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Tránslate / Traducción

Juzgando al hermano

Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Santiago 4:11

¿Has notado lo fácil que se nos hace murmurar? Exigimos y reclamamos por todos lados: al gobierno, al clima, al tránsito, al trabajo, al jefe, a nuestros padres, a nuestros hijos, al colega, al vecino, a la iglesia, a los encargados de atención al cliente, a la comida y hasta a nosotros mismos. 

En la Biblia vemos el ejemplo del pueblo de Israel que se comportó de esta forma cuando fue liberado de la esclavitud en Egipto, algo que no agradó a Dios. Infelizmente, ese es un hábito pésimo muy común que debería ser erradicado de la vida de todos los hijos de Dios.

Los versículos de hoy nos animan a tener una postura diferente. En todas nuestras acciones, pensamientos y sentimientos, debemos intentar responder sin quejas ni contiendas. 

Necesitamos ser puros, estar vigilantes y ser agradecidos al Señor por todas las cosas. Solo así, a través del fruto de su Espíritu en nosotros, podremos brillar como estrellas en este mundo. 

Saca de tu vida el reclamo y la exigencia: Lee Santiago 4:11-17

Juzgando al hermano

Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?

No os gloriéis del día de mañana

¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala;  y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.

No reclames, ¡clama al Señor! La exigencia no resolverá tu problema, pero Dios sí puede.

Vigila tus palabras. Busca ejercer el dominio propio, no reclames ni discutas por cualquier motivo.

¡Cuidado con la influencia de otros! Si convives con personas que reclaman por todo te será más fácil adquirir ese mal hábito.

Intenta influir positivamente. 

Sé diferente, busca edificar y mostrar el lado bueno de las cosas a las personas.

Si ves que no tienes algo bueno que decir a alguien, quédate en silencio.

Muestra bondad y gentileza aun a aquellos que te ofenden.

Lee la Palabra de Dios y llénate de la gracia, el amor y la misericordia que provienen de ella.

No resaltes las derrotas y las faltas. Recuerda contar las victorias y las bendiciones que Dios ya te concedió.

Para orar:

Señor Dios, ayúdame a guardar mi lengua y vigilar mis palabras para no murmurar durante este día. Sé que el reclamo no te agrada, no bendice a nadie y no resuelve los problemas. Enséñame a tener un corazón igual al tuyo y que eso se refleje en mis palabras. Que yo pueda bendecir (no maldecir) y llevar tu luz y tu amor a todos los que me encuentre. En el nombre de Jesús, amén.

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