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Tránslate / Traducción

Hijos de Dios o creación de Dios

"UNICEF estima que en todo el mundo hay 150 millones de niños huérfanos y 17,6 millones de huérfanos dobles, es decir, que han perdido a ambos padres"

¡Imagínese! A través del mundo existen MILLONES de almas preciosas que no gozan del amor de una madre ni de la protección y consejo que ofrece un padre. Las guerras tienen una habilidad espantosa de convertir a niños felices en huérfanos. 

Por ejemplo, se calcula que después de la Primera Guerra Mundial 9.000.000 de niños perdieron a sus padres. También se cree que el mismo número de niños tuvieron la misma suerte después de la Segunda Guerra Mundial.

En la actualidad, esta terrible tragedia sigue afectando a niños a través del mundo, gracias a las guerras, el SIDA y otras causas.

¿Cómo se sentiría un niño o una niña al saber que sus padres se han muerto o que le han abandonado? Sólo pensar en un niño que tiene que vivir en la calle y buscar su comida en la basura nos da escalofríos.

Por muy trágica que nos parezca esta situación, todos nosotros nos hemos encontrado (o aun nos encontramos) en circunstancias similares.

LA BIBLIA INDICA QUE ÉRAMOS HUÉRFANOS EN UN SENTIDO ESPIRITUAL

Cuando nacimos éramos totalmente inocentes (Mr. 10:13,14; Ez. 18:20). 

Nuestros padres terrenales nos dieron un cuerpo físico pero Dios nos dio un espíritu. Según Heb. 12:9, Dios es el "Padre de los espíritus." No obstante, años después de nuestro nacimiento todos llegamos a ser responsables ante Dios como pecadores (Ro. 3:23).

 En este proceso llegamos a ser huérfanos espirituales no porque nuestro Padre celestial hubiera muerto sino porque NOSOTROS habíamos muerto a causa del pecado. Dios no murió en ninguna guerra ni en ningún accidente de circulación, sino a causa de NUESTRA PROPIA REBELDÍA fuimos separados de Él.

No nos abandonó a nosotros, como en el caso de muchos niños huérfanos. ¡Nosotros le abandonamos a Él! Perdimos esa relación que antes teníamos con Él A CAUSA DE NUESTROS PECADOS. Los que viven en la desobediencia a Dios son como niños perdidos, andando sin rumbo mientras intentan dar sentido a su existencia (Lc. 19:10).

Es una experiencia muy desalentadora cuando algunos se enteran que fueron abandonados por sus padres biológicos cuando eran niños. Algunos de los que han tenido semejante experiencia llegan a dudar de su misma existencia. Viven sin propósito de vida.

¿Es de extrañarse, pues, que los que se alejan de Dios tengan los mismos sentimientos de inseguridad y desesperación?

Como los huérfanos, muchos quedan reducidos a vivir de la "basura" de este mundo cuando Dios ofrece gratuitamente a todos el agua viva y verdadera comida espiritual (Jn. 4:10,14,34).

A causa de nuestra propia desobediencia, llegamos a ser hijos adoptivos de Satanás... pero él es un padre muy cruel. En lugar de dar protección y buenos consejos, Satanás hace todo lo que puede para hacer daño a su descendencia adoptiva.

Esto me recuerda que Satanás refleja al lobo en el cuento de la Caperucita Roja, al de la madrastra de La Cenicienta. Según el cuento, de la Caperucita roja sufre mucho a manos del lobo y por igual La Cenicienta sufre mucho a manos de su madrastra. En ambas historias se refleja el sufrimiento, dolor y la mentira.

Así es Satanás. En realidad, no es padre en absoluto porque el padre verdadero ama a sus hijos (Mt. 7:9-11; 1 Jn. 4:8). Satanás, contrario a lo que hace el Buen Padre, nos mintió. Nos engañó. "...Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira" (Jn.8:44). Es un ladrón que "no viene sino para hurtar y matar y destruir..." (Jn.10:10).

¡Está claro que al diablo no le importa el bienestar de sus hijos adoptivos!

Dios jamás quería que fuéramos huérfanos ni hijos adoptivos de Satanás (1 Ti. 2:4). NOSOTROS tomamos esa decisión tan tonta (Isa. 59:1,2). Gracias a Dios, un día nos dimos cuenta de esta gran equivocación, volvimos a nuestro Padre y por medio de Jesucristo llegamos a ser verdaderos hijos de Dios.

