Ir al contenido principal

Tránslate / Traducción

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN, Estudio Biblico.

INTRODUCCIÓN


Propósito.
Juan, el autor del cuarto evangelio, manifiesta con admirable concisión el propósito que lo mueve a escribirlo. 

Como dialogando figuradamente con sus futuros lectores, les explica que las señales milagrosas hechas por Jesús y recogidas «en este libro... se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre» (20.30-31).

Esa es, en resumen, la intención que guía al evangelista a recopilar también el conjunto de enseñanzas y discursos reveladores de la naturaleza y razón de ser de la actividad desarrollada por Jesús, el Mesías, el Hijo unigénito (1.14), enviado por el Padre para «quitar el pecado del mundo» (1.29) y para dar vida eterna a «todo aquel que en él cree» (3.13-17).

El autor del evangelio de Juan (=Jn) se presenta a sí mismo, al igual que a Juan el Bautista, como un testigo vivo de la revelación de Dios. 

Nadie ha visto a Dios jamás (1.18), pero ahora se ha dado a conocer por medio de su Hijo (19.35; 21.24. Cf. 1.6-8,15). 

Encarnado en la realidad humana, el Cristo preexistente y eterno viene a conferir a nuestra historia un nuevo sentido, una categoría que excede a toda nuestra capacidad de comprensión y razonamiento. 

De ello, Juan el Bautista rindió un testimonio precursor al comienzo del ministerio público de Jesús. 

Ahora lo hace Juan el evangelista desde la perspectiva del Cristo que vive a pesar de la muerte, del Señor que con su muerte ha vencido al mundo (16.33) y que es vida para todo el que le acepta por la fe (11.25-26).

El recuerdo del Resucitado está siempre presente en el corazón del autor de este evangelio, como sin duda lo estuvo en el de cada uno de los discípulos que acompañaron al Señor durante los días de su existencia terrenal (Cf. 2.17,22; 12.16; 14.26; 15.20; 16.4). 

Y el acontecimiento de la resurrección es como una línea luminosa que corre de principio a fin del libro de Juan y permite contemplar la figura única e irrepetible del Mesías salvador.

Más que ofrecer una biografía de Jesús en el sentido estricto que hoy damos a la palabra, lo que Juan pretende es introducir al lector en una profunda reflexión acerca de la persona del Hijo de Dios y del misterio de la redención que en él nos ha sido revelado. 

En Cristo se ha manifestado el amor de Dios, y por medio de él, el creyente tiene acceso a las moradas eternas (14.2,23); es decir, a una vida de comunión con el Padre.

Particularidades del Evangelio

El punto de partida del cuarto evangelista para su consideración del Mesías no es el mismo que el de Mateo, Marcos y Lucas. 

Juan busca otros enfoques, de manera que a menudo se refiere a situaciones y eventos, o incluye palabras, enseñanzas y discursos de Jesús no atestiguados por los sinópticos. 

Esto permite suponer que probablemente Juan, contando con alguna fuente de información propia, pudo ampliar determinados datos conocidos y transmitidos por aquellos; sobre todo teniendo presente que, de acuerdo con el criterio más ampliamente aceptado, la redacción del cuarto evangelio tuvo lugar después de la aparición de los otros tres, en fechas próximas ya al final del s. I.

Un aspecto singular de este evangelio es el interés que muestra por dejar constancia de la localización de los acontecimientos. Y curiosamente, en tanto que Mateo, Marcos y Lucas prestan mayor atención a la actividad desarrollada por Jesús en Galilea, Juan se fija de modo especial en los hechos que tienen lugar en Jerusalén (pero cf. Jn 2.12; 4.43-54; 6.1--7.9). 

Al propio tiempo pone de relieve que determinadas fiestas del calendario judío parecen marcar los momentos escogidos por el Señor para entrar en la ciudad: la Pascua (2.23; 11.55), los Tabernáculos (7.2), la Dedicación del Templo (10.22) e incluso una fiesta no precisada (5.1).


Esta relación simultánea de Jesús con Jerusalén y con las festividades judías es uno de los elementos de composición que contribuyen a dar al texto de este evangelio su peculiar colorido. 

