
Jesús es el mejor regalo que Dios nos dio. Nació de forma sencilla para demostrar que nos quiere a todos, especialmente a los más humildes. Aunque era el Hijo de Dios, Jesús vino al mundo de manera humilde, en un lugar sencillo.
Él no elige a las personas en función de su estatus social o riqueza. Él quiere estar en nuestros corazones, ser nuestro amigo y guía. Jesús es el regalo que nunca termina, siempre está con nosotros.
Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
(Juan 3:16)
Cuando aceptamos a Jesús en nuestras vidas, sentimos un amor que todo lo llena. Él es la luz que ilumina los momentos difíciles, dando esperanza y sentido a nuestra existencia.
Jesús es el camino hacia una vida plena y feliz, mostrándonos el amor y la misericordia de Dios. Debemos comprender que, incluso en las situaciones complicadas de la vida, Jesús es la verdadera riqueza que lo transforma todo. Sigamos el camino que él nos enseña, viviendo en amor y comunión con Dios Padre.
Abre tu corazón a Jesús
Permite que Jesús entre en tu vida diariamente, busca su presencia a través de la oración y la meditación, cultiva una relación íntima y personal con él.
Practica el amar a los demás independientemente del estatus social que tengan. Sé solidario, ayuda a los menos afortunados y promueve la inclusión.
Cultiva la gratitud, recordando siempre el regalo eterno que es Jesús.
Para orar:
Señor Jesús, abre mi corazón a tu presencia diaria. Que yo ame y sirva a todos sin distinción, siguiendo tu ejemplo de amor incondicional. Que la sencillez guíe mi vida, valorando las pequeñas cosas. Cultiva en mí la gratitud, que yo recuerde siempre que tú eres el regalo eterno. En tu nombre, amén.
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