
Pasaje Central: Juan 14:6 — "Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí."
Amada iglesia, hoy vivimos en un mundo repleto de filosofías, ideologías, dogmas y corrientes de pensamiento. Si salimos a las calles, encontraremos personas que dicen que Dios no existe, otras que adoran a miles de divinidades, algunas que profesan seguir a Jesús pero han distorsionado quién es Él, y muchas más que confían en sus propias buenas obras para llegar al cielo.
Sin embargo, la Palabra de Dios es categórica y no deja lugar a la ambigüedad: la salvación no se encuentra en un sistema humano, no se compra con méritos, ni se alcanza a través de falsas doctrinas. La salvación es una obra exclusiva de Dios por gracia, a través de la fe en Jesucristo.
Hoy examinaré a la luz de las Escrituras por qué ninguna de estas corrientes puede salvar al ser humano y por qué solo Cristo es el Salvador del mundo.
I. LA FOLLÍA DEL ATEÍSMO Y EL SECULARISMO
Comencemos observando a aquellos que han decidido vivir como si Dios no existiera. El ateísmo no es simplemente una duda intelectual; la Escritura nos enseña que es una postura del corazón que busca la autonomía moral para no rendir cuentas al Creador.
Escuchen lo que declara el Salmo 14:1:
"Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; No hay quien haga el bien."
Y el apóstol Pablo, escribiendo a los Romanos, nos muestra la condición de todo aquel que niega a Dios (Romanos 1:20-22):
"Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios."
La creación misma proclama la gloria de Dios. Cuando el hombre niega al Creador, no se vuelve libre; se vuelve esclavo de su propia vanidad. El ateísmo no puede salvar a nadie porque destruye la única base del perdón: el reconocimiento de que somos pecadores necesitados de un Salvador.
Recordemos la Torre de Babel en Génesis 11. La humanidad se unió en su orgullo y dijo: "Edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo, y hagámonos un nombre". Intentaron alcanzar las alturas por sus propios medios sin Dios. ¿Cuál fue el resultado? No fue la salvación ni el progreso, sino la confusión, el juicio y la dispersión. Todo intento del hombre por edificarse sin Dios termina en ruina.
II. LA ENGAÑOSA CEGUERA DE LA IDOLATRÍA Y LAS RELIGIONES PAGANAS
Por otro lado, están las religiones orientales y paganas. Sistemas que adoran la creación, que enseñan el culto a múltiples dioses, o que promueven la idea del "karma" y la reencarnación, donde el hombre supuestamente se purifica a sí mismo a lo largo de miles de vidas.
Pero vean cómo el profeta Isaías desenmascara la necedad de confiar en dioses fabricados por la mente o las manos del hombre (Isaías 44:9-10, 17):
"Los formadores de imágenes de talla, todos ellos son vanidad, y lo más precioso de ellos para nada es útil; y ellos mismos para su confusión son testigos de que los ídolos no ven ni entienden. ¿Quién formó un dios, o quién fundó una imagen de talla que para nada es de provecho? ... Y hace del sobrante un dios, un ídolo suyo; se postra delante de él, lo adora, y le ruega diciendo: Líbrame, porque tú eres mi dios."
Y en la primera carta a los Corintios, el apóstol Pablo reafirma (1 Corintios 8:5-6):
"Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él."
Un ídolo no puede ver, no puede oír y no puede salvar. Tampoco existe la reencarnación; la Biblia declara en Hebreos 9:27 que "está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio".
Cuando Pablo llegó a la ciudad de Atenas en Hechos 17, su espíritu se conmovió al ver una ciudad entregada a la idolatría. Se paró en medio del Areópago y les dijo que al Dios no conocido, al Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, a ese Dios les anunciaba. Pablo les dejó claro que Dios "no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres como si necesitase de algo", y que ahora manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan.
