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Tránslate / Traducción

¿Que es desde el punto de vista, La tentación, concupiscencia y pecado?

La verdadera bendición, la que perdura porque es para la eternidad, es la que se consigue por vencer la tentación.

El resultado de soportar,  vencer esa tentación, la cual implica todo aquello que pelea contra nuestra alma, y no sólamente una tentación en concreto, sino muchas, al final es la corona de vida, es decir, la vida eterna.

1. Hablemos Sobre la tentación

La palabra en griego es perasmón, y también significa prueba.

La pregunta es, ¿por qué una tentación es una prueba?

La tentación es una prueba porque requiere del tomar una decisión.

Siempre habrá que tomar una decisión cuando nos veamos ante la tentación. 

Esa decisión, como cristianos, deberá ser la correcta ante Dios.

La tentacion y la concupiscencia

“14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido” Santiago 1:13-15.

La tentación opera conforme a la concupiscencia que está todavía en nosotros.

Según el diccionario bíblico, la concupiscencia es “una codicia ilegítima y desordenada”. 

El apóstol Pablo, lo llama la “carne”, y también, “el pecado que mora en mí”:

18 “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. 

19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. 

20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. 

21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. 

22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios” 

Romanos 7: 18-22

Sea por herencia familiar; sea por práctica de pecado antes de entregarnos a Cristo, la concupiscencia es un enemigo al cual nos hemos de enfrentar casi a diario.

Por un lado, queremos hacer lo que a Dios le complace, pero por otro, no siempre podemos. 

Eso es lo que Pablo quiere decir en Romanos 7.

Mario Fumero lo explica también así:

“Esto revela que nuestra naturaleza es vulnerable al pecado, porque aunque queramos hacer lo bueno, hay una fuerza interna de rebeldía que nos arrastra al pecado, por lo cual existe una lucha constante entre los deseos de la carne y los del Espíritu”

No obstante, podemos ir venciendo paso a paso, victoria tras victoria, si decidimos creerle a Dios en cuanto a que nos ha dado su gracia, y en su temor.

¡Su gracia no significa tener permiso para pecar, sino todo lo contrario, para no pecar!

Busquemos siempre el vencer la tentación. 

Renunciando a hacer lo que nos sería muy fácil en ese momento, llevados por el impulso de la carne. 

Declarando abiertamente y verazmente que el motivo de esa tentación es malo y nos puede llevar a pecar si lo hacemos. 

Creyendo que Satanás está detrás de ese mal para intentar hacernos pecar.

Limpiándonos de toda contaminación de la carne (concupiscencia) y de espíritu (espíritus inmundos) que obran en nuestro interior:

“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”  2 corintios 7: 1


2. Entendiendo más acerca del pecado

“15 Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. 

16 Amados hermanos míos, no erréis”:

El pecado es la culminación de todo el proceso. 

Dice la Escritura que cuando la concupiscencia “ha concebido, da a luz el pecado”

El pecado produce un efecto espiritual. 

Separa al hombre de su comunión con Dios, para llevarlo a vivir sujeto a las pasiones de la carne. 

El final de ese proceso, es lo que llamamos “muerte espiritual”.

El pecado, en este sentido por tanto, no es un simple acto espontáneo y casual, sino que es el resultado de todo un singular proceso.

“Las palabras griegas que se traducen “ha concebido” y “da a luz”, asemejan este proceso a la concepción y el nacimiento físicos de una criatura” 

Uno no llega a cometer un delito ante Dios, a sabiendas y consecuentemente así porque sí, sino que todo conllevó un proceso, desde su concepción, hasta su nacimiento, que es la consumación del pecado y la consiguiente muerte espiritual.

A. La diferencia entre pecado y yerro.

Hoy en día muchos le llaman al pecado: 

un error, 
una equivocación, debilidad, 

“un meter la pata”, 

“un problema”, 

no obstante el pecado no es nada de eso.

El pecado no es un simple error el cual uno puede cometer por ignorancia o estupidez.

El pecado como tal, es una acción deliberada y suficientemente calibrada y meditada que le costó al Hijo de Dios su vida en una cruz.

Definiéndolo de esta manera: 

El pecado es “trasgresión a la ley de Dios”.

El no tener en cuenta a Dios, es el primero y principal de los pecados, puerta de todos los males.

El pecado también  como fruto de la duda, es hacer las cosas, no por convicción personal ante Dios, lo que llamamos bíblicamente FE, sino porque otros lo hacen, dudando si estará bien o mal, para agradar a otros antes que a Dios, etc.

Leemos en la carta a los Romanos 14: 23 al respecto:

“Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado”

El pecado de omisión

Leemos en Santiago 4:17; 

“y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”

El error y el pecado

No obstante el yerro o error, es el cometer un acto que incluso podría catalogarse de pecado para aquél que sabiendo que desagrada a Dios, lo hace, pero para aquel que lo desconoce, sólo le es motivo de yerro.

