Ir al contenido principal

Tránslate / Traducción

¿Qué es la concupiscencia?

La concupiscencia no es, un pecado, en la moral cristiana y en la moral católica, es la inclinación a cometerlo. Se distingue entre concupiscencia actual, que son los deseos desordenados, y concupiscencia habitual, que es la tendencia a sentir esos deseos.

En la teología cristiana, se llama concupiscencia a sentir deseos (o exceso de deseos) no gratos a Dios. La concupiscencia (significado bíblico)  El término «concupiscencia» se refiere a un deseo intenso de obtener placer. (codicia, deseo).

En la mayoría de los versículos bíblicos donde encontramos esa palabra su uso está relacionado a dejarse llevar por la naturaleza pecaminosa en algún área de nuestra vida.

Muchos asocian la concupiscencia con la codicia, el deseo, la ambición o el placer sexual y esa es una de las áreas principales en las que se manifiesta. Pero también puede ser un deseo desmedido de obtener riquezas y placeres terrenales, o la inclinación a dejarse llevar por deseos descontrolados.

¿Cómo se manifiesta la concupiscencia?

Puede decirse que la concupiscencia es el deseo desmedido de satisfacción carnal. Este apetito, que suele relacionarse con lo sexual, resulta opuesto a lo racional. Lo concupiscente gratifica los sentidos, mientras que la razón -indican los cristianos- debe subordinarse a Dios.

¿Dónde nace la concupiscencia?

De acuerdo con su etimología de concupiscentĭa, de cupere ( 'desear' en latín, reforzado con el prefijo con) se refiere a la propensión natural de los seres humanos a mantener relaciones sexuales,​ y a partir de ahí a obrar el mal, como consecuencia del pecado original.

¿Cómo puedo vencer la concupiscencia?

Medita en los siguientes versículos bíblicos e intenta memorizarlos. Llena tu mente y tu corazón de la Palabra de Dios.  Recuerda cómo Jesús venció la tentación: hablando la Palabra (Mateo 4:1-11). Sigue su ejemplo y vive la vida victoriosa que él ya obtuvo para ti.

¿Qué dice Santiago 1 13?

Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.

La mayoría de las palabras en la biblia que se traducen como "concupiscencia" significan "un deseo apasionado".  Un fuerte deseo puede ser bueno o malo, dependiendo del objetivo de ese deseo y el motivo detrás de él. 

Dios creó el corazón humano con la capacidad para un deseo apasionado con el propósito de que lo anhelemos a él y a su justicia (Salmo 42:1-2; 73:25). 

Sin embargo, el concepto de "concupiscencia" generalmente ahora es asociado con un apasionado deseo por algo que Dios ha prohibido, y se ve la palabra como sinónimo de deseo sexual o materialista.

Santiago 1:14-15 nos da la progresión natural del deseo o la concupiscencia desenfrenada: "sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. 

Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte".

Según este pasaje, el deseo o la concupiscencia pecaminosa comienzan con un deseo perverso. No es pecado el ser tentado por el mal. Jesús fue tentado (Mateo 4:1). 

El pecado comienza cuando el deseo perverso "nos arrastra" de donde nuestros corazones necesitan estar. Cuando un deseo perverso se presenta, tenemos una elección. 

Podemos rechazarlo como lo hizo Jesús, y centrarnos nuevamente en el camino que Dios ha puesto delante nuestro (Mateo 4:10), o podemos entretenerlo. 

Como alguien dijo una vez, "no puedo evitar que las aves vuelen sobre mi cabeza, pero si puedo evitar que hagan nido en ella". Cuando la tentación nos atrae, debemos recordar que no estamos indefensos. Podemos optar por ceder o resistir. La razón por la que somos "arrastrados" por la tentación es que somos "seducidos".  

Esa palabra en griego se refiere a cebo, como en un anzuelo. Cuando un pez ve a la lombriz moviéndose, es atraído por ella y se sujeta. Una vez que el anzuelo está listo, se puede "arrastrar". Cuando nos encontramos con la tentación, debemos rechazar inmediatamente como José lo hizo cuando fue tentado por la esposa de Potifar (Génesis 39:11-12). 

La duda abre la puerta a la tentación. 

El nombre que Romanos 13:14 le da a esa duda es "proveer para los deseos de la carne". Así como los incautos peces, nos agarramos del pensamiento tentador, creyendo que nos deleitará y saciará. 

Saboreamos la fantasía, imaginamos escenarios nuevos y pecaminosos, y entretenemos la idea de que Dios no ha provisto todo lo que necesitamos para la felicidad (Génesis 3:2-4). 

Esto es absurdo. Segunda Timoteo 2:22 dice, "Huye también de las pasiones juveniles. …". "Huir" significa despegar inmediatamente. José no se quedó ahí considerando sus opciones. Él reconoció la tentación sexual y corrió. 

Cuando dudamos, hacemos provisión para la carne y le damos la oportunidad de elegir el mal.  A menudo, nos vemos abrumados por su poder. Sansón era un hombre fuerte físicamente, pero no era compatible con su propia concupiscencia (Jueces 16:1).

El siguiente paso en la progresión hacia abajo de la tentación, según Santiago 1, es que "la concupiscencia concibe". 

