
¡Dios renueva nuestras fuerzas!
¿De dónde sacaremos fuerzas cuando sentimos que ya no podemos más? ¿De nuestra propia capacidad, de la motivación humana, o de las circunstancias favorables?
"Pero los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas: correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán."
(Isaías 40:31)
La respuesta: ¡Nuestra fuerza proviene directamente de Dios! Puede que muchas veces nos sintamos agotados por las pruebas y los problemas diarios, pero el Señor nunca se cansa de sostenernos. Su poder no tiene límites y está disponible constantemente para todos los que deciden poner su esperanza en él.
Cuando somos conscientes de esta promesa, nuestra perspectiva de las dificultades cambia por completo. Ya no dependemos de nuestras emociones cambiantes ni de nuestra energía humana. Fuimos creados para depender totalmente de nuestro Padre celestial.
Todas las situaciones que nos causan fatiga o desánimo nos pueden llevar a un hermoso propósito: ¡experimentar el poder de Dios perfeccionándose en nuestra debilidad! Al final, reconocer que no podemos solos es el primer paso para ser verdaderamente fortalecidos por él.
Cuando Dios te llamó, prometió estar contigo todos los días. No lo olvides, el Señor es tu sustentador. Él te ama, te renueva y te dará el impulso necesario para volar por encima de cualquier tormenta.
Experimenta la fuerza de Dios
¡Descansa en su presencia! Tómate un tiempo cada día para rendirle tus cargas y preocupaciones a Dios. La verdadera renovación espiritual comienza cuando dejamos de luchar con nuestras propias manos y descansamos en él a través de la oración.
¡Aliméntate de sus promesas! Lee y medita en la Palabra de Dios, especialmente en los momentos de mayor fatiga emocional. Sus palabras son el aliento fresco y vivo que tu alma necesita para no desmayar.
¡Fortalece a otros! La fuerza que Dios derrama sobre tu vida es también para bendecir a tu prójimo. Anima a un hermano que esté pasando por un momento de aflicción. Cuando ayudamos a levantar los brazos de los demás, nuestro propio espíritu se llena de vigor.
Para orar:
Señor Jesús, reconozco que muchas veces me siento cansado y sin fuerzas para continuar. Hoy decido poner toda mi confianza en ti. Muchas gracias porque tú eres mi descanso, mi refugio y mi fortaleza inagotable. Renueva mi espíritu y ayúdame a levantar el vuelo como las águilas ante cada tribulación. Amén.
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