Ir al contenido principal

Tránslate / Traducción

La ley de Moisès, La ley de Cristo

Carta a los Romanos!

1 “¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive?

2 Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido.

3 Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera.

4 Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.

5 Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte.

6 Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra” (Romanos 7: 1-6)

1. Pablo, en esta porción de la carta a los Romanos, nos explicará acerca de la diferencia que existe entre antes de estar en Cristo, y después.

Esto nos ayudará mejor a entender lo que somos en Cristo. La vigencia de la ley:

“¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive?

2 Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido.

3 Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera”:

Pablo se dirige a los nuevos creyentes romanos, y les recuerda algo que ya sabían: que la ley – por ser ley, no importa cual – se adueña del hombre.

Es decir, que el hombre que está bajo ley, está sujeto a ella.
No es libre de no cumplir esa ley (la que sea); está obligado a cumplirla.
Por lo tanto, la “ley se enseñorea del hombre”.


El ejemplo del matrimonio

La ley matrimonial obliga a la mujer casada a estar sujeta al marido, sólo mientras este vive.
Sólo será libre de la ley del marido si este llega a morir.

La consecuencia de unirse con otro varón mientras su marido vive, es adulterio. Así que, si infringe la ley así, llega a ser adúltera.

La única manera para que se pueda unir a otro hombre sin adulterar, es al ser libre de la ley, por causa de la muerte del marido.

Este es un ejemplo muy gráfico que Pablo nos da a todos, para poder entender mejor la diferencia entre estar bajo la ley o bajo la gracia de Cristo.


2. Muertos a la ley

“4 Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios”:

La única manera de que la Ley – esta vez, la ley Mosaica – no tuviera ya agarre en nosotros; lo que Pablo denomina “morir a la Ley”, es por haber muerto Cristo: (habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo)

Mientras Cristo vivía como hombre sobre la tierra, todos los creyentes estaban sujetos a la Ley. Cuando Cristo murió en la cruz, la ley finalizó para los verdaderos creyentes, llegó a su fin:

“porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (Romanos 10: 4). La palabra que se traduce por “fin”, es la griega télos, que significa justamente eso.

La justicia es la conseguida por el mismo Cristo dando su vida en la cruz, y cumpliendo en sí mismo las exigencias de justicia de esa ley.

Cristo como nuestro substituto, y como pecadores, sufrió el castigo del pecado que la ley demandaba.


LAS EXIGENCIAS DE LA LEY FUERON TOTALMENTE CUMPLIDAS EN LA CRUZ

Al morir Cristo, nosotros como creyentes, hemos muerto también a nosotros mismos – es decir al pecado, y a su modo de vivir.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí, y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2: 20)

“…para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios”:
Muertos por haber creído en Cristo y en su muerte vicaria: “el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4: 25),


Dios nos hizo renacer para vivir una vida nueva:

“Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6: 4)


Bautizados en su muerte

Cabe puntualizar aquí que ese bautismo del que habla Pablo concretamente, es el de ser “bautizados en Cristo

Jesús”, es decir, en su muerte:

“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?


4 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

5 Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección” (Romanos 6: 1-4)


3. Vivos en Cristo, y para Cristo
“…para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios”:


Leemos en 1 Corintios 6: 20;
“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”

Hemos sido comprados, y el precio fue la sangre (que es la vida) de Cristo, la cual fue derramada en la Cruz.


Por Su gracia; por Su Espíritu
Al ser de Cristo, hacemos y queremos hacer Su voluntad, porque para eso también Él nos ha dado de Su Espíritu, conforme a Su gracia:

“siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. (Romanos 3: 24)

“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Corintios 15: 10)

“Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz” (Romanos 8: 5, 6)


El fruto para Dios
“…a fin de que llevemos fruto para Dios”:

La finalidad de haber muerto a la ley, es también la de llevar fruto para Dios.


Leemos en Santiago:
“Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. 18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” (Santiago 2: 17, 18)

Esas obras (o fruto para Dios, lo cual implica que las obras son hechas en Su voluntad), muestran y demuestran que un día morimos a la ley, por haber nacido en Cristo.


La diferencia en el servicio

5 Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte.

