
No se dejen engañar: las malas compañías corrompen las buenas costumbres.
(1 Corintios 15:33)
Esta advertencia del apóstol Pablo es clara y oportuna. A menudo subestimamos el poder que tienen sobre nosotros los que nos rodean. Creemos ser lo suficientemente fuertes como para no dejarnos influenciar, pero la Palabra nos advierte: no nos dejemos engañar.
Las amistades tienen el poder de moldear nuestro carácter, nuestros pensamientos y nuestras actitudes. Cuando nos relacionamos con personas que ignoran los principios de Dios, con el tiempo nos vemos tentados a restarle importancia al pecado, a callar ante el error e incluso a participar en lo que desagrada al Señor. Vivir constantemente con lo que contradice la verdad de Cristo puede enfriarnos espiritualmente.
Por otro lado, cuando elegimos relacionarnos con personas que temen a Dios, nuestra fe se fortalece. La buena compañía nos anima a crecer en la fe, a buscar más profundamente la presencia de Dios y a permanecer firmes en los momentos difíciles. Como dice Proverbios 13:20:
Quien se junta con sabios, sabio se vuelve; quien se junta con necios, acaba mal.
(Proverbios 13:20)
Esto no significa que debamos rechazar o despreciar a quienes aún no conocen a Cristo, sino tener sabiduría y establecer límites. Debemos ser luz en el mundo, pero necesitamos estar arraigados en la Palabra para no ser confundidos con la oscuridad.
Pide a Dios discernimiento para identificar quién ha influenciado tu vida. Ora para que te rodee de personas que te acerquen a él y aleje a quienes, incluso con buenas intenciones, te alejan de la verdad.
Que tu corazón siempre sea sensible a la voz del Espíritu Santo y se mantenga atento a las amistades que cultivas. Después de todo, nuestro carácter también se moldea por aquellos con quienes elegimos caminar.
Elige con quién caminar
Evalúa tus amistades: reflexiona sobre si tus compañeros te acercan a Dios o te distancian. Las amistades sanas fortalecen tu fe, tus valores y tu compromiso con Cristo.
Establece límites sabiamente: puedes amar sin mezclarte. Sé amable con todos, pero firme en la protección de tus principios espirituales y morales, de las influencias negativas.
Ten relaciones que te fortalezcan: busca estar con personas que compartan tu fe, que te animen a crecer espiritualmente y que estén dispuestas a orar, escucharte y aconsejarte con amor.
Para orar:
Señor, dame discernimiento para elegir sabiamente a mis compañeros. Aleja de mí todo lo que me aleja de ti y acércame a quienes te aman y te sirven. Fortalece mi fe, protege mi corazón y ayúdame a ser una luz dondequiera que esté, sin corromperme. Que pueda honrarte en cada relación. Amén.
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