El deseo o concupiscencia comienza como una semilla, un pensamiento repleto de deseo equivocados. Si permitimos que las semillas de la concupiscencia germinen, ellos crecerán en algo más grande, más poderoso, más difícil de desarraigar. 

La tentación se convierte en pecado cuando se permite que germine.  El deseo adopta vida propia y se convierte en concupiscencia. Jesús dejó claro que la concupiscencia es pecado, incluso si físicamente no lo llevamos a cabo (Mateo 5:27-28). 

Nuestros corazones son el campo de Dios, y cuando permitimos que la maldad crezca allí, profanamos su templo (1 Corintios 3:16; 6:19). Los malos deseos asedian a cada ser humano. 

El décimo mandamiento prohíbe la codicia, lo que significa el deseo por algo que no es nuestro (Deuteronomio 5:21; Romanos 13:9).  

El corazón humano está buscando constantemente complacerse a sí mismo, y la concupiscencia comienza cuando descubre algo o alguien y cree que lo va a satisfacer. Sólo cuando nuestros corazones están dedicados a la gloria de Dios podemos vencer los deseos intrusos y conquistar la concupiscencia. 

Cuando nos rendimos al Señor, nos damos cuenta que nuestras necesidades son suplidas en una relación con él. Debemos "llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" (2 Corintios 10:5). 

Debemos permitir que el Espíritu Santo mantenga nuestros pensamientos donde él quiere que estén. Es de mucha ayuda el orar diariamente las palabras del Salmo 19:14 "Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío". 

Cuando el deseo de nuestro corazón es agradar a Dios más que a nosotros mismos, podemos mantener a raya a la concupiscencia.



"APOYA A NUESTRO MINISTERIO COMPARTIENDO"
 Comparte y Sigue; 

    


Follow on Facebook TBM-Missions:  https://www.facebook.com/roberto.bonillacea
Sitio Web Dedicado a Video: TBM-Missions TV


Comentarios

NOVEDADES

Detente y piensa en las maravillas de Dios

Espera un poco, Job, y escucha; ponte a pensar en las maravillas de Dios. - Job 37:14 ¿Hace cuánto tiempo no sacas un ratito para pensar? Sí, eso: detener todo y pensar. Sucede a menudo que el ajetreo diario nos impide percibir las cosas más simples e importantes que Dios nos proporciona... Desde el aire que respiras hoy, todo forma parte del gran regalo de Dios para ti. A veces estamos tan distraídos con todo que no nos percatamos de las maravillosas dádivas del Padre. Detente y reflexiona sobre la vida, la familia, la belleza de la creación, la salud, las sonrisas, la gentileza, la espontaneidad de los niños, el amor de Dios... ¡Hay tanto que podemos considerar y agradecer! Piensa en eso y disfruta un día lleno de bendiciones. Para y considera las maravillas de Dios hoy: Pausa un poco en tus quehaceres diarios y disfruta un tiempo a solas con Dios. Considera las pequeñas cosas, cada gesto, los detalles que revelan el gran amor que el Señor tiene por ti. Según transcurre el día agrade...

Esperanza renovada cada mañana

Oh Jehová, ten misericordia de nosotros, a ti hemos esperado; tú, brazo de ellos en la mañana, sé también nuestra salvación en tiempo de la tribulación. (Isaías 33:2) Este versículo resuena en nuestros corazones como un soplo de esperanza. El profeta Isaías nos recuerda que no estamos solos. Tenemos un Dios que ve, que escucha y que actúa con misericordia. Esperar en Dios no es pasividad: es fe activa. Es mirar hacia arriba cuando todo a nuestro alrededor se derrumba. Es saber que, aunque no veamos salida, él ya está obrando a nuestro favor. Sus misericordias son nuevas cada mañana, y con ellas recibimos fuerza para otro día. Quizás estés enfrentando luchas que parecen superar tus fuerzas. Pero recuerda: Dios es tu fortaleza. Él no te exige que camines solo. Él se ofrece a ser tu sustento diario, tu paz en el caos, tu salvación en tiempos de peligro. Cuando el miedo intente dominar tu corazón, declara: "¡Señor, espero en ti!". Cuando el dolor parezca insoportable, clama: ...

¡Vuelve al primer amor!

Sin embargo, tengo en tu contra que has abandonado tu primer amor.  ¡Recuerda de dónde has caído!  Arrepiéntete y vuelve a practicar las obras que hacías al principio. Si no te arrepientes, iré y quitaré de su lugar tu candelabro. - Apocalipsis 2:4-5 El principio de un noviazgo, el inicio de un nuevo proyecto de trabajo o de estudios es siempre muy intenso, lleno de entrega, de disposición y dedicación.  Tal como sucede con las otras relaciones o con las actividades que comenzamos, los primeros momentos con Dios también parecen ser mucho más apasionados. Infelizmente, con el pasar del tiempo, muchos abandonan su primer amor. El versículo de hoy sirve de alerta para que no permitamos que eso acontezca y volvamos a las prácticas de amor que demostrábamos a Jesús al principio.  Si antes dedicabas más tiempo amando (y sirviendo) a Dios y a tu prójimo, en oración, haciendo un devocional, leyendo y estudiando la Biblia, si sentías placer al participar de las reuniones, del...