martes, 27 de junio de 2017

Padre, dame sabiduría para orar por los demás.



Aportacion de BEN AYALA

La oración es una conversación con Dios, no una receta. Sin embargo, a veces, quizá tengamos que usar un «método» para vigorizar nuestro tiempo de oración. Podemos orar los Salmos o cualquier otro pasaje de la Escritura (como el Padrenuestro), o usar un método de pasos sencillos, como el de adoración, confesión, acción de gracias y súplica. Hace poco, descubrí esta «Oración de los cinco dedos» para usar como guía al orar por otros:

• Cuando entrecruzas las manos, el pulgar está más cerca de ti. Entonces, comienza orando por los que están más cerca: tus seres queridos (Filipenses 1:3-5).

• El índice es el que señala. Ora por los que enseñan: los maestros bíblicos y los predicadores, y aquellos que enseñan a los niños (1 Tesalonicenses 5:25).

• El próximo dedo es el mayor. Nos recuerda orar por aquellos que tienen autoridad: los líderes nacionales y locales, y tu supervisor en el trabajo (1 Timoteo 2:1-2).

• El cuarto dedo suele ser el más débil. Ora por los que están sufriendo o pasando dificultades (Santiago 5:13-16).

• Después, está el meñique. Te recuerda tu pequeñez en relación con la grandeza de Dios. Pídele al Señor que supla tus necesidades (Filipenses 4:6, 19).

No importa qué método uses, habla con tu Padre. Él quiere oír lo que hay en tu corazón.

Padre, dame sabiduría para orar por los demás.

Las palabras no son lo importante al orar, sino el estado del corazón.

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sábado, 17 de junio de 2017

¿Como es Dios? Estudio Biblíco (Parte 1)

¿Alguna vez te has preguntado cómo es Dios? Dios es tan grande y tan maravilloso que nunca podremos saber todo acerca de Él. 

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Pero Dios nos ha dado un maravilloso libro que nos habla de Él ¿Cuál es ese libro? Es la Biblia, la Palabra de Dios.

La Biblia nos dice que Dios creó todas las cosas. Él hizo el sol y la luna. Hizo millones de estrellas que brillan en el cielo en la noche. Dios creó la tierra, los pájaros, los peces y todos los demás animales. Luego Dios creó al primer hombre y a la primera mujer.

¿Para qué nos creó Dios? Nosotros fuimos creados para amar a Dios y para ser amados por Él. Dios conoce y ama a cada uno de nosotros.

A Dios le complace mucho cuando queremos conocerlo y amarlo. Conocer y amar a Dios es lo mejor que podemos hacer en la vida. Esto nos hará realmente felices.

Aprenderemos cinco cosas importantes de nuestro maravilloso Dios quien nos ama mucho.

Hay sólo un Dios—el Dios verdadero y viviente. Él dijo: "Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí..." (Isaías 45:5).

Dios no es una "fuerza". Dios es un Dios vivo que conoce y ama a cada uno de nosotros. Dios se complace cuando nosotros deseamos conocerle. Por sobre todo, Dios quiere que nosotros le amemos con todo nuestro corazón.

Aunque Dios es Persona, Él no tiene un cuerpo como lo tenemos nosotros. Dios es Espíritu. No podemos ver a un espíritu. Cuando Dios nos hizo, Él nos dio un cuerpo. Él también nos dio un espíritu. Tu espíritu vive dentro de tu cuerpo. Otras personas pueden ver tu cuerpo, pero ellas no pueden ver tu espíritu.

Porque Dios es Espíritu, por ese motivo no podemos verle. Dios nos dice que no hagamos ninguna imagen para representarlo. Dios nos dice que no debemos adorar ninguna imagen. La Biblia dice:

"Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren" (Juan 4:24).

Aunque no podemos verle Dios es el único Dios verdadero y viviente. Él quiere que lo conozcamos. Cuando conocemos a Dios, le amaremos. Cuando le amamos desearemos obedecerle.

La gloria de Dios es tan esplendorosa que no podríamos mirarla. No podemos mirar el sol cuando brilla fuerte sobre un cielo despejado, porque nos lastima los ojos. Si fuéramos a mirar el sol por mucho tiempo, podríamos perder la vista.

La gloria de Dios es mucho más grande y más esplendorosa que la del sol. Por eso no podemos ver a Dios. Él dijo: “...porque no me verá hombre, y vivirá” (Exodo 33:20).

La Biblia nos habla acerca de un hombre llamado Moisés. Moisés fue un amigo especial de Dios. Muchas veces él habló con Dios y Dios también hablaba con él. Pero Moisés nunca vio a Dios.

Un día Moisés le pidió un favor especial a Dios. Le dijo: “Te ruego que me muestres tu gloria” (Exodo 33:18).

Dios le dijo a Moisés: “No puedes ver Mi rostro, porque ningún hombre puede verme y vivir. Pero te esconderé en la peña, y luego pasaré cerca de ti”.

