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Tránslate / Traducción

"¿Cuándo, por qué, y cómo nos disciplina Dios, cuando pecamos?"

Respuesta: La disciplina del Señor es un hecho con frecuencia ignorado en la vida de los creyentes. Frecuentemente lamentamos nuestras circunstancias sin darnos cuenta de que éstas son las consecuencias de nuestro propio pecado, y que son parte de la gracia y amorosa disciplina del Señor por ese pecado. 

Esta ignorancia ego-centrista puede contribuir a la formación de hábitos pecaminosos en la vida del creyente, incurriendo entonces en la necesidad de una disciplina aún mayor.

La disciplina no debe confundirse con un castigo emanado de la dureza del corazón. La disciplina del Señor es una respuesta de Su amor por nosotros, y Su deseo para cada uno de nosotros es que seamos santos. “No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de Su corrección; porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere.” (Proverbios 3:11-12). 

Dios usará pruebas, sufrimientos, y varios predicamentos para traernos arrepentidos, de regreso a Él. El resultado de esta disciplina es una fe reforzada, y una relación con Dios renovada (Santiago 1:2-4), sin mencionar la destrucción del poder que ese pecado en particular tenía sobre ti.

Si continúa la falta de arrepentimiento, el hábito, o una pecaminosidad “severa,” con frecuencia requerirá de un trato más severo. No perderás las recompensas que ganaste mientras estabas en el mundo, pero podrías ¡no estar más en el mundo! 

Lee lo que dice 1 Corintios 10:6-10, 1 Corintios 11:28-30, 1 Juan 5:16-17 y el relato sobre Ananías y Safira en Hechos 5. En cada uno de estos casos, el pecado resultó en muerte. Esto es extremo, pero definitivamente es algo que debemos considerar, antes de acostumbrarnos al pecado.

La disciplina del Señor trabaja para nuestro propio bien, para que Él pueda ser glorificado en nuestras vidas. Él quiere que exhibamos vidas de santidad, vidas que reflejen la nueva naturaleza que Dios nos ha dado: “…como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como Aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque Yo soy santo.” (1 Pedro 1:14-16). 

Si pecamos sin arrepentirnos, podemos esperar el ser disciplinados. La penuria de la disciplina, sin embargo, es como la formación de un diamante en bruto, para que seamos refinados y fortalecidos. El ignorar la disciplina del Señor y continuar en pecado, llevará a más disciplina, mayor sufrimiento, y por último, aún la muerte.


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