
Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.
(Gálatas 6:2)
Dios nos llama a vivir en comunidad, amándonos y sirviéndonos unos a otros. Ser ayudador es más que realizar buenas obras. Es reflejar el corazón de Jesucristo. Él, como Hijo de Dios, no vino para ser servido, sino para servir. Cada vez que ayudamos a alguien necesitado, consolamos a los afligidos u oramos por alguien, somos instrumentos del amor divino.
Un ayudador no busca reconocimiento. Su placer reside en ver florecer el bien, en saber que Dios lo ha usado para aliviar el sufrimiento de alguien. En un mundo marcado por el egoísmo y la indiferencia, un ayudador es una luz que ilumina la esperanza. Es alguien que entiende que su fuerza viene del Señor y que cada acto de amor es una semilla plantada para la eternidad.
Somos llamados a diario a ser ayudadores. Para eso, debemos escuchar la voz del Espíritu Santo y estar dispuestos a actuar, incluso cuando no conviene, incluso cuando nadie más quiere involucrarse. Es ver en cada persona el valor que Dios ve. A veces, una palabra de aliento, una sonrisa sincera o una oración en silencio pueden transformar el día de alguien (o incluso su vida).
Jesús nos enseñó que el verdadero amor es entrega. Cuando ayudamos, vivimos el evangelio en la práctica. Ofrezcamos manos extendidas, corazones abiertos y voces que proclamen la bondad de Dios. Donde haya dolor, llevemos consuelo. Donde haya soledad, seamos compañeros; y donde haya desesperación, seamos portadores de fe.
Sé un ayudador, y a través de ti, muchos conocerán el amor de Cristo.
Vive el amor de Cristo amando a tu prójimo
Pide a Dios que te dé ojos atentos a las necesidades que te rodean para que puedas actuar en el momento oportuno y ser una respuesta a la oración de alguien.
Una sonrisa, una visita o un mensaje sincero pueden transformar corazones y revelar el cuidado de Dios en las situaciones más sencillas.
Haz el bien sin esperar recompensa. Recuerda: cada acto de amor es una ofrenda de adoración al Señor que todo lo ve.
Para orar:
Señor, enséñame a ayudar a los demás como hizo Cristo, ofreciendo amor y apoyo a quienes lo necesitan. Que mis manos, palabras y acciones reflejen tu bondad, brindando consuelo, esperanza y fe. Fortalece mi corazón para que yo sirva a otros con humildad y alegría, sin buscar reconocimiento. Hazme un instrumento de tu amor eterno en cada vida que toque. Amén.
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