
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo.
(Apocalipsis 3:20)
¿Cuántas veces pasamos por días en los que todo son obstáculos? Puertas de oportunidad cerradas, sueños truncados, sentimientos ocultos. En esos momentos, la voz de Dios nos llama a cambiar las circunstancias externas y, sobre todo, a transformar nuestro ser interior.
Jesús no entra por la fuerza. Él golpea la puerta, espera, llama con amor. Y solo entra si abres. Abrir el corazón es más que sentir algo bello: es un acto de entrega, de confianza. Significa entregarle todo, comenzando con los sentimientos, pero también el dolor, los miedos e inseguridades.
A menudo mantenemos nuestros corazones cerrados debido a un trauma, una decepción o porque sentimos que no somos dignos de recibir el amor de Dios. Pero la verdad es que él no espera perfección, él quiere sinceridad. Él quiere vivir en ti, sanar lo que está roto y renovar lo que se perdió.
Cuando abrimos la puerta de nuestro corazón, hacemos espacio para la paz que sobrepasa todo entendimiento. Recibimos dirección, consuelo y fuerza para seguir adelante. Y lo más importante es que llegamos a vivir en comunión con aquel que nos conoce mejor que nosotros mismos.
Hoy, toma esa decisión. No lo pospongas más. Jesús está en la puerta. Él quiere cenar contigo. Quiere formar un hogar. Abre tu corazón.
Dame, hijo mío, tu corazón,
y observen tus ojos mis caminos.
(Proverbios 23:26)
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Permite que Cristo entre en tu corazón
Escucha la voz de Jesús: aparta momentos para silencio y oración, para escuchar la voz de Cristo. Él quiere guiar cada uno de tus pasos con sabiduría y compasión.
Entrega tus dolores y tus miedos: no le escondas tus heridas a Jesús. Confíale a él tus ansiedades, traumas e inseguridades. Cristo transforma lo que parece perdido en una fuente de curación y esperanza renovada.
Cultiva la comunión diaria con Dios: abre tu corazón cada día a través de la Palabra, la alabanza y la oración. La presencia de Cristo trae guía incluso en los días más difíciles de la vida.
Para orar:
Señor Jesús, te abro mi corazón. Entra, transforma mi vida, sana mis heridas y guía mis pasos. Que tu paz habite en mí y que yo pueda vivir por siempre según tu voluntad. Amén.
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