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Tránslate / Traducción

Urgente y necesaria la solidaridad con nuestros hermanos más necesitados.


El ser humano no puede vivir sin amor.

Sólo el amor colma de sentido las aspiraciones más profundas de la persona. Viviendo la dinámica del amor, el hombre se encuentra consigo mismo, descubre la excelencia de su dignidad, lo extraordinario de su vocación a ser libre y la grandeza de su humanidad.

Es en el encuentro personal con el Señor Jesús donde la persona percibe plenamente qué es el amor. Optar por el Hijo de Santa María es optar por el amor, porque Él mismo es Amor (1Jn 4, 8; 1Jn 4, 16), y nos enseña a amar de verdad, con toda la radicalidad que ello implica, con ese amor que no conoce medida, que llega al extremo de dar lo más preciado, como puede ser la propia vida (Jn 15, 13).

La opción por quien es Señor de la Vida y del Amor nos muestra, asimismo, la profundidad de nuestra propia realidad. En efecto, en aquella aspiración a vivir el encuentro personalizante con el Tú divino, descubrimos una análoga aspiración de apertura fraterna hacia nuestros hermanos humanos.

"Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado" (Jn 15, 12). Estas palabras del Señor Jesús nos invitan a recorrer el camino del amor al hermano. Amar como Cristo nos amó es abrirse al dinamismo del amor, que desde nuestra propia realidad se prolonga hacia los hermanos humanos.

No puede existir auténtico amor humano si no es alentado por el Espíritu del Señor. Sólo Él nos revela la hondura y la intensidad del amor, así como el horizonte de la exigencia que su vivencia implica.


LA SOLIDARIDAD, UNA EXIGENCIA DE AMOR
Vivimos en un mundo donde el amor se ha desvirtuado, en una sociedad donde la manipulación del lenguaje y la cultura de muerte han vaciado al amor de su verdadero significado, convirtiéndolo en una triste caricatura. Sin embargo, la nostalgia por el auténtico amor no sólo no desaparece, sino que se acrecienta cada vez más. Se hace pues urgente profundizar en la dinámica del amor y vivir con radicalidad sus alcances.

La vida cristiana es fe que se expresa en lo concreto, en lo real, y no de abstracciones o quimeras. La solidaridad es una manera concreta de vivir el amor al que apunta la fe. No se trata de un sentimiento superficial por los males que aquejan a muchas personas, ni de una mera compasión, puramente exterior. Para todo aquel que aspira a vivir hasta las últimas consecuencias su vocación de hijo de María, la solidaridad es un proyecto de vida, una exigencia que impregna toda su existencia, un horizonte específico de compromiso cristiano.

Ser solidarios no es otra cosa que abrirse al hermano, a aquel que tengo a mi lado, en un dinamismo de amor y generosidad que me mueve a trascender las barreras de mi propio egoísmo y mezquindad, para salir a su encuentro y descubrir sus necesidades más urgentes. Es morir a mí mismo renunciando incluso a lo legítimo, para que el otro viva (1Jn 3, 16), a semejanza de Aquel que dio su vida por nosotros (Gál 2, 20). Es compartir la carga de los demás, haciendo también mías sus alegrías y preocupaciones (Gál 6, 2). Es hacerme eco a ese tú que no sólo es un sujeto de derechos y deberes, sino que es imagen viva de Dios, miembro de un mismo Cuerpo, junto conmigo, en Cristo Jesús (Rom 12, 5).

La vivencia de la solidaridad no debe convertirse en un exigencia propia de circunstancias extraordinarias. La solidaridad comienza allí, en lo cotidiano, en las acciones ordinarias y comunes de la propia vida; en la casa, el colegio, la universidad, el trabajo, con aquellos que me rodean.

De ahí que para ser verdaderamente solidario debo empezar por ser guardián de mi hermano, corresponsable, junto con él, de su propia santificación. Para ello cuento con mi oración, mi tiempo, mi paciencia, mi cariño; riquezas invalorables que tengo para compartir.

El Espíritu Santo, que ha infundido el amor de Dios en nuestros corazones (Rom 5, 5), nos propone, a través de San Pablo, todo un programa para hacer vida la solidaridad en nuestras existencias: viviendo la caridad sin fingimientos, amándonos cordialmente unos a otros, con celo sin negligencia, con espíritu fervoroso, con la alegría de la esperanza (Rom 12, 912); alegrándonos con los alegres, llorando con los que lloran, teniendo un mismo sentir los unos con los otros (Rom 12, 15-16); no teniendo otra deuda que la del mutuo amor (Rom 15, 1-2); acogiéndonos mutuamente en Cristo para la gloria de Dios (Rom 15, 7).


SOLIDARIDAD CON LOS MAS POBRES
Hoy más que nunca se hace urgente y necesaria la vivencia de la solidaridad con nuestros hermanos más necesitados. Frente a tanto dolor y miseria que nos rodea, no hay lugar para la pasividad o la indiferencia. Se trata de vivir una efectiva y afectiva solidaridad con el hermano que sufre, cada uno según su capacidad y posibilidades. Ése fue el desafío que nos presentó el Papa Juan Pablo II durante su primera visita, en 1985: "Yo os invito a una solidaridad especial con estos pobres, que son tantos en nuestro mundo de hoy" (EJ, 11).


MARIA MODELO DE SOLIDARIDAD
María nos muestra con su propia existencia los alcances de una vida cristiana edificada sobre la radicalidad del amor. En Ella, el amor solidario se hace concreto en cada episodio de su vida. Con su Fiat generoso, la humilde Virgen de Nazaret renuncia a sus propios planes personales, haciéndose solidaria con la humanidad toda (Lc 1, 38). Corre presurosa al encuentro de Isabel, para servirla en la caridad, tanto con el anuncio evangelizador, como con la ayuda fraterna (Lc 1, 39ss). Durante unas bodas en Caná de Galilea, su fineza de espíritu la mueve a interceder ante su Hijo e invitarlo a la manifestación de sus señales, para resolver las dificultades que la falta de vino pudo haber traído a los novios (Jn 2, 1-11).

Su acción solidaria no se agotó en los hechos, sino que se prolonga en la historia a través de la intercesión que con afecto maternal, constantemente realiza por nosotros ante el Señor Jesús, su Hijo.

CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración


La solidaridad es una exigencia de nuestra propia naturaleza: 1Cor 12, 26; 2Cor 5, 14-15; Gál 5, 13-15.
Salir al encuentro de los demás: Mt 18, 15ss; Jn 15, 13; Rom 15, 1; Gál 6, 2; 1Jn 3, 16.
Solidaridad con los más necesitados: Mc 10, 44; Lc 4, 18; 1Cor 9, 22; 2Cor 9, 7-9.
María ejemplo de solidaridad: Lc 1, 39ss; Jn 2, 1-5; Hch 1, 14.


PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO


¿Qué es la solidaridad?
¿Por qué es importante para tu vida cristiana?
¿Qué significa para ti ser «guardian de mi hermano»?
¿De qué manera lo vives?
¿Cómo crees que puedes vivir la solidaridad?
¿Qué dificultades se te presentan?
¿Qué puedes hacer para superarlas?
 
Pastor Tony en Facebook Iglesia TBM-Missions: https://www.facebook.com/roberto.bonillacea
Sitio Web Dedicado a Video: TBM-Missions TV




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