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Tránslate / Traducción

Un culto intencional


Lo que pido de ustedes es amor y no sacrificios,

conocimiento de Dios y no holocaustos.

(Oseas 6:6)

El profeta Oseas pronunció esas palabras mientras exhortaba a Israel. La nación escogida para ser fiel a Dios estaba distante de él, y eso sucedió porque el pueblo dejó de relacionarse íntimamente con Dios. En su lugar, se dedicaban a cumplir rituales como si eso fuese suficiente.

Pero por encima de los sacrificios, Dios quiere misericordia, algo que surge realmente del corazón. En lugar de rituales, el Señor quiere que su pueblo lo conozca verdaderamente. Ese conocimiento de Dios no se refiere a la teología, sino a una relación personal. Por ejemplo, si deseas conocer a tu vecino, no debes conformarte con oír su voz. Es importante que lo veas y que converses con él.

¿Vas al local de tu iglesia solo por costumbre? ¿Se ha convertido en una rutina y ya no te conectas allí con el Señor? Eso es peligroso, Dios envió a Oseas para alertar a Israel sobre eso. Lo que Dios quiere de ti es que te relaciones con él, más de lo que desea que estés presente en un lugar específico.

Despierta, tú que duermes

Entra a tu cuarto, cierra la puerta y abre tu corazón delante de Dios.

Lee la Biblia todos los días y experimenta relacionarte con la Palabra de Dios.

Cuando vayas a la reunión de tu iglesia, no solo asistas al culto: ¡rinde culto a Dios de corazón!

Para orar:
Señor, mi Dios y Padre, te pido que me perdones si me he vuelto insensible en mi culto a ti. Enciende mi corazón con tu Santo Espíritu para que yo pueda dedicarme a adorarte con intensidad. Que el sacrificio de Cristo despierte en mí el amor y la alabanza que solo tú mereces. En el nombre de Jesús, amén.

Comentarios

NOVEDADES

Jesús, ¡quiero conocerte!

Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón. (Jeremías 29:13) Muchos saben sobre la vida de Jesús y sus milagros principales, pero pocos lo conocen a él de verdad. Conocer a Jesús va más allá de saber quién es él. No se le puede conocer sin buscarlo de verdad. Aquel que busca su presencia en espíritu y en verdad lo encontrará (Juan 4:23-24). Conocer a Jesús es andar según su Palabra y ser un imitador suyo (1 Corintios 11:1). Más que querer o decir palabras, es necesario actuar, decidir. Cuando buscamos a Jesús de todo corazón, él se nos revela. Esa cercanía con él transforma nuestra vida. Si aún no has tenido esa experiencia, búscala. ¡Jesús también desea conocerte! Conociendo a Jesús Para conocer a Jesús, lo primero que necesitas hacer es invitarle. Abre tu corazón y deja que Jesús entre en tu vida. Acéptale.Lee el Evangelio de Juan y sabrás cuánto Jesús te ama. Búscalo en oración. Dedica un tiempo de tu día para hablar con él. Para orar: Jesús, quiero conocerte más...

Saneando el corazón

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. (Salmo 51:10) Estamos expuestos continuamente a situaciones que intentan manchar nuestro corazón: heridas, envidia, resentimiento, preocupaciones y culpa, que se acumulan gradualmente en nuestro interior. Así como una casa necesita una limpieza constante para permanecer habitable, el corazón también necesita desinfectarse constantemente para seguir siendo la morada del Espíritu Santo. Desinfectar el corazón es más que simplemente olvidar lo que nos ha herido. Es permitir que Dios entre en cada rincón de nuestra alma, eliminando lo que no proviene de él. Es abrir las ventanas de nuestro corazón para que la luz del amor de Dios entre y disipe la oscuridad del orgullo, la ira y la incredulidad. Esta limpieza no ocurre de repente. Es un proceso diario que se logra mediante la oración sincera, el arrepentimiento verdadero y la lectura de la Palabra. Cuando entregamos al Señor lo que nos agobia, él cambia la su...

Esperanza renovada cada mañana

Oh Jehová, ten misericordia de nosotros, a ti hemos esperado; tú, brazo de ellos en la mañana, sé también nuestra salvación en tiempo de la tribulación. (Isaías 33:2) Este versículo resuena en nuestros corazones como un soplo de esperanza. El profeta Isaías nos recuerda que no estamos solos. Tenemos un Dios que ve, que escucha y que actúa con misericordia. Esperar en Dios no es pasividad: es fe activa. Es mirar hacia arriba cuando todo a nuestro alrededor se derrumba. Es saber que, aunque no veamos salida, él ya está obrando a nuestro favor. Sus misericordias son nuevas cada mañana, y con ellas recibimos fuerza para otro día. Quizás estés enfrentando luchas que parecen superar tus fuerzas. Pero recuerda: Dios es tu fortaleza. Él no te exige que camines solo. Él se ofrece a ser tu sustento diario, tu paz en el caos, tu salvación en tiempos de peligro. Cuando el miedo intente dominar tu corazón, declara: "¡Señor, espero en ti!". Cuando el dolor parezca insoportable, clama: ...