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Tránslate / Traducción

¡Cuidado con esa boca!


Si alguien se cree religioso, pero no le pone freno a su lengua, se engaña a sí mismo, y su religión no sirve para nada.

(Santiago 1:26)

A Dios le interesan las cosas que dices y debes responsabilizarte por ellas. La persona que dice todo lo que piensa o que anda ofendiendo a todos es insensata y no piensa en el prójimo, sino en sí mismo.

Lo que este versículo está diciendo es que cualquiera que afirme seguir a Dios debe tener una actitud diferente a esa. De lo contrario, será un hipócrita. Quien sigue a Dios debe responsabilizarse por lo que dice, su boca debe ser una fuente de vida, sabiduría y sanación para otras personas.

¿Has tenido cuidado con tu lengua? ¿O dices todo lo que piensas y el problema es de quien se ofendió? Si realmente quieres ser un hijo de Dios, un seguidor de Jesús, debes tener cuidado con lo que dices. Sé una fuente de bendición, no de maldición.

Una buena fuente de agua

Presta atención en todo momento, especialmente en los momentos difíciles. Observa tu actitud, si estás quejándote, murmurando o maldiciendo y contrólate.

En lugar de maldecir, mira hacia arriba y pide ayuda divina.

Antes de hablar de la vida del prójimo, piensa en cómo se sentiría esa persona si te escuchara en ese momento.

Para orar
Dios mío y Padre mío, te pido que me perdones por todas las veces en las que fallé y maldije. Perdóname, Dios, por chismear y maldecir a las personas en situaciones difíciles. Te pido que tu Espíritu Santo esté en mi corazón, listo para advertirme y ayudarme en estos momentos de tentación. Te pido esto en el nombre de Jesucristo, ¡amén!

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