
Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.
(Juan 8:36)
¿Alguna vez te has sentido atrapado por algo que piensas que no puedes cambiar? Tal vez sea un miedo, una culpa del pasado, una adicción o incluso un patrón de pensamiento que te distancia de Dios. La buena noticia es que Jesús vino exactamente para eso: ¡para liberarnos!
Muchas veces queremos ser libres, pero en el fondo tenemos miedo de lo que realmente significa esa libertad. Al fin y al cabo, nos acostumbramos a lo que sucede. El enemigo nos hace creer que no hay salida, que siempre seremos los mismos. ¡Pero esa no es la verdad! Dios tiene un plan poderoso para tu vida y quiere que vivas sin ataduras.
Para lograr esto es necesario que des un paso de fe. La liberación no ocurre sin decisión. Cuando el pueblo de Israel fue liberado de Egipto, muchos querían regresar porque tenían miedo de lo desconocido (Éxodo 14:12). ¡Pero Dios no nos llama a volver atrás, sino a seguir adelante!
¿Qué te detiene hoy? Sea lo que sea, Dios tiene poder para romper esas cadenas. Simplemente, entrega tu vida a él, confía en su gracia y da el primer paso.
No te conformes con menos de la vida abundante que Jesús prometió. Él ya hizo su parte. Ahora la pregunta es ¿quieres ser libre?
Ora, confía y camina con Dios. ¡La verdadera libertad está en él!
Pasos para vivir la libertad en Cristo
Reconoce lo que te detiene: identifica los miedos, pecados o limitaciones que te alejan de Dios y pide ayuda en oración.
Da un paso de fe: confía en la promesa de liberación de Dios, abandona los viejos hábitos y camina en obediencia a su voluntad.
Permanece en Cristo: fortalece tu fe a través de la oración, la lectura de la Biblia y la comunión con personas que te acercan a Dios.
Para orar:
Señor, reconozco que necesito tu liberación. Ayúdame a dejar atrás todo lo que me detiene y a confiar plenamente en ti. Dame la fuerza para caminar en fe, renunciando al miedo y a los viejos hábitos. Que tu Espíritu me guíe y me transforme cada día. Enséñame a permanecer firme en tu Palabra y a vivir en la verdadera libertad que solo Jesús puede dar. ¡En el nombre de Jesús, amén!
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