidad. Esta limpieza no ocurre de repente. Es un proceso diario que se logra mediante la oración sincera, el arrepentimiento verdadero y la lectura de la Palabra. Cuando entregamos al Señor lo que nos agobia, él cambia la su...