III. LA PELIGROSA TRAMPA DE LAS SECTAS Y LAS DOCTRINAS DISTORSIONADAS
Llegamos ahora a uno de los peligros más sutiles: las sectas que utilizan la Biblia pero pervierten su mensaje. Hay grupos que enseñan que Jesús fue solo un ángel o un profeta creado, como los Testigos de Jehová. Hay otros que añaden nuevos libros a la Escritura y enseñan que los hombres pueden llegar a ser dioses, como el mormonismo. Y hay quienes dividen la deidad o predican de manera sesgada, enfocándose aisladamente en una sola Persona de la Trinidad e ignorando la plenitud del Dios Trino.
Hermanos, un Jesús diferente produce una salvación falsa. Si el Jesús que alguien predica no es el Dios eterno encarnado, ese Jesús no tiene el poder de salvar.
Escuchen el aviso solemne de Pablo a los galatas (Gálatas 1:6-8):
"Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema."
Y el anciano Juan nos advierte en 2 Juan 1:9:
"Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo."
Frente a la mentira de que Jesús es un ser creado, contemplen la confesión del apóstol Tomás cuando vio al Cristo resucitado en Juan 20:28-29:
"Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron."
En la iglesia de Galacia, los judaizantes intentaron añadir la ley y la circuncisión al sacrificio de Cristo. No negaban a Jesús del todo, simplemente decían: "Jesús es necesario, pero también necesitas nuestras obras y costumbres". Pablo no lo llamó una simple diferencia de opinión; lo llamó pervertir el Evangelio. Cualquier enseñanza que reste gloria a Cristo o añada requisitos humanos para la salvación es un falso evangelio.
IV. LA GLORIOSA EXCLUSIVIDAD Y SUFICIENCIA DE JESUCRISTO
Frente al ateísmo, las religiones falsas y las sectas desviadas, ¿cuál es la verdad absoluta? La verdad es que Jesucristo es el único y suficiente Salvador.
Todas las religiones del mundo son el intento del hombre por escalar hasta Dios mediante esfuerzos, ritos y sacrificios. El Evangelio es lo opuesto: es Dios descendiendo al hombre en la persona de Jesucristo para hacer lo que nosotros jamás hubiéramos podido hacer.
Escuchen las palabras directas de nuestro Señor Jesús en Juan 14:6:
"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí."
Escuchen la predicación audaz de Pedro ante los líderes religiosos en Hechos 4:11-12:
"Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos."
Reafirmemos lo que escribe Pablo a Timoteo (1 Timoteo 2:5-6):
"Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo."
Y consolidemos la doctrina de nuestra salvación en Efesios 2:8-9:
"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe."
No hay otro mediador. No hay santos, no hay ángeles, no hay instituciones humanas que puedan ocupar el lugar de Cristo. Él pagó el precio completo en la cruz del calvario. Cuando exclamó: "Consumado es", saldó la deuda del pecado de una vez y para siempre.
Miren el ejemplo desgarrador y glorioso del malhechor en la cruz en Lucas 23:39-43. Aquel hombre estaba agonizando al lado de Jesús. No tuvo tiempo de pertenecer a una organización, no se bautizó, no hizo obras de caridad, no tenía méritos que presentar. Simplemente miró a Jesús con fe y le dijo: "Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino". ¿Qué le respondió el Salvador? "De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso". Eso es la gracia: un pecador arrepentido salvado únicamente por la fe en el Hijo de Dios.
LLAMADO Y CONCLUSIÓN
Iglesia, la religión exige; Cristo redime. La religión carga de culpa; Cristo libera del pecado. La religión promete una salvación condicionada a los méritos del hombre; Cristo regala la vida eterna a quien confía en Su obra perfecta.
Hoy debemos afirmar nuestra fe en la verdad inmutable de la Palabra de Dios. No nos avergonzamos del Evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. Y al mismo tiempo, esta verdad debe llenar nuestro corazón de compasión por quienes están perdidos en el ateísmo, atrapados en las sectas o engañados por la religión.
Salgamos a proclamar con amor, firmeza y gracia que solo hay un Nombre dado a los hombres en el cual podemos ser salvos: Jesucristo, el Señor. Amén.
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