
Existe un gran peligro en la vida cuando el «yo» ocupa el lugar que le pertenece a Dios. Ocurre cuando tu voluntad habla más fuerte que la voz del Señor, cuando tus deseos se convierten en prioridad y dejas de preguntarte: «Dios, ¿qué quieres Tú para mí?».
Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte.
-Proverbios 14:12 (NVI)
En la Biblia hay muchos ejemplos de esto. Jonás recibió una dirección clara de Dios, pero eligió seguir su propio camino. El resultado fue dolor y miedo. Solo cuando reconoció su dependencia del Señor encontró la liberación. Sansón, por su parte, ignoró una y otra vez los límites de Dios por causa de sus impulsos, y acabó perdiendo tanto su fuerza como su propósito.
En el día a día pasa lo mismo. Hay personas que toman decisiones sin buscar la dirección de Dios. Entran en relaciones por necesidad, actúan movidas por el orgullo, obran por impulso y después enfrentan consecuencias difíciles. El corazón humano se engaña a sí mismo cuando vive alejado de la voluntad del Padre.
El problema no es tener sueños o deseos. El problema es poner tu voluntad por encima de la voluntad de Dios. Cuando el «yo» reina, la fe se debilita. La oración disminuye. La obediencia se vuelve opcional. Y, poco a poco, el corazón se aleja de la presencia del Señor.
Jesús nos dejó el mayor ejemplo en Getsemaní: «Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo; pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya.» La verdadera madurez espiritual nace cuando aprendes a confiar más en Dios que en ti mismo.
Antes de tomar cualquier decisión, ora, lee la Palabra y busca consejo sabio. Entrega tus planes al Señor. Cuando Dios guía tus pasos, incluso los caminos difíciles te acercan a Su voluntad y a Su propósito.
Reflexiona sobre esto:
Cuando tus emociones dominan decisiones importantes, ¿puedes reconocer si estás escuchando la voz de Dios o solo alimentando tus propios deseos?
¿Cuántas veces has insistido en caminos aparentemente buenos, ignorando señales que Dios puso claramente delante de ti?
¿Buscas la intimidad con Dios a diario, o solo recuerdas Su voluntad cuando las consecuencias dolorosas ya alcanzaron tus decisiones?
Para orar:
Señor Dios, reconozco que muchas veces mi «yo» habla más fuerte que Tu voluntad. Perdona mis decisiones impulsivas, mi orgullo y mi falta de confianza en Ti. Enséñame a escuchar Tu voz por encima de mis deseos y a caminar en obediencia a Tu Palabra. Que mi corazón sea humilde, sensible y dependiente de Tu dirección. Guía mis pasos, fortalece mi fe y ayúdame a vivir conforme a Tu propósito. En el nombre de Jesús, amén.
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