Moisés subió a la montaña solo. Dios lo escondió en la hendidura de la peña (una abertura en la montaña). Luego Dios hizo que Su Gloria pasara cerca de Moisés. Él no vio a Dios, pero vio un poquito de la gloria de Dios y esto hizo que su rostro brillara como el sol.

Cuando Moisés bajó de la montaña, su rostro brillaba tanto que el pueblo tuvo miedo de él. Con razón Moisés y el pueblo dijeron: “¿Quién como tú, oh Señor... magnífico en santidad?” (Exodo 15:11).

Esto significa que Dios es puro y perfecto sin ningún pecado en absoluto. En la Biblia algunas veces la oscuridad representa el pecado. La Biblia dice de Dios: “Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas [pecado] en Él” (1 Juan 1:5).

Dios es todo luz y gloria.Dios es puro. Dios nunca peca. Dios siempre hace lo que es bueno y correcto. Nunca nada pecaminoso puede acercarse a la presencia de Dios. La Biblia dice: “Jehová nuestro Dios es santo” (Salmo 99:9).

Una vez Dios le habló a un profeta llamado Isaías en una visión. Una visión es como un sueño. Isaías vio una visión de Dios en Su trono. Alrededor del trono había muchos ángeles, adorando a Dios y diciendo:

“Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su Gloria”
(Isaías 6:3).

Cuando Isaías vio esta visión de Dios tuvo miedo. La visión le mostraba que él era pecador y que Dios es santo.

Esto significa que Dios nos ama y quiere sólo lo mejor para nosotros. Aunque Él es el Rey del universo y tiene todo poder y gloria, Dios conoce y ama a cada uno de nosotros. Él te conoce a ti y te ama.

Quizás te preguntes: “¿Cómo puedo saber que Dios me ama?” Hay dos maneras para saber que Dios nos ama:

Sabemos que Dios nos ama porque Dios nos lo dice.

En Su Palabra Dios dice: “Con amor eterno te he amado” (Jeremías 31:3).
Sabemos que Dios nos ama porque envió a Su Hijo para tomar el castigo por nuestros pecados.

Dios demostró Su gran amor por nosotros al darnos a Su Hijo, el Señor Jesús, para morir en una cruz por nuestros pecados (las cosas malas que nosotros hemos dicho o hecho). La Biblia dice:

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

Tú puedes estar pensando: “¿Conoce Dios acerca de todas las cosas malas que yo he dicho y hecho?” Sí, Dios sabe todo acerca de ti, pero aun así El te ama con todo Su corazón. El te ama cada minuto de tu vida.

El Señor Jesús murió por mis pecados. Él murió por TUS pecados. Pero Él no se quedó muerto. Él resucitó de la tumba al tercer día. ¡Él es nuestro Salvador viviente! Dios quiere que tú creas en Él como Aquel que murió por tus pecados y resucitó para ser tu Salvador.

¿Sabes tú qué es lo que Dios más desea que tu hagas? ¡Él quiere que tú le ames con todo tu corazón!

A Él le complace cuando decidimos amarle con todo nuestro corazón. En la Biblia leemos que el rey David fue un gran hombre de Dios. Él dijo: “¡Te amo, oh Jehová!” Esto agradó a Dios mucho. Le agradará a Dios mucho si tú decides amarle como David le amó. Aquí hay una oración que te ayudará:

"Querido Dios, yo quiero amarte con todo mi corazón. Ayúdame a aprender más acerca de ti. Gracias por amarme tanto y por enviar a tu Hijo Jesús, para morir en una cruz por mis pecados".

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miércoles, 3 de mayo de 2017

"Libro de Hechos" Estudios Biblíco



Autor: El Libro de Hechos no identifica específicamente a su autor. De acuerdo a Lucas 1:1-4 y Hechos 1:1-3, es claro que el mismo autor escribió ambos libros. La tradición, desde los primeros días de la iglesia, ha sido que fue Lucas, un compañero del apóstol Pablo, quien fue el autor tanto Lucas como de Hechos (Colosenses 4:14; 2 Timoteo 4:11).

Fecha de su Escritura: El Libro de Hechos fue escrito probablemente entre el 61 y el 64 d.C.

Propósito de la Escritura: El libro de Hechos fue escrito para tener un registro de la historia de la iglesia primitiva. El énfasis del libro es la importancia del día de Pentecostés, y el ser investidos de poder para ser testigos eficaces de Jesucristo. Hechos registra a los apóstoles siendo testigos de Cristo en Jerusalén, Judea, Samaria, y el resto del mundo circundante. El libro arroja luz sobre el don del Espíritu Santo, quien da poder, guía, enseña y actúa como nuestro Consejero. Al leer el libro de Hechos, somos iluminados y animados por los muchos milagros que fueron realizados durante este tiempo por los discípulos Pedro, Juan y Pablo.

