jueves, 28 de enero de 2016

Ayuda que ningún mortal puede brindar.


Aportacion de: Ben Ayala
Como padre de hijas e hijos de variadas edades, suelo, como es lógico, ser susceptible al pánico.
Al estar alejado geográficamente y separado emocionalmente de todas y todos, cuento con la bendición del Todopoderoso de que su Madre se encuentre en cercana proximidad geográfica, emocional y quizás espiritual.
Mi pánico se deriva de la preocupación muy profunda que existe de que el pasado se repita y de que todos mis hijos e hijas marchen en su vida felices y prósperos siempre obedeciendo fielmente a Dios.
Su Madre podría ser un gran recurso para que mi preocupación se elimine, pero, no estoy muy seguro de que ella le sea fiel a Dios.
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Salmo 18 (Audio)
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Su Madre podría ser un gran recurso, pero leer los Salmos me hace recordar con cuánta frecuencia necesitan la clase de ayuda que ningún mortal puede brindar. 

En el Salmo 18, David corría gran peligro. Con miedo, cerca de la muerte y angustiado, clamó al Señor.
Podía decir «te amo, oh Señor» porque entendía que Dios era su fortaleza, roca y libertador (vv. 1-2). 

El Señor era su escudo, salvación y castillo. Tal vez no comprendamos la alabanza de David porque no hemos experimentado la ayuda de Dios. 

Quizá buscamos primero a alguien que gravita cerca de nosotros, antes de pedirle al Señor que nos aconseje y ayude.

Sin duda, Dios coloca personas en nuestra vida que nos ayudan y consuelan. Pero no nos olvidemos de orar, ya que Él nos oye. 

Cantemos como David: «Él oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos» (v. 6). Cuando acudimos al Señor, nos unimos al cántico del salmista y nos gozamos porque Dios es nuestra roca, fortaleza y libertador.
La próxima vez, antes de actuar o interactuar con el mundo, acuérdate de orar.

Oremos:
"Querido Señor, ayúdame a recordar que tú eres mi libertador y que siempre oyes mi clamor." ... Amen

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Ben Ayala

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