Podríamos definirlo así:

Errar es fallar en el blanco, en cambio, pecar es actuar con conciencia deliberada. 

Pecar y errar son diferentes asuntos, el que peca actúa con conciencia y por maldad, o a lo mejor, dejándose llevar por el impulso de la carne. 

El que yerra lo hace por ignorancia, por equivocación.

B. Los dos tipos básicos de pecar

Habiendo visto acerca del pecado, nos es preciso analizar el asunto más a fondo.

Podríamos decir que existen dos tipos, o dos gravedades de pecado. 

El pecado de muerte y el que no lo es.

Leemos en la Palabra:

“Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte” 

(1 Juan 5: 17)

Partiendo de la base de que todo pecado es injusticia, y por tanto, es absolutamente desagradable a Dios, 

la Biblia como vemos hace diferenciación entre un tipo y otro.

¿Cuál sería esa diferencia?

Por lo pronto podemos adelantar que nada tiene que ver con pecados pequeños o grandes  y pecados  veniales o mortales.

El pecado es pecado y punto.

Tiene que ver, en definitiva, con si la persona ha nacido de Dios o no.

Leemos así:

“Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. 

Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida” 

(1 Juan 5: 16)

Ese pecado que comete ese hermano, y que Juan dice que no es de muerte, no lo es porque el Espíritu Santo está en ese hermano, y El Espíritu de Dios  le puede convencer de pecado, para así arrepentirse.

Acordémonos del ejemplo de David con Betsabé. 

El pecado de David fue tremendo en tantos sentidos, y sin embargo, Dios le perdonó. 

El Espíritu Santo no se había ido de David.

En cambio, el pecado de muerte, es aquel que practica el que no tiene el Espíritu Santo, aunque se llame cristiano.

Pecado de muerte

“Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” 

1 Juan 3: 9

Practicar el pecado, es llevar una vida pecaminosa (aunque el sujeto se llame cristiano)

El que tiene el Espíritu Santo en su vida, le es imposible llevar una vida licenciosa (de pecado), como hemos leído en la Escritura.

Práctica de pecado (vida de pecado)

“Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él”

Podríamos definir que “el pecado de muerte” es una vida de pecado, y sólo puede llevar una vida así
aquel que aunque llamándose cristiano, realmente no ha nacido de Dios.

El pecado de muerte es el que marca la diferencia entre el cristiano y el que dice que lo es, pero que en realidad no lo es.

Pecado consciente y planeado 

“...y no puede pecar, porque es nacido de Dios”

También el pecado de muerte es el que se comete a sabiendas, voluntariamente, planeado, premeditado y ejecutado en frío y en plena consciencia.

Un verdadero cristiano.

NO puede cometer ese pecado, y si lo comete, es que en realidad no es cristiano, o ha apostatado.

“Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios” 

(Hebreos 10: 26, 27)

El que comete ese tipo de pecado, y se dice cristiano nacido de nuevo (no siéndolo), peca y peca y su conciencia no le redarguye, y lo peor, el Espíritu Santo tampoco.

Ese hombre está muerto espiritualmente.

“Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida” 

(1 Jn. 5: 16)

La Palabra nos indica que no hay que interceder por ese falso hermano, porque no servirá para nada.

Pecado no de muerte:

En cambio 

“Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida...”:

Este tipo de pecado, normalmente es fruto o consecuencia del carácter de la persona, así como de su concupiscencia.

Es por impulso, instintivo, no premeditado.

Es el caso de un cristiano que no quiere pecar en el área sexual y tiene temor de Dios, pero se encuentra en una encrusijada o en un callejón sin salida, es seducido por alguien. 

Después se siente mal, indigno, miserable, y se arrepiente.

Este sería el caso más común del cristiano que todavía tiene fallas en su carácter, es miedoso, o es agresivo, etc. y ante un estímulo externo, reacciona según esa falla.

Luego, cuando baja lo  emocional, se arrepiente y dice algo así como 

“¡otra vez igual!”.

Necesitamos apartarnos de todas esas cosas, de una vez y por todas.

5 “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: 

fornicación, 
impureza, 
pasiones desordenadas, malos deseos 
y avaricia, 

que es idolatría; 

6 cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia,

7 en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. 

8 Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca” (Colosenses 3: 5-8)

Es hacer morir y renunciar. 

Acordémonos también en este sentido de limpiarnos de toda contaminación de carne y de espíritu 

(2 Co. 7: 1)

12 “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. 

13 Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; 

14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. 

15 Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. 

16 Amados hermanos míos, no erréis”  (Santiago 1: 12-16)




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