Pero no es el único, pues existen otros rasgos igualmente característicos que es menester tener presentes. Destacan entre ellos:

(a) el lenguaje simbólico (ej.: el Verbo 1.1; el agua 7.37; el pan, 6.35; la luz, 8.12)

(b) las imágenes tomadas del AT (ej.: el pastor y las ovejas: 10.1-18, cf. Sal 23; la vid y los pámpanos 15.1-6, cf. Is 5.1-7)

(c) las referencias culturales o a la naturaleza humana (ej.: la boda en Caná, la personalidad de Nicodemo, la mujer samaritana, el ciego de nacimiento).



Autor

Detalles como los indicados caracterizan al autor como un auténtico judío, profundamente religioso y buen conocedor de las tradiciones y las expectativas de su pueblo; pero un judío que ha encontrado en Jesús de Nazaret al Mesías esperado, al Salvador y Señor «de quien escribieron Moisés, en la Ley, y también los Profetas» (1.45; 12.32-34,38; 15.25). 

Sin embargo, no contamos con mucha más información acerca de la persona de este evangelista. 

Diríase, más bien, que él mismo desea ocultar su identidad tras un anonimato apenas quebrantado cuando se refiere a aquel discípulo «al cual Jesús amaba» (13.23; 19.26; 20.2; 21.20), del que en 21.24 se dice que fue quien «escribió estas cosas». 

La tradición que atribuye el evangelio al hijo de Zebedeo, a «Juan, hermano de Jacobo» (Mc.3.17), se remonta al s. II.


Contenido

A lo largo de los años se han hecho diversos esfuerzos por establecer de algún modo la cronología de los sucesos referidos en el cuarto evangelio, o por agrupar lógicamente sus elementos literarios. 

Como es evidente que el propósito de Juan no fue redactar una crónica, sino crear una atmósfera de reflexión que conduzca al lector a la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios, la composición del libro también debe considerarse desde este punto de vista.

De otra parte, lo que sí resulta claro en una primera aproximación al texto es su división en dos grandes secciones. 

De ellas, la una llega hasta el final del capítulo 12 y está centrada en el ministerio público de Jesús; la otra, que comprende los capítulos 13 a 21, narra lo acaecido en Jerusalén durante la última semana de la vida terrenal de Jesús, incluyendo su pasión y muerte, y su resurrección.

El bloque de capítulos que forma la primera sección del libro se abre con un Prólogo (1.1-18) que, con resonancias de Gn 1.1, exalta la encarnación de la Palabra de Dios, eterna y creadora, en la persona de Jesús, el Cristo. 

Junto a otros asuntos, el evangelio refiere aquí un total de siete milagros o señales realizadas por el Señor para manifestar su gloria y para que sus discípulos creyeran en él (2.11; 4.48; 5.18; 6.14; 9.35-38; 11.15,40). Son las siguientes:


1. La conversión del agua en vino (2.1-11)

2. La curación del hijo de un oficial del rey (4.46-54)

3. La curación de un paralítico (5.1-18)

4. La alimentación de una multitud (6.1-14)

5. Jesús camina sobre las aguas (6.16-21)

6. La curación de un ciego de nacimiento (9.1-12)

7. La resurrección de Lázaro (11.1-45).


Respecto de estos actos milagrosos es importante subrayar lo que también se percibe en primer lugar en la intención del evangelista; a saber, su propósito de destacar el sentido profundo de esos milagros como manifestaciones de la actividad mesiánica de Jesús. 

A dar realce a este enfoque contribuyen los diálogos y discursos que en diversas ocasiones acompañan al relato de las señales (así en 5.17-47; 6.25-70; 9.35--10.42; 11.7-16,21-27).

La segunda parte del libro muestra a Jesús en su enfrentamiento con los poderes públicos, representados particularmente por las autoridades religiosas judías. 

Encabeza la sección el lavamiento de los pies de los discípulos y la predicción de la traición de Judas (13.1-30); viene luego un largo discurso dirigido a los discípulos (14.1--16.33), que concluye con una oración conocida como «sacerdotal» (17.1-26). 

Los capítulos 18 y 19 contienen el relato del arresto, juicio, muerte y sepultura de Jesús; y los capítulos 20 y 21 son el testimonio que Juan rinde de la resurrección de Jesús y de las diversas apariciones del Resucitado.

