
Encomienda al SEÑOR tu camino; confía en él, y él hará.
(Salmo 37:5)
Soñar es un don de Dios. Desde pequeños, él siembra deseos y visiones en nuestros corazones que a menudo parecen demasiado grandes para que los podamos manejar. Sin embargo, cuando confiamos nuestros sueños al Señor, él se encarga de guiarlos al lugar correcto en el momento oportuno.
Dios no está en contra de los sueños. Al contrario, él es quien más anima nuestros propósitos, siempre que estén alineados con su voluntad. Cuando José soñaba con ser gobernante, parecía imposible para un joven pastor. Pero Dios guio cada paso: el pozo, la prisión y, finalmente, el palacio. Todo era parte del plan divino.
Confiar en Dios es más que esperar que él cumpla nuestros deseos; es permitirle transformar nuestros sueños según su propósito. A veces él nos cambia los planes, pospone las respuestas o nos lleva por caminos inesperados. Aun así, podemos estar seguros, porque él es fiel en cumplir todo lo que ha prometido.
Tus sueños no son demasiado pequeños para Dios, ni demasiado grandes para que él los cumpla. Lo que necesitas es rendirte, confiar y obedecer. Dios abre puertas que nadie puede cerrar, trae personas para ayudar y prepara oportunidades que superan nuestra imaginación.
No te rindas. Sigue soñando, orando y esperando. Dios puede y quiere guiar tus sueños. Cuando él guía, el resultado siempre es mayor y más perfecto de lo que imaginamos. El Creador del universo también es el autor de tu historia.
Confía, descansa y deja que Dios guíe tus sueños
Confía en el tiempo de Dios: incluso cuando todo parezca estancado o fuera de plan, recuerda que Dios obra tras bastidores. Confía en que cada paso, incluso los difíciles, forma parte del cumplimiento de sus propósitos eternos.
Descansa en la fidelidad del Señor: Dios no abandona a quienes esperan en él. Descansa en el carácter inmutable del Padre, sabiendo que él es fiel para cumplir sus promesas, incluso cuando las circunstancias dictan lo contrario.
Ríndete y obedece con fe: la verdadera entrega implica acción y obediencia. Cuando pones tus sueños en las manos de Dios, disponte a seguir sus instrucciones, incluso si no tienen sentido en el momento.
Para orar:
Señor, pongo mis sueños en tus manos. Guía cada paso, incluso cuando no entiendo el camino. Confío en tu tiempo y descanso en tu fidelidad. Que tu voluntad se cumpla en mi vida. Amén.
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