¿CÓMO LLEGA UNO A SER UN HIJO DE DIOS?

Dios se refiere a los suyos como "hijos de Dios" (1 Jn. 3:1,2). Ser "llamado" hijo de Dios (v.1) equivale a SER hijo de Dios (v.2). En el sentido físico, todos los hombres somos hijos de Dios... pero no en el sentido espiritual. 

¿Quiénes, pues, son los hijos espirituales de Él?   Jn. 1:12 indica que para llegar a ser hijo de Dios es necesario "creer en el nombre" de Jesús. ¿Cómo se cree en el nombre de Jesús?

En Hch. 2:44, "los que habían creído" eran los mismos que habían sido bautizados. De acuerdo con esto, Gá. 3:26,27 indica que el hombre pecador llega a ser hijo de Dios "por la fe en Cristo Jesús" cuando obedece al Señor en el bautismo. Hay otros versículos que enseñan este principio, pero basta decir que según la Biblia el creer no equivale a "creer solamente."

Para hacerse hijo de Dios, es necesario nacer en Su familia (Jn. 3:3-5).

Aquí Jesús usa los términos "naciere de nuevo" y "naciere de agua y del Espíritu" intercambiablemente. Es decir, uno nace de nuevo (o se regenera, Tit. 3:5; Ro. 6:4) cuando nace de agua y del Espíritu. Jesús no habla de dos nacimientos sino de uno sólo. Sin lugar a dudas, el agua de este texto se refiere a bautismo en agua (Jn. 1:26; 3:22,23; 4:1; Mt. 3:5,6; Mr. 1:4; Lc. 3:3).

¿Cómo sería si el bebé nunca saliera del vientre de su madre? Jamás vería la luz del sol ni los colores de las flores. Nunca vería a sus padres cara a cara. Nunca gozaría de la vida en el sentido más completo. Así es con los que no han nacido en la familia de Dios.

 CARACTERÍSTICAS DE LOS HIJOS DE DIOS

Guardan los mandamientos de Dios (1 Jn. 5:1-3). El ser "nacido de Dios" supone mucho más que simplemente aceptar el hecho de que Jesús es el Hijo de Dios. Los hijos de Dios tienen una fe activa y obediente. No practican el pecado (1 Jn. 3:9). Como cristianos, puede que pequemos de vez en cuando pero no debemos quedarnos en ese estado. Los verdaderos hijos de Dios no son indiferentes al pecado ni intentan justificarlo.

Son guiados por el Espíritu (Ro. 8:14). Somos guiados por el Espíritu Santo solamente cuando nos sometemos humildemente a sus instrucciones encontradas en el N.T. (Ef. 6:17).  Son pacificadores (Mt. 5:9).

Los hijos de Dios no predican una paz entre los hombres (Mt. 10:34-36) En vez de esto, su deseo más grande es anunciar la paz que Dios ofrece al pecador a través del evangelio. Aman a sus enemigos (Mt. 5:44,45). El amor verdadero no consiste simplemente en abrazos y besos sino más bien en querer lo que es mejor para el otro. Desde luego, lo mejor que podemos desear para nuestro enemigo es que conozca la verdad y sea salvo.

Se parecen a su padre (1 Jn. 3:2,3; 1 Ped. 1:13-16; Ef. 5:1-5)  Cuando nace un bebé todos los padres se ponen contentísimos al darse cuenta de que su niño se les parece. La madre exclama: ¡Tiene mi nariz! y el padre dice: ¡Tiene mis ojos! Esto es motivo para regocijarse. De igual manera, Dios se regocija al ver que Sus hijos le parecen.


CONCLUSIÓN

Hay una herencia en el cielo para cualquiera que la desee pero primero es necesario ser hijo fiel para tener derecho a ella (1 Ped. 1:3-5).  El v. 3 dice que "nos ha hecho nacer de nuevo." ¿Cómo y cuando? Cuando fuimos bautizados en la muerte de Cristo. (Ro. 6:4) y resucitados con Él (Col. 2:12) para andar en vida nueva. ¡Esto es cuando llegamos a ser Sus hijos en el sentido espiritual! El v. 5 indica que Dios nos dará esta herencia con tal que sigamos fieles. 

Usted también puede gozar del privilegio de ser hijo de Dios, pero primero tiene que nacer del agua y del Espíritu (Mr. 16:16).

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