El libro de Hechos enfatiza la importancia de la obediencia a la Palabra de Dios y la transformación que ocurre como resultado de conocer a Cristo. También hay muchas referencias sobre aquellos que rechazaron la verdad que los discípulos predicaban acerca del Señor Jesucristo. El poder, la avaricia, y muchos otros vicios del diablo son evidenciados en el libro de Hechos.

Versos Clave: Hechos 1:8: “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” 

Hechos 2:4, “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.” 

Hechos 4:12, “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”

Hechos 4:19-20, “Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.”

Hechos 9:3-6, “Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.”

Hechos 16:31, “Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.”

Breve Resumen: El libro de Hechos proporciona la historia de la iglesia cristiana y la expansión del Evangelio de Jesucristo, así como la creciente oposición al mismo. Aunque muchos siervos fieles fueron usados para predicar y enseñar el Evangelio de Jesucristo, Saulo, cuyo nombre fue cambiado a Pablo, fue el que tuvo más influencia. Antes de ser convertido, Pablo se complacía en perseguir y matar a los cristianos. La dramática conversión de Pablo en el camino a Damasco (Hechos 9:1-31) es un punto culminante del libro de Hechos. Después de su conversión, él se fue al extremo opuesto en su amor por Dios y en predicar Su Palabra con poder, fervor y el Espíritu del Dios vivo y verdadero. 

Los discípulos recibieron el poder del Espíritu Santo para ser Sus testigos en Jerusalén (capítulos 1-8:3), Judea y Samaria (capítulos 8:4-12:25), y hasta lo último de la tierra (capítulos 13:1–28). Incluidos en la última sección, están los tres viajes misioneros de Pablo (13:1-21:16), sus juicios en Jerusalén y Cesarea (21:17-26:32) y su viaje final a Roma (27:1-18:31).

Conexiones: El libro de Hechos actúa como una transición entre el Antiguo Pacto de la observancia de la ley y el Nuevo Pacto de gracia y fe. Esta transición es apreciada en muchos eventos claves del libro de Hechos.

Primero, hubo un cambio en el ministerio del Espíritu Santo, cuya función principal en el Antiguo Testamento era el “ungimiento” externo del pueblo de Dios, entre ellos Moisés (Números 11:17), Otoniel (Jueces 3:8-10), Gedeón (Jueces 6:34), y Saúl (1 Samuel 10:6-10).

Después de la resurrección de Jesús, el Espíritu vino a vivir en el corazón de los creyentes (Romanos 8:9-11; 1 Corintios 3:16), guiándolos y llenándolos de poder desde dentro. El Espíritu que mora en el hombre, es un don de Dios para aquellos que vienen a Él en fe.

La conversión de Pablo fue un ejemplo dramático de la transición del Antiguo al Nuevo Pacto. Pablo admitió que, antes de conocer al Salvador resucitado, él era el más celoso de los israelitas, siendo irreprensible “en cuanto a la justicia de la ley” (Filipenses 3:6), llegando a ser tan extremista como para perseguir a aquellos que enseñaban la salvación por gracia a través de la fe en Cristo.

Pero después de su conversión, él se dio cuenta de que todos sus esfuerzos legalistas eran inútiles, diciendo que él los tenía “por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe.” (Filipenses 3:8b-9). Ahora nosotros también vivimos por fe, no por las obras de la ley, para que nadie se gloríe (Efesios 2:8-9).

La visión de Pedro del lienzo en Hechos 10:9-15, es otra señal de la transición del Antiguo Pacto –en este caso, de las exclusivas leyes dietéticas de los judíos –a la unidad del Nuevo Pacto de judíos y gentiles en una sola iglesia universal. Los animales “limpios” simbolizando a los judíos, y los animales “inmundos” simbolizando a los gentiles, fueron declarados ambos “limpios” por Dios a través de la muerte sacrificial de Cristo. Dejando de estar bajo el Antiguo Pacto de la ley, ahora ambos están unidos en el Nuevo Pacto de la gracia, a través de la fe en la sangre derramada de Cristo en la cruz.

Aplicación Práctica: Dios puede hacer cosas extraordinarias a través de personas ordinarias, cuando Él los llena de poder a través de Su Espíritu. Esencialmente, Dios tomó a un grupo de pescadores y los utilizó para poner al mundo de cabeza (Hechos 17:6). Dios tomó a un asesino aborrecedor de cristianos y lo cambió en el evangelista cristiano más grande, el autor de casi la mitad de los libros del Nuevo Testamento. 

Dios utilizó la persecución para producir la difusión más acelerada de una “nueva fe” en la historia del mundo. Dios puede y hace lo mismo a través de nosotros –cambiando nuestros corazones, llenándonos de poder por el Espíritu Santo, y dándonos una pasión por difundir las buenas nuevas de salvación a través de Jesucristo. Si tratamos de hacer estas cosas en nuestras propias fuerzas, fracasaremos. Al igual que los discípulos en Hechos 1:8, debemos esperar ser llenos del poder del Espíritu, y entonces ir en Su poder, a cumplir con la Gran Comisión (Mateo 28:19-20).


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