6 Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra”:

Cuando vivíamos para nosotros mismos (cuando estábamos en la carne), el saber lo que estaba mal (la ley) y no poder – o no querer – evitarlo, hacia que el pecado abundase, y la consecuencia era la muerte eterna; esa era el fruto.

Estando en Cristo, y por tanto, libres del poder acusador de la ley, ya no vivimos bajo la imposición de la ley, sino en el poder del Espíritu Santo.

Ahora, servimos a Dios bajo el Espíritu (o en el Espíritu), y no a la fuerza, bajo castigo o temor al castigo.

La motivación para seguir a Dios es la del amor, no la del temor culpable.

_______________________________________________________________________
Follow on Facebook TBM-Missions: https://www.facebook.com/roberto.bonillacea
Sitio Web Dedicado a Video: TBM-Missions TV 220713

Comentarios

NOVEDADES

Formación Pastoral (5. Pruebas)

El líder crece en medio de las pruebas - Las diversas formas de una prueba Las tardes cálidas y llenas de placidez en familia constituían algo que nunca previó Abraham. Sara, su esposa, junto a las siervas atendiendo los quehaceres domésticos. Los negocios atravesando su mejor período y, en la mayoría de los casos, con una tendencia a crecer. Y en el inmenso solar, su hijo con otros chicos de su edad.  ¿Qué más le podía pedir a Dios?. Estaba orgulloso de cuanto había acontecido en su existencia. Ocasionalmente cuando veía morir la tarde y la brisa bañaba con frescura en aquél territorio, solía recordar los años de espera. Al comienzo se desesperaba pensando que jamás se materializarían en su existencia las promesas divinas. Vino luego un período que podía llamar de resignación, y por último, –por cosas paradójicas de la vida—el reverdecer de la fe tras cada nuevo encuentro con Dios quien le reafirmaba las promesas. ¿Pruebas?¿ Momentos difíciles?  Esos dos conceptos sonaban lej...

El Espíritu de la verdad y el espíritu del engaño

Nosotros somos de Dios, y todo el que conoce a Dios nos escucha; pero el que no es de Dios no nos escucha. Así distinguimos entre el Espíritu de la verdad y el espíritu del engaño. (1 Juan 4:6) Todas las ovejas conocen la voz de su pastor (Juan 10:27). Quien conoce la Palabra de Dios percibe cuando alguna voz suena extraña. En la Biblia tenemos las directrices sobre lo que procede o no procede de Dios. El que no tiene la Palabra de Dios como referencia se arriesga a obedecer cualquier voz. Toda voz que no está de acuerdo con la Palabra de Dios puede inducirnos a errar. Por eso, es muy importante que estemos atentos y discernamos todo lo que escuchamos (Hechos 17:11). Solo podemos discernir el espíritu del engaño si conocemos el Espíritu de la verdad. Sé guiado por el Espíritu de la verdad Busca la verdad, estudia la Palabra de Dios. No existen las «medias verdades». Si tienes dudas sobre algo, consulta la Palabra de Dios. La luz disipa la oscuridad. La verdad aparta el engaño. Para ora...

Firmes en la fe, fuertes en el Señor

Manténganse atentos y firmes en la fe; sean fuertes y valientes. (1 Corintios 16:13) La vida cristiana no está exenta de desafíos, pero es en esos momentos en los que somos llamados a mantener la mirada fija en el Señor, nuestra fuente de fortaleza y esperanza. Estar atentos es más que estar conscientes de los peligros. Es permanecer sensibles a la voz de Dios y a las oportunidades que él pone ante nosotros. En un mundo lleno de distracciones, nuestra vigilancia debe ir acompañada de una fe inquebrantable, una fe que nos mantenga en pie incluso cuando estemos rodeados por las tormentas de la vida. La valentía mencionada en este versículo no es la ausencia de miedo, sino la decisión de seguir adelante, confiando en la fidelidad de Dios. Él es nuestro amparo y fortaleza, ayuda siempre presente en los momentos difíciles. La fuerza que Dios nos llama a tener no viene de nosotros mismos, sino del Espíritu Santo que vive dentro de nosotros. Cuando nos sentimos débiles, es el momento ideal pa...