Ir al contenido principal

Tránslate / Traducción

La homosexualidad.

 

Estas y otras preguntas están hoy sobre la mesa para detenernos y pensar....

¿Cual debe ser mi respuesta y posición como cristiano?
¿Como ve Jesús al homosexual? 
¿He tomado la actitud correcta hacia ellos?

¿De que manera estamos obrando como hijos de Dios?

Sólo porque alguien es homosexual no significa que no podamos amar a esa persona u orar por él/ella.

La homosexualidad es un pecado y como cualquier otro pecado, éste necesita ser tratado con el único camino posible: 

necesita ser llevado a la cruz del calvario y arrepentirse del mismo.

A todos nosotros como Cristianos nos corresponde orar por la salvación de los homosexuales de la misma forma como lo hacemos por cualquier otra persona en pecado. 

Debemos tratarlos con la misma dignidad con la que tratamos a otra persona debido a que ellos están hechos a la imagen de Dios, no olvidemos que personas que se han desviado de su verdadera identidad sexual, son prisioneros de las mentiras de satanás y nuestra misión es rescatarlos. 

Sin embargo, 
esto NO significa que tengamos que aprobar el pecado de ellos. 

Recordemos que la Palabra de Dios nos enseña:

Colosenses 4:5-6 Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.”

1ª Timoteo 1:5 “Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida.”

Como Cristianos que somos jamás nos ganaremos a estas personas para el Señor condenándoles y usando palabras inapropiadas. 

Esta es la razón por la cual Dios dice que hablemos con sabiduría, gracia y amor. 

Permitamos que el amor de Cristo fluya a través de nosotros para que los homosexuales puedan ver un amor verdadero y acercarse a Cristo en vez de alejarlos de Él.
160116

Comentarios

NOVEDADES

Formación Pastoral (2. Llamamiento)

Capítulo 2 El llamamiento y la renuncia en la vida del líder - El líder ante un momento crucial La noche cayó con una sorprendente rapidez. Su esposa se encontraba unos metros más allá. Dormía. El no podía conciliar el sueño. Hacía calor. Sudaba. Hubiera querido beberse otro vaso con agua fría, pero asumió que lo mejor era salir por un rato de la estancia y dejarse arrullar por la brisa que—cerca de la medianoche—golpeaba con fuerza sobre el caserío. --¿A dónde vas?—preguntó la mujer. --Afuera, no tardo—respondió él mientras cruzaba el umbral de la puerta. El cielo lucía hermoso, tachonado de estrellas que se perdían en el infinito. Alrededor, las gentes dormían. Estaban ajenos a su realidad. El no hacía otra cosa que pensar. La vida le había sonreído. Tenía el reconocimiento de sus coterráneos, gozaba de solidez económica, de un hogar apacible, de una familia que le amaba y de vastas extensiones de tierra que se perdían en el horizonte. --Definitivamente la vida me ha sonreído...—musi...

Título: Llamados a Libertad, no a Esclavitud

VERSICULO CLAVE : “Cristo nos libertó para que vivamos en libertad.  Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud.” (Gálatas 5:1) ​1. La Verdadera Libertad: Libertad "PARA" ​La libertad en Cristo no es la ausencia de reglas, sino la presencia de un propósito.  No es solo ser libre de algo (pecado, pasado, culpa), sino ser libre para algo (amar, servir, crecer). ​Es una liberación interna: Se trata de sanar el corazón para que ya no esté encadenado a vicios o traumas. ​Se basa en la Verdad: Jesús dijo: "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8:32). La libertad cristiana nace de entender quiénes somos en Dios. ​Tiene límites protectores: Imagina un pez; es libre dentro del agua. Si el pez pide "libertad" para caminar en la tierra, muere. La libertad bíblica funciona dentro del diseño de Dios. ​2. El Espejismo del Libertinaje: Libertad "DE" ​El libertinaje es la distorsión de la libertad. Es la...

Formación Pastoral (5. Pruebas)

El líder crece en medio de las pruebas - Las diversas formas de una prueba Las tardes cálidas y llenas de placidez en familia constituían algo que nunca previó Abraham. Sara, su esposa, junto a las siervas atendiendo los quehaceres domésticos. Los negocios atravesando su mejor período y, en la mayoría de los casos, con una tendencia a crecer. Y en el inmenso solar, su hijo con otros chicos de su edad.  ¿Qué más le podía pedir a Dios?. Estaba orgulloso de cuanto había acontecido en su existencia. Ocasionalmente cuando veía morir la tarde y la brisa bañaba con frescura en aquél territorio, solía recordar los años de espera. Al comienzo se desesperaba pensando que jamás se materializarían en su existencia las promesas divinas. Vino luego un período que podía llamar de resignación, y por último, –por cosas paradójicas de la vida—el reverdecer de la fe tras cada nuevo encuentro con Dios quien le reafirmaba las promesas. ¿Pruebas?¿ Momentos difíciles?  Esos dos conceptos sonaban lej...