Esquema del Evangelio [las subdivisiones que aparecen en el texto se han agrupado en unidades mayores]:



Prólogo (1.1-18)

1. Ministerio público de Jesús, el Cristo (1.19--12.50)

a. Juan el Bautista (1.19-34)

b. Jesús comienza su ministerio (1.35--3.36)

c. Revelación de Jesús como el Cristo y enfrentamiento con las autoridades judías (4.1--6.71)

d. Revelación de Jesús como la luz y la vida para el mundo (7.1--12.50)

2. Pasión, muerte y resurrección (13.1--21.23)

a. La última cena (13.1--17.26)

La cena. El nuevo mandamiento. Discursos de despedida (13.1--16.33)

La oración sacerdotal (17.1-26)

b. Arresto, juicio, muerte y sepultura (18.1--19.42)

c. La resurrección (20.1--21.23)

El sepulcro vacío (20.1-10)

Jesús se aparece a María Magdalena (20.11-18)

Jesús se aparece a los discípulos (20.19--21.23)

Epílogo (21.24-25)





Follow on Facebook TBM-Missions: https://www.facebook.com/roberto.bonillacea
Sitio Web Dedicado a Video: TBM-Missions TV

Comentarios

NOVEDADES

Formación Pastoral (10. Liderazgo)

El líder se prepara para ejercer el liderazgo Roboam fue un rey joven de la antigüedad. Joven, brillante y ambicioso. Su árbol genealógico era estupendo: bisnieto del rey David e hijo del rey Salomón. Asumió el poder cuando tenía algo más de cuarenta años, en el año 997 a.C. ¿Qué podemos decir de este joven monarca? Que estaba signado para ser un triunfador. El reino al cual iba a gobernar era sólido en el plano económico y militar. Gozaba de reconocimiento internacional y tenía enfrente una brecha para consolidarse como uno de los más fuertes en toda la historia de la humanidad; sin embargo terminó en división y fracaso. ¿La razón? El relato lo podemos leer en el primer libro de Reyes, capítulo 12, versículos del 1 al 33. Allí encontramos la respuesta: Roboam no estaba preparado para tres cosas. La primera, para asumir el poder y ejercerlo con equilibro; la segunda, para tomar decisiones oportunas, acertadas y eficaces asido de la mano de Dios, y tercera, para proyectar su reino hacia...

Detente y piensa en las maravillas de Dios

Espera un poco, Job, y escucha; ponte a pensar en las maravillas de Dios. - Job 37:14 ¿Hace cuánto tiempo no sacas un ratito para pensar? Sí, eso: detener todo y pensar. Sucede a menudo que el ajetreo diario nos impide percibir las cosas más simples e importantes que Dios nos proporciona... Desde el aire que respiras hoy, todo forma parte del gran regalo de Dios para ti. A veces estamos tan distraídos con todo que no nos percatamos de las maravillosas dádivas del Padre. Detente y reflexiona sobre la vida, la familia, la belleza de la creación, la salud, las sonrisas, la gentileza, la espontaneidad de los niños, el amor de Dios... ¡Hay tanto que podemos considerar y agradecer! Piensa en eso y disfruta un día lleno de bendiciones. Para y considera las maravillas de Dios hoy: Pausa un poco en tus quehaceres diarios y disfruta un tiempo a solas con Dios. Considera las pequeñas cosas, cada gesto, los detalles que revelan el gran amor que el Señor tiene por ti. Según transcurre el día agrade...

Deja el pasado atrás

Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús. - Filipenses 3:13-14 Hay recuerdos y momentos dolorosos del pasado que a menudo parecen querer regresar a nuestras memorias.  Algunas personas prefieren aferrarse con uñas y dientes a esos recuerdos como una forma de blindaje emocional o para esconderse de la realidad actual.  Otras tienen un apego excesivo al pasado o tienen miedo a vivir algo nuevo. Sea cual sea la situación, la Biblia nos enseña a dejar el pasado atrás. Hoy se nos invita a reflexionar y comportarnos como el apóstol Pablo: olvidar las cosas que quedaron atrás, avanzar para las que están adelante, y proseguir hacia la meta de nuestras vidas: ¡Jesucristo!  Pero para no correr el riesgo de permanecer estancados sin vivir el pleno llamado ...