
Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado.
(Juan 15:12)
El amor es la fuerza más poderosa que existe. Puede transformar corazones endurecidos, restaurar relaciones y construir puentes donde antes había muros. Cuando Jesús nos llama a amarnos como él nos amó, nos invita a experimentar un amor que trasciende fronteras, prejuicios y diferencias. Este amor no está limitado por la raza, la clase social, la religión ni el pasado. Es un amor que sana y une.
Las barreras que nos separan no son físicas, sino emocionales y espirituales. Son heridas, juicios y miedos que nos impiden vernos como hermanos. Sin embargo, cuando permitimos que Cristo obre en nosotros, él nos enseña a perdonar, comprender y a acercarnos. El amor de Dios no busca recompensas. Él da su amor, incluso cuando no es correspondido.
Romper barreras a través del amor es elegir el camino de la cruz, el camino de la entrega, la humildad y la gracia. Es responder al odio con gentileza, al rechazo con compasión y a la indiferencia con cariño. Este tipo de amor no es natural; es el fruto del Espíritu Santo obrando en un corazón dispuesto.
El mundo necesita desesperadamente este amor. En medio de tanta división, Dios nos llama a ser instrumentos de reconciliación. Cada acto de bondad, cada palabra de aliento, cada perdón otorgado es un ladrillo que se quita de los muros que nos separan.
Vivamos el mandamiento de Jesús con sinceridad, permitiendo que su amor fluya a través de nosotros. Así, veremos cómo caen barreras, cómo se sanan corazones y cómo se transforman vidas por el poder del amor de Dios.
El amor que rompe barreras
Liberar el perdón es liberar el corazón. Cuando perdonamos, permitimos que Dios actúe, sanando heridas y restaurando relaciones rotas por el orgullo y el dolor.
Sirve con humildad. El verdadero amor se manifiesta en acciones sencillas. Servir a los demás con alegría y empatía revela el carácter de Cristo en nosotros y transforma entornos.
Ora por quienes te han herido. La oración transforma corazones, incluyendo el nuestro. Al interceder por quienes nos hieren, aprendemos a amar con el mismo amor que recibimos de Dios.
Para orar:
Señor, enséñame a amar como tú amas. Que pueda perdonar con sinceridad, servir con humildad y orar por todos, incluso por quienes me hieren. Que tu amor derribe barreras, una corazones y traiga paz donde hay división. Transfórmame en un instrumento de tu gracia y hazme un reflejo de tu amor en el mundo. Amén.
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