Ir al contenido principal

Tránslate / Traducción

Jesús tuvo compasión de sus ovejas

Jesús recorría todos los pueblos y aldeas enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas nuevas del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia. 

Al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban agobiadas y desamparadas, como ovejas sin pastor.
(Mateo 9:35-36)

El ministerio de Jesús de predicación, enseñanza y sanación, fue motivado por un sentimiento muy simple. 

No lo hizo por fama, atención o dinero. 

Lo que motivó a Jesús fue su compasión por la gente.

El hecho de que las multitudes no conocieran verdaderamente a Dios Padre, que no tuvieran liderazgo espiritual, que estuvieran sumergidos en sus pecados y enfermedades, motivó a Cristo a actuar. 

La situación de la gente no es muy diferente hoy en día. La verdad es que muchos siguen siendo tan miserables como antes, pero ni siquiera lo ven.

¡Necesitas actuar! La misericordia debe convencerte a salir de tu lugar para ayudar a las personas que te rodean. 

Sé como Cristo y ten compasión de los pobres, los débiles, los perdidos y los pecadores. 

Él dio su vida por la salvación de ellos, ¡esparce este mensaje!

Levántate y ayuda.

¡Ten misericordia! 

Recuerda que tú también eres objeto de la misericordia divina. 

Reconoce lo que Dios ha hecho en tu vida.

Date cuenta de que tu prójimo también necesita misericordia, ayúdalo como puedas.

Como mínimo, ora por los que te rodean. 

Quien hace más que tú es Dios, y hace mucho.

Para orar:

Señor, mi Dios amado, Dios de misericordia, te pido que moldees mi corazón para que yo pueda ver como Jesús vio. 

No quiero tener un corazón de piedra, insensible y desconectado de ti. 

Antes, quiero vivir tus mandamientos como fuente de vida. 

¡Haz tu obra en mí, por favor! 

En el nombre de Jesús, amén.

Comentarios

NOVEDADES

Formación Pastoral (5. Pruebas)

El líder crece en medio de las pruebas - Las diversas formas de una prueba Las tardes cálidas y llenas de placidez en familia constituían algo que nunca previó Abraham. Sara, su esposa, junto a las siervas atendiendo los quehaceres domésticos. Los negocios atravesando su mejor período y, en la mayoría de los casos, con una tendencia a crecer. Y en el inmenso solar, su hijo con otros chicos de su edad.  ¿Qué más le podía pedir a Dios?. Estaba orgulloso de cuanto había acontecido en su existencia. Ocasionalmente cuando veía morir la tarde y la brisa bañaba con frescura en aquél territorio, solía recordar los años de espera. Al comienzo se desesperaba pensando que jamás se materializarían en su existencia las promesas divinas. Vino luego un período que podía llamar de resignación, y por último, –por cosas paradójicas de la vida—el reverdecer de la fe tras cada nuevo encuentro con Dios quien le reafirmaba las promesas. ¿Pruebas?¿ Momentos difíciles?  Esos dos conceptos sonaban lej...

El Espíritu de la verdad y el espíritu del engaño

Nosotros somos de Dios, y todo el que conoce a Dios nos escucha; pero el que no es de Dios no nos escucha. Así distinguimos entre el Espíritu de la verdad y el espíritu del engaño. (1 Juan 4:6) Todas las ovejas conocen la voz de su pastor (Juan 10:27). Quien conoce la Palabra de Dios percibe cuando alguna voz suena extraña. En la Biblia tenemos las directrices sobre lo que procede o no procede de Dios. El que no tiene la Palabra de Dios como referencia se arriesga a obedecer cualquier voz. Toda voz que no está de acuerdo con la Palabra de Dios puede inducirnos a errar. Por eso, es muy importante que estemos atentos y discernamos todo lo que escuchamos (Hechos 17:11). Solo podemos discernir el espíritu del engaño si conocemos el Espíritu de la verdad. Sé guiado por el Espíritu de la verdad Busca la verdad, estudia la Palabra de Dios. No existen las «medias verdades». Si tienes dudas sobre algo, consulta la Palabra de Dios. La luz disipa la oscuridad. La verdad aparta el engaño. Para ora...

Firmes en la fe, fuertes en el Señor

Manténganse atentos y firmes en la fe; sean fuertes y valientes. (1 Corintios 16:13) La vida cristiana no está exenta de desafíos, pero es en esos momentos en los que somos llamados a mantener la mirada fija en el Señor, nuestra fuente de fortaleza y esperanza. Estar atentos es más que estar conscientes de los peligros. Es permanecer sensibles a la voz de Dios y a las oportunidades que él pone ante nosotros. En un mundo lleno de distracciones, nuestra vigilancia debe ir acompañada de una fe inquebrantable, una fe que nos mantenga en pie incluso cuando estemos rodeados por las tormentas de la vida. La valentía mencionada en este versículo no es la ausencia de miedo, sino la decisión de seguir adelante, confiando en la fidelidad de Dios. Él es nuestro amparo y fortaleza, ayuda siempre presente en los momentos difíciles. La fuerza que Dios nos llama a tener no viene de nosotros mismos, sino del Espíritu Santo que vive dentro de nosotros. Cuando nos sentimos débiles, es el momento ideal pa...